Por muchos años hemos escuchado la explicación sobre el proceso de fertilización humana como si se fuera un cuento de hadas.
La historia que nos cuentan, sobre todo en primaria, explica que millones de “renacuajos de cola delgada” nadan frenéticamente con un único objetivo: alcanzar el óvulo que pacientemente espera su llegada. Esta carrera la gana únicamente el espermatozoide más ágil y veloz, que es el que logra penetrar el óvulo. Así como comienza a gestarse un embrión.
Sin embargo, este relato está un poco alejado de la realidad, pues solo presenta al espermatozoide como un agente activo, dejando de lado el papel que representa el óvulo en este proceso. La verdad es que ambos son protagonistas y desempeñan un papel crucial en la reproducción. Lea aquí: Esto es lo que debe saber si planea embarazarse después de los 30
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Esta es la verdad
Todo comienza desde la eyaculación, pues cuando esta se produce, se estima que decenas de millones de espermatozoides se alojan en la vagina. Según el Centro de Fertilidad y Genética de Madrid, España, “se liberan 250 millones de espermatozoides por eyaculación”.
Cuando los espermatozoides se alojan en la vagina deben superar la barrera del cérvix. Kristin Hook, bióloga evolutiva del equipo de ciencia, evaluación de tecnología y análisis del Government Accountability Office de Estados Unidos, le explicó a BBC Mundo: “Dentro del tracto reproductivo hay una serie de lo que yo llamaría, desde el punto de vista femenino, ‘puestos de control’ por los que los espermatozoides deben pasar para llegar hasta el sitio de la fertilización, que está bastante lejos del punto de entrada”.
Los espermatozoides que logran atravesar esta barrera siempre y cuando estén en buena forma, pues la mayoría de ellos tiene daños en su ADN u otros defectos.
Por otra parte, Daniel Brison, director científico del Departamento de Medicina Reproductiva de la Universidad de Manchester, en Reino Unido, mencionó: “De los varios millones de espermatozoides que se producen en una eyaculación, solo unos cientos van a llegar hasta el óvulo”. Le puede interesar5 síntomas que pueden indicar que estás embarazada:
Contracciones y secreciones
Sin embargo, los espermatozoides no pueden llegar por sí mismos hasta el final de las trompas de falopio (también llamadas oviductos), donde ocurre la concepción, porque no tienen fuerza suficiente.
“Los espermatozoides no nadan, sino que son, en su mayoría, propulsados por las contracciones del útero”, afirma Brison.
En pocas palabras: “Nadar es la acción mecánica del oviducto, así como su química. Ambas son controladas por el tracto reproductivo femenino, lo que va a regular cómo va a ocurrir la concepción. Es decir: a qué espermatozoide se le va a permitir encontrarse con el óvulo”, explicóo a BBC Mundo Virgina Hayssen, profesora de Biología del Smith College en EE.UU. Lea: 5 síntomas que pueden indicar que estás embarazada
El óvulo no tiene la capacidad de moverse por sí solo, por lo que los cilios (pelitos), que están dentro de las trompas de falopio, lo ayudan a desplazarse en un corto viaje que comienza en el ovario y termina en el útero, mientras se secretan moléculas químicas que atraen a los espermatozoides.
El óvulo puede utilizar estas moléculas “para atraer o repeler, así como para modificar a dónde va cada espermatozoide”, agrega Hayssen. Lea también: Madre subrogada: relato de cuando parí a los gemelos de otra mujer
Decir que el encuentro entre el espermatozoide y el óvulo es un acto de penetración tampoco se apega lo que realmente ocurre, pues el óvulo es el que atrae al espermatozoide y controla (en muchos casos) que un solo espermatozoide sea el que propicie la fecundación.