Frente a la audiencia, con voz entrecortada y un rostro entre lagrimas, se despidió el pasado 31 de mayo de su último trabajo como presentadora de un noticiero. Cerca de diez meses después, Mabel Lara, con su sonrisa y sus rizos dorados, apartaron la melancolía por interrumpir su apasionada carrera periodística en la que ganó varios premios, entre ellos un Simón Bolívar y seis India Catalina, para caminar calles arenosas y montarse en chalupas para recorrer, como cabeza de lista al Senado del Nuevo Liberalismo, la Colombia apartada y relegada, adjetivos que ella misma utiliza.
(Lea: Presidenciables y su postura sobre el mototaxismo en Cartagena y Colombia)

Mabel Lara, aspirante al Senado por el Nuevo Liberalismo.
¿Qué motiva a una referente del periodismo para entrar a la política, un medio muchas veces ingrato y espinoso?
Bastante ingrato desde ya, pese a que aún no he llegado a ejercer algún poder. Los señalamientos y críticas por tan solo aspirar no han faltado. Mi principal motivación es luchar por el restablecimiento de la confianza por la política.
Muchos partidos y líderes políticos me habían propuesto meterme al medio, pero siempre había dicho que no, pero en un momento como este, de estallido social, entendí que debía arriesgar un poco esa credibilidad ganada a pulso para devolver la institucionalidad y la confianza al Congreso, un poder con una alta imagen de desfavorabilidad, y fomentar el mensaje que quiero dejarle a la juventud: que sí vale entregarle la vida al servicio público. Que vale la buena política y quien no se mete en la política, esta se mete con ellos.
¿Por qué con el Nuevo Liberalismo y no con otro de esos proponentes?
Porque es un partido nuevo que tiene como legado el ideario de Luis Carlos Galán. Además, me invitaron a ser cabeza de lista de un grupo muy inspirador con gente como Carlos Negret, exdefensor del Pueblo, quien llevó la institucionalidad a la selva colombiana; una académica como Sandra Borda; Yolanda Perea, el corazón de la lista como lideresa de víctimas, quien fue violentada y su mamá fue asesinada por las FARC; entonces, encabezar este proyecto político ha sido para mí muy poderoso.
Con tantos años en el periodismo, ahora como aspirante al Senado, ¿cuál ha sido esa pregunta que ha detestado? Como mujer, como mamá, como afro, como colombiana.
Que yo hago parte de una famiempresa (la familia Galán). Eso me molesta, me incomoda por dos razones: primero, porque no nos trajeron aquí con espejitos; y segundo, porque hemos planteado una serie de acuerdos con la matriz del Nuevo Liberalismo que sin dudas es la familia de Luis Carlos Galán, quienes respetan mi voz y espero que así se mantenga.
Por eso me lancé a este proyecto, porque vi en otras colectividades que solo se hacía política para la foto, buscando mi adhesión solo por ser mujer o por ser negra. Aquí me respetan y el afecto se comparte entre todos los que integramos el partido.
¿Cómo hace para tener esa templanza y tranquilidad con la que le responde a su detractores, muchos de ellos ofensivos y groseros?
Primero porque no es nuevo en mi vida. Las mujeres negras y las mujeres que venimos de provincia enfrentamos algo que se vuelve recurrente en el discurso y hay que decirlo: !A nosotras nos atacan desde que nacemos! Hay gente que detesta la diferencia, por lo que estoy preparada para esos escenarios, pero lo más importante es que el que se enoja, pierde, y más en la vida pública.
Ante la intención del otro de molestar o incomodar, uno siempre tiene que mantener el control. Hay mucha gente molesta y frustrada por la situación del país, lo que provoca cierta empatía, pero ante la ofensa, es mejor concentrarse en lo que estás. Un proyecto público superior al ataque. Esto puede ser histórico para la región de donde vengo (Puerto Tejada, Cauca) porque podré representar a las poblaciones que se sienten identificadas conmigo, entonces, un insulto no puede hacerte desfallecer en labrar el camino a aquellos que vienen detrás y que quieren una mejor manera de hacer política.
Usted expone que una de sus banderas políticas que llevará al Congreso es fortalecer las relaciones entre el Gobierno y la ciudadanía. Confianza y cohesión. Hace días sufrimos un paro de mototaxistas que no están de acuerdo con la Alcaldía de Cartagena, ¿cómo lograr ese propósito y qué se ganaría?
Comprometerse con lo prometido para restablecer la confianza entre la ciudadanía y las instituciones. Por ejemplo, esta candidata promete estar en el Congreso máximo dos periodos, ocho años. Parte de la crisis de representatividad y credibilidad política es que los políticos tradicionales han hecho de su ejercicio público un oficio particular.
Un congresista puede vivir con 25 salarios mínimos mensuales y no con los 40 que se le pagan actualmente. No pueden seguir subiendo como espuma los privilegios del político frente a una sociedad en una profunda crisis financiera. Esa sería una muestra para decirle al país que estamos dispuestos a trabajar, sin importar sacrificar beneficios como bajarse de esas camionetas blindadas y abandonar esos esquemas de seguridad, que hoy utilizan muchos pasando las calles como monarcas y que no lo necesitan. Así se restablecería la confianza.
¿Y sobre el mototaxismo?
La cuestión radica en si toca erradicar o regular la actividad. Pero el problema va más allá, llevamos 40 años desde Bogotá diciéndole a las regiones cómo deben gobernarse o tratar temas como el mototaxismo, pero no hemos solucionado el servicio público de transporte. La gente defiende la práctica porque para llegar al centro de Cartagena, desde barrios apartados, necesitan transporte, y el Transcaribe no lo está haciendo.
Entonces, la regulación involucra al Ministerio de Transporte y la Superintendencia de Transporte apoyando a la Alcaldía de Cartagena, pero se han lavado las manos desde Bogotá. Es un problema que no solo sufren aquí, sino también en Montería, Sincelejo, Tuluá y en el resto del país, por ende, se requiere una decisión contundente frente a esto por parte de la Nación ante esta brecha tan grande de informalidad, desempleo y falta de acceso a la educación.

