Hace muchos años el psicoanalista austro-estadounidense René Spitz realizó un estudio con dos grupos de lactantes separados de sus madres. Los lactantes de un grupo fueron criados en un orfanato, cuidados por niñeras, cada una de las cuales tenía a su cargo siete niños. Los lactantes del otro grupo, vivían en un anexo a la prisión donde estaban sus madres y podían ser cuidados por ellas durante el día. Spitz notó que, hacia el final del primer año de vida, el rendimiento motor e intelectual de los lactantes criados en el orfanato por niñeras era mucho menor al de los niños que habían permanecido en contacto con sus madres, incluso presentaban conductas de retraimiento y poca curiosidad y alegría en el juego.
Desde siempre, se ha estudiado la importancia del vínculo entre madres e hijos, pues es vital para el desarrollo posterior del menor en los ámbitos afectivo sexual, social, cognitivo y para la estructuración de su aparato psíquico.
La psicóloga Laura Rey Brenes explica que a esta relación se le llama ‘vínculo temprano’ y no es más que esa unión de necesidad (física, amorosa, mental) que se da entre la madre y su bebé.
“Es de señalar que en el desarrollo del recién nacido inciden tanto el potencial genético heredado, como el vínculo temprano que se genere con su madre en primera instancia, y luego con las otras personas que formen parte de su entorno”, explica la experta.
El bebé busca desde su nacimiento, que la madre sea quien lo provea de alimento y quien lo reconforte.
“Otro aspecto a destacar en la instancia de amamantamiento es que el bebé se encuentra despierto y activo, mirando a su madre y su emergente personalidad está completamente comprometida. Gran parte de la vida de vigilia del bebé en un comienzo tiene que ver con la alimentación. En cierto modo, el bebé está acumulando material para sus sueños”, dice el estudio de la doctora Rey.
El padre, por supuesto, también debe ayudar a afianzar estos lazos mentales.
Entre las obligaciones de la madre debe ser prioridad la buena nutrición, hablar y estimular a su hijo regularmente.
“Es en este momento cuando se crean oportunidades para hacer crecer las conexiones mentales. De hecho, una investigación de la Universidad Northwestern muestra que la exposición a conversaciones en el primer año de vida es igual de importante que el desarrollo del lenguaje, ya que además promueve el aprendizaje, el desarrollo de habilidades sociales y de la cognición”, explica por su parte el pediatra Óscar Quintero.
“Mantenerte cerca de tu bebé puede ayudarte a entender las señales que te envía, lo que puede ser valioso para su salud y bienestar”, finaliza.
