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Salud

El perfeccionismo puede destruirte: así afecta a tu cuerpo

El perfeccionismo desadaptativo, impulsado por el miedo al fracaso y la autoexigencia extrema, puede derivar en adicciones y graves daños físicos y emocionales.

El perfeccionismo puede destruirte: así afecta a tu cuerpo

El perfeccionismo extremo puede constituir un factor de riesgo significativo para el desarrollo de conductas adictivas. //Foto: 123RF.

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En una sociedad donde el éxito se mide en aplausos, cifras y seguidores, el perfeccionismo extremo se convierte en un arma de doble filo. Según especialistas, el perfeccionismo desadaptativo -basado en la autoexigencia rígida, el pensamiento “todo o nada” y el miedo al fracaso- genera un torbellino emocional que puede derivar en adicciones.

Para muchas personas con esta conducta, el consumo de sustancias o el aislamiento son vías de escape ante la ansiedad y el temor constante de “no estar a la altura”. Este ciclo, lejos de solucionar, refuerza el dolor y profundiza la dependencia. Lea: El peso de la perfección: cuando las leyendas ya no pueden ser humanas

En conversación con Julio Mazorco, psicólogo y filósofo, magíster en Salud Mental Comunitaria de la Universidad El Bosque, explica esta relación con estudios como el de Stoeber y Damian (2016) que señalan que el perfeccionismo socialmente prescrito está vinculado a un mayor uso de drogas y alcohol, especialmente en contextos de alta presión. La conducta adictiva surge como un alivio momentáneo que, a largo plazo, se convierte en un patrón disfuncional y destructivo.

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Perfeccionismo: cuando la autoexigencia enferma

El cuerpo como campo de batalla

Las consecuencias del consumo crónico son de gravedad. A nivel cerebral, se alteran neurotransmisores esenciales como la dopamina y la serotonina, afectando el estado de ánimo, el sueño y la capacidad de tomar decisiones. El hígado, responsable de metabolizar toxinas, sufre daños progresivos que pueden culminar en cirrosis.

El corazón y los vasos sanguíneos enfrentan riesgos crecientes de arritmias y eventos cerebrovasculares. El sistema inmunológico se debilita, incrementando la vulnerabilidad a infecciones y enfermedades crónicas.

El cuerpo se convierte en un campo de batalla y paga el precio de la búsqueda incesante de aprobación y de la entrega total.

Además, el desequilibrio metabólico se convierte en un enemigo silencioso: desnutrición, alteraciones hormonales, hipoglucemia y deshidratación son frecuentes. Estos cambios fisiológicos refuerzan la creencia de que solo bajo el efecto de ciertas sustancias se puede “funcionar” o “ser creativo”, alimentando el círculo vicioso.

El perfeccionismo desadaptativo, impulsado por el miedo al fracaso y la autoexigencia extrema, puede derivar en adicciones y graves daños físicos y emocionales. //123RF.
El perfeccionismo desadaptativo, impulsado por el miedo al fracaso y la autoexigencia extrema, puede derivar en adicciones y graves daños físicos y emocionales. //123RF.

Un sistema comprometido

El debilitamiento del sistema inmune no es solo una consecuencia biológica, sino también psicológica. Al volverse más susceptibles a infecciones y enfermedades, cualquier persona con una adicción pueden experimentar estados constantes de fatiga, dolores y una sensación de fragilidad permanente.

Esto, a su vez, impacta en la autoestima y en la capacidad de sostener el compromiso con el tratamiento o la recuperación. La negación (“a mí no me pasa nada”) y el fatalismo (“igual ya estoy mal”) son pensamientos recurrentes que obstaculizan la salida del ciclo.

Además, las personas con adicciones suelen responder peor a vacunas y tratamientos médicos, lo que implica un riesgo adicional en términos de salud pública.

El perfeccionismo extremo puede constituir un factor de riesgo significativo para el desarrollo de conductas adictivas. //Foto: 123RF.
El perfeccionismo extremo puede constituir un factor de riesgo significativo para el desarrollo de conductas adictivas. //Foto: 123RF.

La esperanza en el cambio

La pregunta inevitable surge: ¿puede el cuerpo recuperarse totalmente? La respuesta es compleja. Algunos órganos, como el hígado, tienen una capacidad parcial de regeneración si se logra una abstinencia sostenida. Sin embargo, las secuelas a nivel neurológico y psicológico pueden perdurar.

La recuperación integral exige un enfoque interdisciplinario: atención médica, acompañamiento psicológico, trabajo sobre las creencias disfuncionales y fortalecimiento del autocuidado. La psicoeducación cumple un rol clave, ayudando a los pacientes a comprender el daño real y a construir estrategias para mantener la abstinencia.

La recuperación del cuerpo tras una adicción severa es posible, pero no siempre completa”.

 Julio Mazorco, psicólogo y filósofo.

Aun cuando algunas cicatrices quedan, es posible alcanzar mejoras significativas en la calidad de vida. La clave está en entender que la recuperación no es solo física, sino también emocional y espiritual.

El perfeccionismo puede llevar a crear obras sublimes, pero también a fracturar la salud y la mente. En última instancia, detrás de cada mito hay un ser humano: alguien que, como cualquiera, busca amor, validación y sentido, por lo que es esencial recordar que el cuerpo es finito y el alma sensible.

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