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Salud

Depresión: las escritoras que han mostrado su dolor para combatirla

Este 10 de octubre se celebra el Día de la Salud Mental, un tema del que siempre hará falta hablar más. Acá dos miradas desde la literatura.

Depresión: las escritoras que han mostrado su dolor para combatirla
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Cuando mi tía murió la vida se me vino encima. Me destrocé. Por las noches vestía mi cuerpo con sus prendas buscando ocupar el mismo espacio y sentirme abrazada en medio del dolor que me atravesaba. En mi cabeza me hacía una y otra vez las mismas preguntas: ¿por qué?, ¿y si yo..?, ¿y si no hubiese sido así?, ¿y si tan solo? Las respuestas nunca llegaron.

Durante ese tiempo dormí mucho, largo y tendido, esperando despertarme un día y que el dolor ya hubiese deshabitado mi cuerpo, pero no; al contrario, yo no sabía que, producto del duelo mal llevado, estaba viviendo un episodio depresivo que si bien podía confundirse con la tristeza natural por la partida de un ser muy amado, en mi caso era el primer paso hacia un camino difícil de caminar.

Escribir sobre depresión siempre será invadir un camino minado, cuesta dar pasos que puedan afectar la herida, que de por sí ya duele, pero hacerlo implica también una dosis de valentía, mirar a los ojos a una enfermedad de la que está prohibido hablar en sociedad y hacerlo con la leve esperanza de que otros se levanten y digan al unísono: yo también sufro de depresión. Lea aquí: Quítale la máscara: ¿cómo sé si padezco depresión? Un experto responde

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), a escala mundial, aproximadamente 280 millones de personas sufren depresión, y como si eso no fuese lo suficientemente grave, cada año se suicidan más de 700.000 personas, siendo este desenlace la cuarta causa de muerte entre los jóvenes.

Sin embargo, estas cifras aterradoras son lanzadas al vacío en una sociedad que ignora los números. Detrás de cada dígito hay una persona a la que le cuesta levantarse de la cama cada día, cuya rutina -que antes seguía religiosamente- hoy se limita a permanecer con la pijama puesta mientras la vida pasa de largo afuera. Y así pasan las horas inagotables, viviendo en un cuerpo que se resiste a la idea de sentirse bien porque una enfermedad le arrebató la capacidad de hacerlo.

Margarita Posada en su libro ‘Las muertes chiquitas’ lo ilustra magistralmente. En las primeras páginas se lee: “La depresión me resultó algo ineludible, una serpiente venenosa que se posa sobre mi pecho en la jungla a medianoche, ante la cual no tengo ningún poder, excepto el de estar debajo de ella e intentar respirar muy suave hasta que decida irse. (...) Quizás un día no vuelva”. Margarita es una escritora colombiana que vivió la enfermedad al borde de los excesos; noches desbocadas entre la rumba, el sexo y el alcohol que la convirtieron en una mujer llena de euforia. Entre líneas se narra a sí misma desde una primera persona que se mira al espejo y se reconoce a través -paradójicamente- del engaño, porque a la final la depresión es un tumulto de mentiras que nos tragamos con una digestión suave; la dejamos escabullirse en nuestro cuerpo hasta que se instala como una intrusa. Lea aquí: ¿Depresión posparto puede afectar a ambos padres?: experto responde dudas

Margarita Posada hace alusión a la depresión como esa “muerte chiquita” que se vive a diario. //Foto: tomada de internet.
Margarita Posada hace alusión a la depresión como esa “muerte chiquita” que se vive a diario. //Foto: tomada de internet.

A Margarita le pasó lo mismo que a muchos cuando intentan buscar respaldo en otros, recibió comentarios que si bien minimizan la enfermedad hasta el punto de compararla con “la nueva gripa”, confirman una vez más la idea de que las personas con depresión son las más enclosetadas de este siglo: nos hicimos a la idea de mostrarnos ante el mundo real sin dejar ver ni un atisbo que pueda dejarnos al descubierto, porque ante todo debemos ser agradecidos con la vida, ¿acaso un deprimido no lo es?

Por eso cuando el periodista Juan Carlos Rincón aborda la enfermedad en su libro ‘La depresión existe’, lo hace desde la herida, reconociéndose como una persona que ha tenido que enfrentarse a las múltiples conversaciones incómodas desde que habla abiertamente de su trastorno, puesto que la sociedad no reconoce el malestar emocional como sí lo hace con el físico. Y es que a un diabético no se le puede decir que le ponga más ganas a la vida y saldrá adelante de la enfermedad; deberá asistir a controles, seguir una rutina alimenticia con juicio y ejercitar su cuerpo. Entonces bien, como escribió Posada, a un deprimido le sirve igual un “ánimo” como que le griten a un diabético ¡azúcar! a lo Celia Cruz.

La depresión es un tumulto de mentiras que nos tragamos con una digestión suave, la dejamos escabullirse en nuestro cuerpo hasta que se instala como una intrusa.

Escribir para apaciguar el dolor

Cuando Daniel Segura saltó del cuarto piso de un edificio en Nueva York, su madre, la escritora Piedad Bonnet, decidió escribir un libro para honrar su memoria. Lo llamó ‘Lo que no tiene nombre’, una alusión al hecho de que al intentar definir un trastorno mental a veces se escapan las palabras. El relato, narrado desde el nervio de una madre, presenta escenas de la vida de Daniel que son contadas con finura quirúrgica y que develan a un artista plástico que tuvo que lidiar con una enfermedad mental que lo llevó al borde del colapso.

Piedad Bonnet escribió ‘Lo que no tiene nombre’ para hacer memoria de la vida de su hijo. //Foto: tomada de internet.
Piedad Bonnet escribió ‘Lo que no tiene nombre’ para hacer memoria de la vida de su hijo. //Foto: tomada de internet.

Luego de ser publicado, el libro de Piedad Bonnet se convirtió en lectura obligada en las escuelas. Los jóvenes se acercaban a la escritora cuando la encontraban en los distintos eventos y le daban las gracias por haberlo escrito. La obra logró crear discusiones en torno a la salud mental de los jóvenes y dotó de propósito la escritura de Piedad, porque pese a que su hijo saltó a la muerte, le da sentido a una frase que se escapa entre las páginas: “El dolor se apacigua al ser compartido con otros”. Lea aquí: Video: “Nada es para siempre”: Pirry habla sobre la depresión y aconseja

Y ese dolor que busca ser compartido casi siempre se vive a solas a través de malestares físicos. “Con mucha frecuencia la depresión se manifiesta mediante síntomas físicos que no dejan ver los síntomas psicológicos. No sólo con fatiga o cansancio se expresa este desasosiego. También suele producir síntomas tan diversos como dolores de cabeza (incluyendo migrañas), dolores de cuello, dolores de espalda, dolores generalizados, gastritis, cambios en el funcionamiento del sistema digestivo, alteraciones de la piel, tendencia a contraer enfermedades infecciosas, dificultad para controlar la presión arterial, palpitaciones, sensación de ahogo, fibromialgia y un largo etcétera”, dijo Alex González Grau, psiquiatra y psicoterapeuta con más de 20 años de experiencia clínica.

Día de la Salud Mental

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