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Editorial

La cúpula de San Pedro Claver

“Cartagena no puede permitir que el desinterés institucional o el comunitario devore un ícono que la representa ante el mundo. Proteger su cúpula también es defender la memoria, la identidad y el patrimonio de la ciudad”.

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En el urbanismo y la memoria de las grandes civilizaciones, sus templos, catedrales y santuarios trascienden la sola función religiosa. Como ocurrió con las torres de Notre Dame, en París; la Catedral de Chartres o la cúpula de Santa María del Fiore, en Florencia, estas estructuras arquitectónicas dejan de pertenecer de manera exclusiva a una congregación o credo religiosos, para convertirse en alma visual, en patrimonio colectivo y en símbolos de la identidad de una ciudad.

Iglesias y templos esplendorosos son testigos urbanos que articulan el espacio público, concentran la memoria afectiva de las generaciones y personifican la proyección internacional de territorios calificados como Patrimonios Históricos y Culturales de la Humanidad.

En Cartagena de Indias, pocas siluetas encarnan esta condición emblemática con tanta majestad como la cúpula del Santuario de San Pedro Claver. Elevada sobre el perfil del Centro Histórico, su figura flanqueada por el imponente claustro, su balcón señorial y el entorno restaurado del Museo Naval constituye la postal por excelencia de la ciudad ante el mundo. Su imagen ilustra portadas de turismo global, simbolizando el diálogo permanente entre el Mar Caribe, la arquitectura colonial y el legado del ‘Esclavo de los esclavos’.

Sin embargo, detrás de la belleza que cautiva a visitantes y residentes se esconde una amenaza silenciosa, pero inminente.

A pesar de los constantes esfuerzos y mantenimientos de carácter cosmético y externos realizados con recursos privados, la cúpula padece fallas estructurales de fondo que comprometen severamente su estabilidad. Ignorar el deterioro interno de esta estructura es asumir el riesgo irresponsable de un colapso. Un eventual desplome de la cúpula de San Pedro Claver no sería únicamente una tragedia arquitectónica; representaría una herida a la identidad cartagenera, comparable al colapso de la Torre del Reloj o a la pérdida de un tramo de la muralla.

La salvaguardia del patrimonio monumental no puede recaer de forma aislada sobre la administración del santuario ni sobre las comunidades religiosas. Las obras emblemáticas que definen la condición de Patrimonio Mundial exigen una corresponsabilidad activa y decidida del Estado en sus niveles distrital y nacional, así como del sector privado y los organismos de cooperación internacional.

Preservar la cúpula de San Pedro Claver mediante una intervención estructural integral, guiada por la ingeniería de restauración y la evidencia científica, es una obligación de primer orden para la Alcaldía Mayor, el Ministerio de Cultura y las entidades de gestión patrimonial.

Cartagena no puede permitir que el desinterés institucional o el comunitario devore un ícono que la representa ante el mundo. Proteger su cúpula también es defender la memoria, la identidad y el patrimonio de la ciudad.

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