Pa’lante chamos y chamas


Comenzó a emprender con su arte tras pasar por un tormentoso empleo

Después de una mala experiencia laboral, Meralis Sandoval decidió comenzar su propio negocio de recordatorios y artesanías. Vive agradecida con las oportunidades que ha encontrado en Cartagena.

Cuando la situación económica de su país colapsó, Meralis Sandoval Villegas tuvo que abandonar todo para sobrevivir. Era madre soltera, tenía cuatro hijos y se había quedado sin empleo.

“No teníamos para comer, los niños no estaban estudiando, eso era muy frustrante, fueron varias cosas al tiempo. Estar uno en su propio país y ni siquiera satisfacer las necesidades básicas es una situación muy difícil”, relata.

Decidió marcharse de su natal Punto Fijo, en el estado Falcón. La primera opción que encontró, si bien fue inesperada, proporcionó alivio para ella y los suyos: mudarse al campo, a una zona campestre llamada Guaremal, en las afueras de la ciudad de Barquisimeto.

“Me tocó cultivar el maíz y caraotas (fríjoles), con eso comíamos. Hacía todo sola, buscaba la leña, sembraba, era trabajo pesado”, recuerda. Así que, dos años después, buscó otra opción para vivir. (También te puede interesar: Los usos del PPT y las barreras que aún enfrenta)

Cartagena, una nueva vida

Meralis tenía un hermano viviendo en Cartagena y pensó que esta podía ser una buena opción para migrar. Entonces, en octubre de 2018, empacó maletas y emprendió un viaje complicado, por la lejanía y porque tuvo que dividir a su familia.

“Viajé primero con mis dos hijos pequeños, a los grandes tuve que dejarlos con la abuela. Viajé por la trocha porque mis hijos menores no tenían papeles”, comenta y añade que esa separación temporal de sus hijos fue un suceso extremadamente doloroso que la marcó, aunque luego regresó por ellos para traerlos a Colombia.

“La situación al principio fue muy difícil. Nos tocó dormir en esteras en el piso. Empecé vendiendo arepas y jugos afuera de la Clínica Blas de Lezo. Madrugaba a las 3 de la mañana todos los días, me iba bien, pero luego me quitaron ese puesto de ventas”, relata. Ante ello, intentó vender fritos afuera de los colegios pero no le resultó. (Lea también: ¿Puedo abrir una cuenta de ahorros con el Permiso de Protección Temporal?)

Comenzó a emprender con su arte tras pasar por un tormentoso empleo

Meralis se dedica a confeccionar recordatorios y artenías que distribuye desde su vivienda en el barrio El Pozón.

Una mala experiencia

Meralis lo siguió intentando y, por azares de la vida, conoció a una modista que se dedicaba a la alta costura y que se convirtió en un ángel en su camino.

“Ella me enseñó a coser, a realizar confecciones, moldes, a cortar las telas, trabajé con ella bastante tiempo”, recuerda.

Luego encontró otro empleo, que parecía mejor, elaborando recordatorios para fiestas, pero que no era lo que esperaba: “La dueña del negocio solo tenía trabajadoras venezolanas y las tareas eran muy fuertes, abusaba demasiado de nosotras. Al final tuve que renunciar porque no nos pagaban”, explica.

Motivada por su anterior jefa, se decidió a emprender. “La modista me convenció de conseguir una máquina de coser que fui pagando poco a poco. Empecé haciendo arreglos aquí en la casa y fui independizándome. Luego ingresé a un proyecto de Oportunidades Sin Fronteras y eso fue excelente para mí, porque me capacitaron en negocios y con ellos también adquirí mi propia estampadora”, narra.

Su marca propia

Con la ayuda del proyecto de Oportunidades Sin Fronteras conformó su propia marca: Lindos Detalles, que le sirve para sostenerse. “Hacemos recordatorios para toda clase de eventos, cumpleaños, matrimonios, bautizos. Son personalizados. Aparte de eso también tenemos artesanías, como muñecas de trapo y chanclas tejidas”, sostiene. En el barrio El Pozón, donde vive desde que llegó a Cartagena, su arte ya empezó a ser conocido y también es promocionado a través del perfil de Instagram @meralissandovalillegas. Esta mujer venezolana está agradecida con Cartagena, porque ha encontrado la oportunidad de vivir mejor, además en esta ciudad conoció a un colombiano que ahora es su esposo y fue donde nació su último hijo.

“Es interesante conocer personas que me ayudaron y, aunque en aquel trabajo donde estuve pase por circunstancias difíciles también aprendí, así que todo es una enseñanza y seguimos adelante. Estoy agradecida con la vida por haber llegado a esta ciudad”, sostiene.

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