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Bolívar

Muchos salaeros viven en condiciones de pobreza

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A las dos de la tarde del primer viernes de febrero, en El Salado el calor era insoportable; las mujeres estaban sentadas en las terrazas mientras los niños jugaban descalzos sobre la tierra caliente.

En un costado de la plaza, el señor Rafael Urueta, recostado en su asiento, mostraba las ruinas de una casa que fue destruida durante la primera masacre; “y allá, donde está la Virgen del Rosario, fue donde los mataron”. Habla de los hechos ocurridos el 23 de marzo de 1997, cuando 50 paramilitares entraron al pueblo y asesinaron a una líder comunitaria, al presidente de la junta de acción comunal y a otras tres personas; esta fue la primera muestra de que necesitaban más seguridad en su territorio, pero que el Estado nunca reforzó, sino que en el 2000 retiró toda la fuerza pública del corregimiento.

Rafael Urueta habla rápido y fuerte, le duele recordar los atropellos que sufrieron durante años por parte de los grupos al margen de la ley, así como la indiferencia con la que los trató el Estado. Él fue una de las primeras personas que regresaron a reconstruir su pueblo en noviembre del 2001, sin las garantías mínimas, porque se cansaron de esperar que la alcaldía municipal de El Carmen de Bolívar, les brindara las ayudas.

Fue en febrero del 2002, con la llegada de más salaeros, que organizaron la Asociación de Desplazados del Salado Bolívar, Asodesbol y desde entonces han vivido una lucha y una resistencia por que ningún otro grupo vuelva a violentar sus derechos, pero sobre todo han trabajado para sanar sus heridas y reconstruir sus vidas.

¿LO ESTAMOS HACIENDO BIEN?Neida Narváez es una lideresa que en febrero de 2000 tenía siete meses de embarazo, ella y Rafael coinciden en que sus vidas no volverán a ser iguales a pesar de los procesos de reparación que se llevan a cabo con la población, pues algunos proyectos no parecen ser sostenibles para el sector rural.

Durante sus años de bonanza en la década de los noventa, El Salado era el principal exportador de tabaco y otros productos agrícolas en la región. Hoy, asegura Rafael Urueta, son pocos los salaeros que se dedican al campo.

Arturo Zea, director de la Unidad de Víctimas de Bolívar, reconoce que la reactivación de la agricultura es uno de los retos por los que se debe responder para optimizar el sostenimiento de las familias del pueblo.

La Quimera, dice Zea, es el corazón de la reparación económica y productiva. Son 63 familias que se benefician de este proyecto en el que se les han entregado tierras para trabajar, aunque hace falta la construcción de un reservorio de agua que les ayudará a sortear los meses secos del año.

TAREAS PENDIENTESEn el 2012, con la Ley de Reparación a las Víctimas, se reglamentó la indemnización de todas las personas desplazadas. Zea comenta que El Salado fue una de las poblaciones priorizadas, por lo que al día de hoy, solo falta indemnizar al 10% de las familias que están en el pueblo; no pasa lo mismo con los desplazados que aún viven en otras ciudades, pues estos hoy deben depender de las órdenes administrativas de las alcaldías municipales.

Los líderes salaeros coincidieron en que este sistema de reparación crea fisuras sociales entre ellos, pues muchos no entienden cómo es que salen las indemnizaciones para unos y los otros llevan años en lista de espera. Al respecto, Arturo Zea explicó que el Estado no está obligado a realizar la restitución inmediata a toda la población, sino que tienen un lapso de 10 años para realizarla, de manera que es posible que llegue el 2022 y aun haya algunas familias esperando la indemnización y viviendo aún de las ayudas humanitarias, pues eso es lo que dice la norma.

LA PSICOSISNeida Narváez recibió acompañamiento psicosocial durante cuatro años, aún así sus ojos se cristalizan cuando narra sus primeros meses por fuera del pueblo. “Era un infierno, teníamos miedo, yo sentía que todo el que me miraba, me quería matar”.

A pesar de que los horrores de la guerra se evidencian de forma distinta en cada persona, el acompañamiento que recibió Neida, solo se realiza con las familias que lo solicitan, dejando de lado a otras, que si bien no lo manifiestan, lo necesitan de igual manera.

¿Y las violaciones?Los grupos armados utilizan el abuso sexual como ‘estrategia de guerra’ para humillar al enemigo; en El Salado estos casos se dieron contra jóvenes que supuestamente sostenían relaciones con guerrilleros. Hace tres años una joven salaera confesó que fue violada durante la incursión paramilitar y se prendieron las alarmas sobre aquellas que todavía no se atreven a hablar. Estas mujeres han guardado este secreto por 15 años, llevando consigo un drama adicional al que vivieron todos los salaeros.

