El barrio Cantagallo, en el municipio El Carmen de Bolívar, ha sido uno de los más sufridos con la actual ola invernal. Se trata de uno de los sectores más deprimidos de esa localidad, fundado sobre terrenos que antes pertenecían a grandes haciendas ganaderas.
En cada hato había unos humedales que hacían las veces de abrevaderos para el ganado, pero con la desaparición de las haciendas no se eliminaron esos pozos, los cuales se desbordan en cada aguacero e inundan todo el barrio.
Como consecuencia, las calles, aún sin pavimentar, están desniveladas y llenas de un lodo que solo desaparece cuando las nubes permiten que el sol brille por corto tiempo.
Luzmery Rivera Seña, una dirigente cívica del sector, contó que de las noventa viviendas que, aproximadamente, tiene el barrio, veinte son las que más sufren por ser las que más cerca están de los humedales.
El barrio fue fundado hace 64 años, después de que los propietarios de las haciendas ganaderas fraccionaran sus terrenos y los vendieron a quienes hoy son sus habitantes, pero, al parecer, no se previó que primero debían rellenarse los humedales o hacerles alguna obra de ingeniería.
“Desde que comienza el invierno --relata Rivera--, tenemos que dormir con un ojo cerrado y otro abierto, porque no sabemos en qué momento se nos puede meter el agua en nuestras casas. Las calles se vuelven imposibles de traficar, hasta para los animales. Estas peticiones las hemos llevado a muchos de los alcaldes que han pasado por El Carmen de Bolívar, pero ninguno se ha dignado a solucionar. Con el actual alcalde, desde que empezó su administración, le planteamos el problema y se habló de algunos planes de mitigación, pavimentación, cunetas, andenes y bordillos, pero se metió la pandemia y todo quedó en veremos”.
Añadió que “hospital más cercano que tenemos es el Montecarmelo, porque está a seis cuadras, pero cuando es invierno y se nos presenta un enfermo en la madrugada, llevarlo a la sala de urgencias es toda una odisea, porque por aquí no quiere entrar ningún carro”. Los humedales también producen mosquitos, que afectan principalmente a la población infantil, que también permanece con enfermedades respiratorias, debido a la frialdad que mantiene el terreno. Unos años atrás, a la presencia de los humedales se unía el arroyo Alférez, que, cuando llovía fuerte en la Alta Montaña, se desbordaba e inundaba a Cantagallo y a barrios vecinos, “pero en la pasada Gobernación lo empedraron y el trabajo quedó tan bueno, que es una molestia menos”.
Carlos Torres Cohen, alcalde de El Carmen, dijo que el barrio Cantagallo está priorizado en la agenda de su administración, pues, además de los humedales, esa comunidad sufre inconvenientes con el suelo que la soporta.
Explicó que se trata de una arcilla expansiva, que es complicada de tratar, a la vez que en la parte de arriba hay una represa, de propiedad privada, que también contribuye al desbordamiento de los humedales.
“Estamos negociando --aseguró el mandatario--, para ver cómo la eliminamos. Logrado eso, haremos unas obras de pavimentación y unas mejoras en viviendas”. Anotó que su despacho tiene visualizados muchos temas sociales, los cuales están en lista de espera por causa de la pandemia, “pero el año próximo priorizaremos la pavimentación y arreglo de algunas calles en Cantagallo, en la medida de los recursos y de los proyectos que nos aprueben”.
En cuanto al tratamiento que recibirán los humedales, para que dejen de ser una molestia, explicó que la idea es instalarles unas tuberías que conduzcan las aguas al arroyo Alférez. Una vez logrado ese cometido, según el alcalde, se retirarían, por lo menos, cincuenta centímetros de lodo de las calles, para después aplicarse zahorra.