Hay mucha gente que en su motico encuentra el sustento porque no encuentra más nada que hacer. Esa lucha la perdimos, por lo que hay que reaccionar en su regulación o formalización, pero decidir, y así evitar que siga pasando esto: la principal ciudad turística de Colombia, paralizada y bajo el caos. Repito, es una decisión nacional y que aún no le han metido el diente por tantos intereses ocultos y un deficiente manejo de la crisis del transporte.
¿Cuáles son las principales propuestas que ha llevado en sus recorridos por todo el país?
Hambre cero y desempleo mínimo. Todo aspirante al Congreso debe entender este difícil momento que está pasando Colombia. Un país con inseguridad alimentaria donde un 54% de los habitantes no comen tres veces al día, según el Dane, necesita una renta básica universal para evitar que los colombianos se acuesten con hambre.
Por otro lado, el desempleo mínimo pasa por una bancada que le va a apostar a la reactivación económica, amparando especialmente a las mujeres y los jóvenes que no encuentran trabajo estable. Darle beneficios a los empresarios si contratan a estas poblaciones o que se paguen las prácticas profesionales en entidades estatales. El Congreso debe comprometerse con el fomento del empleo estable y justamente remunerado.
¿Está segura que la financiación estatal de campañas políticas golpearía a la corrupción?
Sí, completamente segura, ¿sabe cuánto vale una campaña al Senado en una ciudad como Ibagué, en la que estuvimos recientemente? 20 mil millones de pesos. Una barbaridad. Dos veces el presupuesto de muchos municipios del país. De esta manera, solo los millonarios y los que venden el alma al diablo serán los que puedan participar en política, quedando relegados los asalariados o los que financian sus campañas a pulso.
Yo creo que el país debe luchar por esa financiación estatal total y con topes, porque son frondosos los ríos de dinero que recorren las campañas, y luego muchos de los dueños de esos capitales buscarán recuperar su financiación con la contratación pública. Yo no sé si eso acabará con el 100% de la corrupción, pero sí se verá en el Congreso mayor representación regional, diversa y meritocrática, y no los poderes y maquinarias clientelistas que vemos todo el tiempo.
A su parecer los medios de comunicación están omnubilados con Ucrania, dejando de lado al Chocó, Sucre y Arauca, con el ELN en sus calles.
Cualquier muerte es indigna y todos los muertos nos deben importar, sean ucranianos o colombianos. Pero los nuestros están pegados al ombligo y muchos ven en sus televisores el conflicto en Ucrania, confinados en sus casas. En Arauca o en el Chocó, el ELN controla calles y ríos, restringiendo la movilidad ciudadana. Hay gente muriendo en las selvas colombianas porque no pueden salir, así que creo que hay que establecer en la agenda informativa la relevancia de lo que está pasando en nuestras regiones.

Sucre, Sucre, bajo el asedio del ELN.
¿Qué es el bogocentrismo y por qué quiere eliminarlo?
A nosotros nos han dicho que quien triunfa en Colombia tiene que pasar por Bogotá. Es el proyecto de país que nos han vendido, pero en la Constitución del 91 se dicta que las regiones tienen que tomar las riendas de su desarrollo y eso no se ha cumplido. De cien pesos que maneja la Nación, 86 se quedan en Bogotá y el resto se reparte en las regiones. Eso es inaudito con relación a la independencia, autonomía y descentralización de las regiones.
Eso significa combatir el pensamiento que Bogotá es el centro rígido y el resto es provincia; la capital como un reloj de arena o un gotero de los recursos necesarios para el empoderamiento regional. Es un fracaso de planeación. Se necesita descentralización, reestructurar el modelo de poder y una reforma fiscal que permita que los recursos lleguen a todo lado.
Por último, ¿por qué deberían los colombianos votar por la lista cerrada del Nuevo Liberalismo?
Primero, porque el proyecto de transformación social de Luis Carlos Galán quedó inconcluso cuando lo asesinaron. Segundo, queremos alcanzar el proyecto galanista del balance social de la mano de un equipo de la periferia, de la provincia, diverso, paritario e independiente, y así decirle al país que creemos en la nueva política, una de libertades individuales, empresariales políticas, ideológicas, de todo tipo. El Nuevo Liberalismo es el verdadero liberalismo, porque el otro nos dejó solos.
