Editorial


Ser artista en Cartagena

“Todo el contenido de la entrevista es, en el fondo, un fuerte reclamo a la ciudad y a quienes tenemos algún protagonismo o responsabilidad en su destino”.

EL UNIVERSAL

08 de febrero de 2024 12:00 AM

Ayer publicamos una punzante y sentida entrevista con el músico y escritor cartagenero Francisco Lequerica, cuyo título, tomado de una de sus crudas afirmaciones, lo resume todo: ‘Ser artista en Cartagena es insostenible’.

Provocamos esa entrevista a raíz de una publicación en redes, en las que anunció la tajante decisión de retirarse de la vida cultural de Cartagena de Indias y alejarse de las artes. Lo que se desprende de sus asertos no puede pasar desapercibido, pues constituye un crudo testimonio sobre las vicisitudes que padecen nuestros artistas; también de la pobreza intelectual, teñida de ignorancia, que se pasea por distintas capas sociales, incluso entre aquellas llamadas a jalonar el desarrollo económico, cultural y social de la urbe. Todo el contenido de la entrevista es, en el fondo, un fuerte reclamo a la ciudad y a quienes tenemos algún protagonismo o responsabilidad en su destino.

El que un gran compositor, intérprete y escritor de la talla de Lequerica nos interpele, para mostrarnos que hacemos parte de una sociedad que no valora con suficiencia la creación artística ni aprecia con la debida proporcionalidad la genialidad o la excelencia de tantos de sus hijos, tiene que pesarnos.

Cartagena, en sus palabras, que seguro interpretan el sentir de otros cultores de las bellas artes en nuestro terruño, es ingrata hacia quienes le aportan con desinterés, sus grandezas, con lo cual coadyuvamos en empujar hacia la fuga a nuestros más talentosos creadores e intérpretes, pues no encuentran aquí espacios de satisfacción y estabilidad, tan necesarios para poder desplegar la extraordinaria y admirada vocación de músicos, escritores o ejecutores de las artes.

Tiene razón en que el interés político y popular por las Artes se focaliza en lo festivo, con lo cual, al no apreciar otras formas o expresiones culturales, se facilita una deriva hacia la amplificación de “... lo chabacano y lo circunstancial al visibilizar en prioridad los dislates de la farándula, y no se propone adoptar un rol pedagógico asociándose con artistas locales...”.

Cómo discutirle a Lequerica que los recursos para la creatividad son escasos y se reparten mediante convocatorias...” que debilitan la capacidad de los artistas para colaborar en una intervención cultural masiva...”.

No puede ser un secreto que en nuestro medio son pocos quienes viven de su arte, incluyendo los artistas populares, al punto que el refugio de tantos es la docencia para poder sobrevivir, lo que les resta espacio para la creación libérrima. Cabe una reflexión sobre lo que estamos haciendo con nuestros artistas y el arte en general; revisar la política pública distrital para que, parafraseando a Lequerica, sepamos distinguir entre arte y entretenimiento.

En tanto que no miremos el arte como una industria, de la que vivan con holgura sus cultores, seguiremos expulsando a nuestros genios.

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