Arturo Zea aseguró que aunque se manejan algunos casos, muchas mujeres no quieren que sus familias se enteren o recuerden  aquellos actos; sea por vergüenza o por temor a ser discriminadas, varias víctimas de violencia sexual durante la Ruta de la Muerte, no han accedido a la reparación especial a la que tienen derecho, ni a los tratamientos psicológicos que podrían recibir.

María Torres, lideresa del capítulo Cartagena de Asodesbol asegura que a esta situación no se le ha dado la importancia que debería, y que ignorar estos casos es una forma de revictimizar a estas mujeres, por lo que urge un plan para atender de forma integral los casos ocultos.

Q’hubo consultó a  Carolina Morales, psicóloga de Sisma Mujer, quien comentó que el problema más grave es la estigmatización social a la que se ven sometidas las víctimas. Para que se dé un proceso de reparación integral en ellas, será necesaria mayor respuesta del Estado y la conformación de un contexto social más amigable, en el que no se culpe a la víctima por haber sido abusada. Otra tarea que no parece estar dentro de las prioridades estatales.

¿CÓMO VAMOS?

  • En educación

La creación de una biblioteca pública y el kiosko Vive Digital optimizó el acceso de los niños a una mejor calidad educativa. Sin embargo, aún está pendiente la optimización de los colegios de primaria y bachillerato.

  • En transporte

Durante los últimos años se han realizado cuatro proyectos de carretera, creando de forma parcial placa huellas en las zonas más afectadas por el invierno. En octubre Juan Manuel Santos anunció la culminación de las obras.

  • En vivienda

En El Salado, se están construyendo 100 casas que hacen parte del proyecto del Gobierno Nacional de viviendas gratis. En Cartagena solo unos pocos salaeros han accedido a proyectos de vivienda en el Bicentenario y Villas de Aranjuez.

  • En salud

El puesto de salud de El Salado ha sido construido dos veces después del retorno. Durante los últimos años ha funcionado con algunas deficiencias. La ambulancia del pueblo pocas veces cuenta con gasolina.

  • En Cartagena

La lucha de los desplazados que siguen viviendo en las ciudades, es otra. Hasta el día de hoy, los salaeros residentes en Cartagena que han accedido a indemnizaciones y proyectos productivos son muy pocos.

Aunque el director de la Unidad de Víctimas asegura que los retrasos son responsabilidad del Distrito, la coordinadora de Asodesbol Cartagena, María Torres, comenta que la Unidad de Víctimas también debe ejercer presión para que se realicen las indemnizaciones y resalta que no están siendo priorizados, aun cuando ese fue el acuerdo al que se llegó con la unidad.

SE FUE EL MAL TIEMPOA las tres de la tarde de ese viernes caluroso, el cielo de El Salado se tornó gris; antes de que las mujeres recogieran la ropa de los tendederos o pudieran meter los burros a los ranchos, un chaparrón se desgajó sobre la tierra arenosa de este corregimiento y los niños salieron a las calles para montar bicicleta y jugar fútbol bajo la lluvia.

No eran los mismos habitantes que miraban con recelo cada carro que entraba al pueblo, sus rostros ahora soltaban sonrisas por la bendición que caía sobre ellos.

Hacía días que no había un gran aguacero en territorio salaero y los arroyos temporales corrieron por las calles, llevándose con ellos la tristeza  de otros tiempos.

La cancha de fútbol y la entrada de la iglesia, símbolo en años pasados de la violencia y la crueldad paramilitar, ahora se convirtieron en una pasarela donde adultos y niños corrían y jugaban, sembrando tras ellos semillas de alegría que pronto darán sus frutos en esta tierra bendita.

A pesar de las dificultades por reconstruir su tejido social, la infraestructura y la productividad del pueblo, las nuevas generaciones se convierten en la principal esperanza de un futuro mejor. Con ellos se puede escribir una nueva historia. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
A pesar de las dificultades por reconstruir su tejido social, la infraestructura y la productividad del pueblo, las nuevas generaciones se convierten en la principal esperanza de un futuro mejor. Con ellos se puede escribir una nueva historia. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
El Salado, Bolívar, 15 años después de la masacre. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
El Salado, Bolívar, 15 años después de la masacre. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
Rafael Urueta, uno de los líderes del primer retorno en el año 2001. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
Rafael Urueta, uno de los líderes del primer retorno en el año 2001. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
El Salado, Bolívar, 15 años después de la masacre. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
El Salado, Bolívar, 15 años después de la masacre. LUIS EDUARDO HERRÁN - EL UNIVERSAL
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