La meningitis es una enfermedad que puede ser causada por virus o infecciones bacterianas como Neumococo, Meningococo o Haemophilus influenzae, que provoca la inflamación de las meninges.
“Aproximadamente 1 de cada 10 personas tiene estas bacterias en la parte posterior de la nariz y la garganta sin estar enfermas, lo que las convierte en portadoras, lo cual hace que adquirir la enfermedad sea muy sencillo”, dice Carlos Garcés, pediatra especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Antioquia.
¿Cuáles son los principales síntomas?
Fiebre, dolor de cabeza y rigidez en el cuello, así como náuseas, vómitos, fotofobia (sensibilidad a la luz) y confusión, son algunos de los síntomas clásicos de la enfermedad. Sin embargo, esto no implica que siempre se presenten, por lo que diagnosticar a un paciente con meningitis puede dificultarse, teniendo en cuenta que los síntomas iniciales como fiebre, pérdida de apetito e irritabilidad son muy similares a los que manifiesta un paciente con una infección viral aguda. También puede manifestarse como síntomas gastrointestinales inespecíficos, como la diarrea.
Diagnosticar la meningitis requiere de una adecuada evaluación clínica del paciente, con la confirmación mediante análisis de sangre o del líquido cefalorraquídeo, que no solo permita la identificación de la bacteria, sino que además dé la oportunidad de empezar el tratamiento oportuno de la enfermedad, pues debido a que su progresión es muy rápida puede incluso causar la muerte de los infectados en solo 24 horas.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud no existe una vacuna universal que ayude a proteger contra la meningitis meningocócica; sin embargo, hasta la fecha, cinco de los serogrupos (ABCWY) son prevenibles con vacunas. Actualmente, las vacunas contra las enfermedades meningocócicas pueden ser cuadrivalentes para ofrecer protección contra 4 serogrupos (ACWY) con una sola vacuna o vacunas monovalentes para proteger contra los serogrupos A, B o C