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Salud

¿Y si no hay propósitos? Cómo manejar la presión al comenzar un nuevo año

Definir propósitos para el año que inicia puede convertirse en una presión emocional al cierre del año. Una experta explica cómo afrontarla.

¿Y si no hay propósitos? Cómo manejar la presión al comenzar un nuevo año

La presión silenciosa al comenzar un nuevo año. //Foto: 123RF.

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“Bajar de peso”, “comprar un carro”, “aprender otro idioma” o “encontrar pareja” son algunos de los propósitos que mujeres y hombres empiezan a anotar, papel y lápiz en mano, con la idea de cumplirlos sí o sí en 2026. Y es que el inicio de un nuevo año supone para muchos la oportunidad de priorizar proyectos, pero también una gran presión social por hacer un checklist que parezca definir qué tanto se aprovecharán los meses que vienen.

Lo cierto es que esa presión puede añadir una carga emocional que no siempre permite empezar el año con optimismo, sino con ansiedad, incertidumbre y estrés. Sí, estrés. ¿Y quién aspira a comenzar así? Por eso, más allá de cualquier mantra o ritual con el que le diste la bienvenida a 2026, es importante recordar que no escribir una lista de propósitos no te hace una mala persona ni menos exitosa.

Un propósito es, según la Real Academia Española, el “ánimo o intención de hacer o de no hacer algo”. Es decir, implica intención, voluntad o interés por alcanzar un objetivo. Pero si no existe, no pasa nada.

Entonces, ¿por qué el cierre de año suele generar tanta ansiedad cuando se piensa en propósitos y metas por cumplir? Según Diana Cecilia Gómez Miranda, psicóloga clínica, especialista y magíster en psicología clínica cognitivo-conductual, “las personas hacen balances internos -muchas veces duros e incompletos- en los que comparan lo vivido con lo que ‘debería’ haberse logrado. Desde la psicología cognitivo-conductual, esto activa pensamientos automáticos de exigencia, fracaso o insuficiencia, especialmente cuando el año ha tenido pérdidas, pausas forzadas o procesos invisibles que no se traducen en logros externos”.

Y agrega: “Además, culturalmente hemos aprendido a asociar el cambio de año con la idea de un reinicio total, como si el 31 de diciembre cerrara ciclos emocionales complejos por arte de magia. Esta expectativa irreal aumenta la ansiedad porque ignora algo fundamental: los procesos humanos no obedecen al calendario”.

Muchas personas arrancan el año con una lista de propósitos definidos. //Foto: 123RF.
Muchas personas arrancan el año con una lista de propósitos definidos. //Foto: 123RF.

Metas saludables vs. presión social

De acuerdo con Gómez Miranda, es importante tener presente que existen metas saludables, pero también expectativas que muchas veces se imponen por presión social o por comparación con otros. “Una meta saludable nace del autoconocimiento; una expectativa impuesta nace de la comparación. Las metas saludables suelen estar alineadas con valores personales, generan motivación interna y permiten flexibilidad. En cambio, las expectativas impuestas suelen venir acompañadas de pensamientos como ‘ya debería’, ‘todos a mi edad’ o ‘si no lo logro, valgo menos’. Cuando una meta se sostiene principalmente en el miedo al juicio externo, deja de ser un objetivo y se convierte en una carga emocional”.

La presión silenciosa al comenzar un nuevo año se puede trabajar. //Foto: 123RF.
La presión silenciosa al comenzar un nuevo año se puede trabajar. //Foto: 123RF.

La experta explica que, a partir de esa carga emocional, se entra en el terreno de los riesgos emocionales, que surgen cuando se siente que se “debe” cambiarlo todo o lograr grandes cosas de inmediato. “El principal riesgo es iniciar el año desde la autoexigencia y no desde la conciencia. Cuando el cambio se plantea como una obligación, se activan patrones de pensamiento dicotómicos -todo o nada- que aumentan la probabilidad de frustración, abandono y culpa. Esta narrativa refuerza la idea de que ‘como soy ahora no es suficiente’, lo cual debilita la autoestima y favorece ciclos repetidos de intentos fallidos. Desde la clínica vemos con frecuencia que las personas no abandonan las metas por falta de disciplina, sino por exceso de presión emocional”.

El principal riesgo es iniciar el año desde la autoexigencia y no desde la conciencia".

Propósitos realistas, mayor autocuidado

La psicóloga clínica explica cómo plantearse propósitos realistas sin que se conviertan en una fuente de frustración o culpa. “Desde la psicología clínica cognitivo-conductual, el error más común no es proponerse demasiado, sino proponerse mal. Muchas personas formulan propósitos como ideales abstractos -‘ser mejor’, ‘cambiar mi vida’, ‘tener más disciplina’- que no ofrecen una guía conductual clara y terminan activando la frustración”.

Y amplía: “Un propósito realista se construye cuando el deseo se traduce en conductas observables, pequeñas y sostenibles, y cuando se apoya más en la estructura que en la fuerza de voluntad. Además, es clave reemplazar la lógica de la culpa por una lógica de ajuste. Fallar no debería interpretarse como un defecto personal, sino como información clínica valiosa para redefinir el plan. Cuando los propósitos incluyen flexibilidad, celebración del progreso y expectativas acordes al momento vital de la persona, dejan de ser una fuente de presión y se convierten en un acto de autocuidado”.

Más allá de la presión social, la experta comparte herramientas emocionales para comenzar este 2026 con calma y autocompasión. “Lo primero es comprender que la falta de claridad no siempre indica estancamiento; muchas veces señala un proceso de reorganización interna. Una herramienta central es desacelerar el pensamiento evaluativo y volver al presente: preguntarse no ‘qué debería lograr este año’, sino ‘qué necesito hoy para estar un poco mejor’. Este cambio cognitivo reduce la ansiedad anticipatoria y permite tomar decisiones más alineadas con la realidad emocional”.

“También recomendamos prácticas de autoobservación compasiva -como la escritura reflexiva o el registro emocional- que ayuden a identificar valores, límites y deseos genuinos, sin compararlos con los de otros. En paralelo, es importante reducir la exposición a narrativas externas de éxito que generan urgencia artificial, especialmente en redes sociales”.

Para la experta, la autocompasión, desde la psicología basada en evidencia, no es indulgencia ni pasividad; “es una postura activa de acompañamiento interno. Permitirse no tener todas las respuestas al iniciar el año es, en muchos casos, una forma profunda de salud mental”.

Diana Cecilia Gómez Miranda, psicóloga clínica. //Foto: Cortesía.
Diana Cecilia Gómez Miranda, psicóloga clínica. //Foto: Cortesía.

¡Conoce más de este tema!

La psicóloga Diana Cecilia Gómez Miranda lanzó un ebook en el que amplía y responde más dudas sobre la presión que se siente frente a los propósitos de fin de año. A través de su cuenta de Instagram, @dianycgomez, se puede conocer cómo participar para ganar uno de manera sencilla.

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