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Editorial

Las cifras infladas del turismo

“Cartagena no puede esperar a que las soluciones bajen desde los ministerios ni seguir atrapada en el diagnóstico del desgobierno anterior, que fue errático en esta materia”.

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El turismo colombiano atraviesa una severa prueba de realidad donde el optimismo oficial del pasado Gobierno Nacional choca de frente con los indicadores económicos. Las denuncias formuladas en Cartagena por el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Mauricio Gómez Amín, sobre una sobreestimación de 300 mil visitantes en 2024, un derroche ineficaz en promoción internacional y una contratación exprés de más de $125 mil millones en Fontur justo antes de la Ley de Garantías, confirman que el sector se manejó más con criterios de propaganda política que con planeación técnica y rigor institucional.

En Cartagena, termómetro por excelencia del turismo receptivo nacional, el impacto de esa desinformación contrajo dimensiones inquietantes. La ciudad no solo exhibe un decrecimiento del 4,38% en pasajeros internacionales a septiembre de 2026 según las cifras de Oinac, sino que, de acuerdo con la Aeronáutica Civil, se ha convertido en la única de las cinco grandes capitales del país con un retroceso significativo (-6,9% a agosto) en la llegada de viajeros del exterior.

Mientras Bogotá, Rionegro, Cali y Barranquilla crecen a buen ritmo, el Aeropuerto Rafael Núñez pierde terreno. Esta merma se refleja de manera fehaciente en la hotelería: gremios como Asotelca y Cotelco reportan niveles de ocupación cercanos al 63% y 64%, acumulando caídas de hasta 7 puntos porcentuales frente a 2025 y dejando vacías cerca del 30% de sus habitaciones.

El golpe de esta desaceleración recae directamente sobre el tejido productivo y laboral. Según las mediciones del DANE, el empleo en las actividades de alojamiento cayó 19,2% durante el primer semestre, acompañado de una contracción sostenida en los ingresos reales que castiga a empresarios, trabajadores y pequeños operadores de la cadena turística.

Este panorama torna imperativo reformular la política nacional de turismo, pero también la local para que la ampliación del aeropuerto, que dejará una mayor capacidad en pista, plataforma y terminales, reciba el número proyectado de visitantes nacionales y extranjeros, ante lo cual debería articularse, desde ya, un plan integral para garantizar nuevas rutas aéreas y más pasajeros.

Cartagena no puede esperar a que las soluciones bajen desde los ministerios ni seguir atrapada en el diagnóstico del desgobierno anterior, que fue errático en esta materia. Se necesita que el Distrito, bajo el liderazgo del alcalde, promueva una revisión de la política turística local de la mano de un empresariado comprometido y de ProColombia.

Recuperar la competitividad exige auditar a fondo los recursos despilfarrados, fortalecer el presupuesto de promoción con transparencia y diseñar una agresiva estrategia de conectividad aérea. Solo con rigor y gerencia se devolverá el dinamismo al principal motor del empleo de la ciudad.

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