Descubrir que tus senos secretan un líquido blancuzco inoloro pese a que nunca has estado embarazada puede ser aterrador, ¿a qué se debe? ¿Es una enfermedad o un síntoma de ella? ¿Acaso será por los anticonceptivos?
Seguro, si te está pasando, habrán pasado por tu cabeza estas y otras tantas preguntas; frente a ellas, te recomendamos que consultes a un médico. Ten en cuenta también que se llama galactorrea, afecta a 1 de cada 4 o 5 mujeres en el mundo, según Breastcancer.org.es y puede ocurrirle a mujeres y hombres de cualquier edad, incluso, bebés.
De acuerdo con expertos de la Clínica Mayo, “la galactorrea por sí sola no es una enfermedad, pero puede ser un signo de un problema no diagnosticado”. Por lo general, se genera por mayores niveles de prolactina, la hormona que estimula la producción de leche. Lee aquí: Leche materna serviría para diagnosticar cáncer de mama en fase temprana
Y es que la estimulación excesiva de las mamas, los efectos secundarios de los medicamentos o los trastornos de la hipófisis pueden contribuir a la aparición de galactorrea. Algunos de los signos y síntomas que se asocian con la galactorrea son:
-Secreción de leche persistente o intermitente por el pezón.
-Secreción por el pezón causada manualmente o que se fuga de manera espontánea por una o ambas mamas.
-Períodos menstruales irregulares o que no se presentan.
-Dolores de cabeza o problemas de visión. Lee además: Quistes o masas benignas en los senos sí podrían convertirse en cáncer
Ojo si la secreción tiene sangre o es amarilla
Como hemos dicho, la galactorrea suele producirse por tener demasiada prolactina, que es la hormona responsable de la producción de leche cuando tienes un bebé. La prolactina es producida por la hipófisis, una glándula con forma de frijol que está en la base del cerebro y que segrega y regula varias hormonas. Algunas causas posibles de la galactorrea son:
-Medicamentos, como ciertos sedantes, antidepresivos, antipsicóticos y medicamentos para la presión arterial alta.
-Consumo de opioides.
-Suplementos de hierbas, como hinojo, anís o semilla de fenogreco.
-Tumor hipofisario no canceroso (prolactinoma) u otro trastorno de la hipófisis.
-Hipotiroidismo.
-Enfermedad renal crónica.
-Estimulación excesiva de las mamas, que puede estar relacionada con la actividad sexual, con los autoexámenes de mamas frecuentes que incluyen manipulación de los pezones o con la fricción prolongada con la ropa. Te podría interesar: Lactancia materna tiene una hora mágica: conoce sus beneficios
-Lesión a los nervios de la pared torácica por una cirugía, quemaduras u otras lesiones en el tórax.
-Cirugía, lesión o tumores de la médula espinal.
-Estrés.
