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Salud

Ofrecer licor a un niño es tan grave como el maltrato físico

No exageramos. Estos son los efectos negativos que genera el alcohol en el desarrollo biológico, psicológico y emocional de menores de edad.

Ofrecer licor a un niño es tan grave como el maltrato físico
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Estamos a pocas horas de que se acabe el año 2023 y con esta festividad la euforia se pone a flor de piel en muchos hogares, a tal punto que -en medio de la celebración- algunos padres, madres, tíos o primos llegan a pensar que es buena idea ofrecerle probar “un poquito” de licor a un niño o a un adolescente. Y sabemos que no lo hacen con mala intención, pero esa acción que parece inofensiva atenta contra su bienestar. Lea: ¡Que un brindis no te dañe la fiesta!

Ofrecerle licor a un menor de edad, además de ser ilegal, constituye una forma de ejercer violencia y una vulneración tan grave como el maltrato físico, ha advertido el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en más de una ocasión.

Por si aún le quedan dudas, estas son las consecuencias negativas que a nivel biológico, psicológico y emocional genera el alcohol en los menores de edad.

Riesgo de dependencia

El más reciente estudio de ‘Consumo de alcohol en menores de 18 años en Colombia: 2021’, difundido en noviembre de ese año por la Corporación Nuevos Rumbos, vinculó a más de 11.500 estudiantes de bachillerato de hasta 17 años y determinó que en el país los menores de edad empiezan a tomar licor a una edad promedio de 13 años.

Los niños que empiezan a consumir alcohol antes de los 14 años tienen hasta 10 veces mayor probabilidad de desarrollar consumos problemáticos y dependencia o adicciones al llegar a la adultez. Asimismo, mayor posibilidad de consumir otras sustancias psicoactivas, que aquellos que empiezan a tomar después de los 18 años.

‘Consumo de alcohol en menores de 18 años en Colombia: 2021’ determinó que existe un mayor control por parte de los padres de familia y menos gusto hacia el alcohol por parte de los adolescentes.

Daños cerebrales

Debido a que el cerebro alcanza su máximo desarrollo hacia los 21 años de edad, diversas investigaciones han concluido que consumir alcohol a temprana edad altera el progreso madurativo de este órgano.

Es decir, produce deficiencias en la formación de la corteza cerebral, las conexiones con los lóbulos parietales y la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales, que se traducen en afectaciones en la memoria, las habilidades de pensamiento y planeación, la toma de decisiones, la resolución de problemas, entre otras. Lea: Alcoholismo: cerebro repara en 7 meses el daño causado por este trastorno

Como es de esperar, el aprendizaje se torna más lento y los niños y adolescentes registran bajo rendimiento escolar.

Deterioro de funciones vitales

El consumo de alcohol en la adolescencia altera los niveles de las hormonas sexuales (como la testosterona) y de crecimiento. Lo demostró por primera vez un estudio de la Universidad de Granada (2006), elaborado con muestras de sangre tomadas en jóvenes de ambos sexos que fueron atendidos en Urgencias con síntomas de intoxicación etílica.

Es durante la adolescencia que se produce el “estirón puberal” con un considerable aumento de la talla, por lo que una disminución en la hormona del crecimiento puede ocasionar una disminución de la talla final del individuo.

Está demostrado además que el consumo de licor provoca efectos severos en el funcionamiento de órganos como el hígado, que regula las funciones metabólicas y la eliminación de toxinas.

Vulnerabilidad ante riesgos

A relaciones sexuales no consentidas o sin protección, que pueden causar embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual; así como a ser víctimas de robos, golpes o accidentes son más vulnerables o están más expuestos los adolescentes que consumen licor. Lea: Temporada de quemaduras: evita que la pólvora arruine tu vida

Depresor emocional

Diversos estudios han concluido que el consumo de alcohol a temprana edad incrementa el riesgo de que las niñas, niños y adolescentes desencadenen trastornos psicológicos como conductas oposicionistas y desafiantes, agresividad, depresión e, incluso, riesgo de suicidio.

Lo anterior porque el alcohol es una droga depresora del sistema nervioso central que inhibe progresivamente las funciones cerebrales. Es decir, puede cambiar el estado de ánimo, comportamiento y autocontrol de quien lo consume y, si se trata de un adolescente que está en una etapa de cambios hormonales tiene un efecto más intenso.

Así que no, en definitiva no exageramos. Piénsalo dos veces antes de ofrecerle probar “un poquito” de licor a un niño o a un adolescente.

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