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Nancys Fonseca, la venezolana que hornea sus sueños en Cartagena

‘Horneados Pentecostés’ es el emprendimiento de esta mujer que sueña con crear empleo en la ciudad que la recibió con los brazos abiertos.

Nancys Fonseca, la venezolana que hornea sus sueños en Cartagena
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La historia de Nancys Fonseca comienza en el 2019, en el estado de Portuguesa, Venezuela. Había estado casada con un hombre del que se divorció tiempo después, pero gozaba de estabilidad económica, trabajaba como ingeniera informática en una empresa y se encontraba en un buen momento de su carrera.

Pero, sin imaginarlo, volvió a su vida un amor del pasado, su primer novio cuando aún era muy joven y comenzó un noviazgo a distancia, pues él estaba en Cartagena. Él le contó que estaba en un proceso de separación de su anterior pareja y ella lo entendió, también había pasado por esa situación.

Le propuso que se viniera a Colombia para vivir juntos, lo que la obligaría a dejar su vida en los llanos venezolanos. Y así lo hizo. Empacó sus maletas y emprendió el viaje que la marcaría de por vida. Lea aquí: Lery vendía pan y ahora conquista a Cartagena con su talento

Llegó a Cartagena

Nancys nunca había estado en Colombia, pero parte de su familia era de Barranquilla, por lo que estaba relacionada con las costumbres, el dialecto e, inclusive, la comida de la ciudad. Al llegar se mudó con su novio, con una gran emoción que se disipó cuando descubrió que él tenía otro hogar con la mujer de la que dijo haberse separado.

Con un profundo dolor sintió que había dejado su vida para nada, había sido engañada y no tenía nadie más en quien confiar.

A eso se sumó una noticia que la dejó paralizada: estaba embarazada. Sin su mamá cerca, en medio de una desilusión amorosa y sin conseguir un trabajo, pensó que lo mejor sería regresar a su país.

Otro hecho inesperado se sumó a la historia de Nancys, la pandemia obligó el cierre de fronteras, así que no le quedó otra opción que vivir en una casa en el barrio San Fernando y pagar el arriendo con el dinero que mensualmente le enviaba su expareja para que sacara adelante su embarazo.

El dinero escaseaba y a veces comía gracias a la generosidad de sus vecinos, quienes le pasaban por la ventana comida recién hecha para ella y el bebé. Pasados los nueve meses estaba lista para la cesárea, después de un embarazo de alto riesgo que le obligó a tomar reposo, estaba ansiosa de conocer a su primer hijo. Una amiga que hizo en la iglesia en la que se congregaba, fue quien la acompañó y quien la acogió en su casa por cuarenta días, en los que a Samuel, su bebé, no le faltó nada. Lea aquí: A pura tijera: Héctor, el barbero venezolano que se abre paso en Cartagena

A los pocos meses su mamá emprendió un complicado viaje hacia Colombia, teniendo que atravesar un río montada en la espalda de una persona que conoció en el camino, pero todo valió la pena cuando pudo mirar a su hija a los ojos y abrazarla.

Así decidió emprender

Nancys relata que en una ocasión llevó una torta horneada por ella a un compartir en la casa de su amiga y que fue esta quien se sorprendió del buen sabor y le dio la idea de sacar adelante un emprendimiento de tortas: “Ella me dijo que le había encantado, que por qué no las vendía” y así lo hizo.

Pidió permiso al pastor y puso una mesa afuera de la iglesia, al terminar el culto, los creyentes le compraban y se mostraban satisfechos con el producto. Para Nancys fue una gran oportunidad y comenzó a hacerlo con más disciplina, ya no sólo vendía tortas sino pan árabe, trabajó un tiempo en una casa de familia y logró reunir lo suficiente para comprar una batidora. Lea aquí: Migrantes, refugiados y retornados: conozca las diferencias

Aprendió a decorarlas con cremas y comenzó a ofrecer a sus clientes productos personalizados para cumpleaños u otras ocasiones especiales. Luego hizo varios cursos de repostería y manejo de alimentos y hasta le ofrecieron la oportunidad de ser parte de un programa para emprendedores desarrollado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) en conjunto con la Cámara de Comercio de Cartagena.

Un compañero para toda la vida

Ahora Nancys vive de su emprendimiento llamado ‘Horneados Pentecostés’, con el que tiene grandes aspiraciones y con el que sueña generar empleo en Cartagena, la ciudad en la que encontró el apoyo que la sostuvo en medio de la situación más difícil que enfrentó en su vida. Su hijo de dos años, ya sabe caminar y balbucea los colores, logro que cuenta con orgullo. Al final piensa con total determinación que Dios le permitió atravesar la soledad y el miedo para brindarle un compañero para toda la vida, quien desde ya y con sus pequeñas manos, le ayuda a amasar la harina.

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