El dengue no debe medirse únicamente por los picos epidémicos. Los periodos de aparente calma son, precisamente, una oportunidad para fortalecer la prevención. Esta fue una de las principales conclusiones del Latam Dengue Forum, organizado por la biofarmacéutica Takeda, un espacio que reunió en Cartagena de Indias a científicos, especialistas, profesionales de la salud y líderes de opinión de distintos países de la región para discutir y analizar estrategias que permitan fortalecer la respuesta frente a esta enfermedad.
La discusión tuvo lugar en un momento en el que el dengue continúa ejerciendo presión sobre las comunidades y los sistemas de salud de América Latina. Hasta la semana epidemiológica 32 de 2026, las Américas habían notificado 1.530.692 casos sospechosos, una cifra equivalente a más de 6.500 casos diarios. En Colombia, por su parte, el Instituto Nacional de Salud reportaba 70.490 casos hasta el 18 de agosto, de los cuales 27.662, es decir, el 39,2 %, requirieron hospitalización.
“El dengue es una enfermedad infecciosa que puede afectar en cualquier momento de la vida. Eso es importante, por supuesto, en Colombia y en la región. Al ser tan endémico, puede presentarse desde etapas muy tempranas. Por eso, la prevención pasa por el reconocimiento oportuno de los signos de alarma; es decir, por identificar aquello que haga necesaria una consulta temprana para iniciar un plan de hidratación y, si se requiere, vigilancia hospitalaria”, explicó Andrés Felipe Arias, especialista en Infectología Pediátrica del Hospital Universitario Erasmo Meoz y de la Clínica Medical Duarte.
Y agregó: “También es muy importante el uso de mosquiteros y repelentes, cuando estén indicados. Y hay un tercer pilar fundamental que ya es posible en muchas partes de Latinoamérica y, en Colombia, desde hace más de año y medio: la vacunación desde los 4 años de edad, independientemente de haber tenido dengue previamente. Creo que eso es fundamental recalcarlo”.

Aunque estas cifras representan una reducción frente a los niveles alcanzados durante el pico de 2024, cuando la región registró más de 13 millones de casos y 8.400 muertes, los expertos coincidieron en que este momento no debe interpretarse como el fin del riesgo, sino como una oportunidad para que los países se preparen antes de un próximo brote.
Cinco alertas de expertos para mitigar el riesgo de dengue
En este sentido, las discusiones del foro dejaron cinco conclusiones que trazan una hoja de ruta para anticiparse a mitigar el riesgo del dengue en la región.
1. La ausencia de brotes no significa ausencia de riesgo. El comportamiento cíclico del dengue puede generar una falsa sensación de seguridad cuando disminuyen los casos. Hay que tener en cuenta que otros factores continúan creando condiciones favorables para la transmisión: la urbanización acelerada, la movilidad de las personas, las condiciones de vivienda, las dificultades en el abastecimiento de agua y los fenómenos climáticos como el de El Niño.
2. El perfil de las personas afectadas está cambiando. Aunque en distintos países el dengue continúa afectando de manera importante a niños y adolescentes, a medida que aumenta la proporción de adultos y personas mayores, la enfermedad puede generar una carga creciente en poblaciones con condiciones de salud preexistentes y riesgos clínicos particulares. Este cambio exige adaptar la vigilancia, fortalecer el diagnóstico diferencial y preparar los servicios de salud para atender a una población más diversa.
3. Ninguna medida aislada es suficiente. El control del dengue exige una estrategia integral que conecte distintas herramientas y responda a las características epidemiológicas, sociales y territoriales de cada país. Esta debe incluir vigilancia epidemiológica, uso de información climática para anticipar escenarios de riesgo, control del mosquito y eliminación de criaderos, diagnóstico oportuno, reconocimiento temprano de los signos de alarma, atención clínica adecuada, educación y participación de las comunidades, así como la vacunación como medida complementaria.

4. La innovación puede acelerar el progreso. La Inteligencia Artificial ofrece oportunidades para analizar grandes volúmenes de información epidemiológica, climática, entomológica y territorial; identificar patrones; detectar cambios en el comportamiento de la enfermedad, y apoyar la anticipación de riesgos.
Los líderes digitales también pueden desempeñar un papel relevante al traducir la evidencia científica en contenidos claros y cercanos, identificar inquietudes de la población y ayudar a combatir la desinformación. Para aprovechar este potencial se requiere una relación más estrecha entre científicos, autoridades sanitarias, profesionales de la salud, comunicadores y creadores de contenido.
5. La colaboración multisectorial es esencial. El dengue supera las capacidades de una sola institución. Su prevención y control requieren la participación coordinada de gobiernos, sistemas de salud, academia, comunidades, organismos internacionales, líderes digitales y sector privado. Cuando la vigilancia, el control vectorial, la atención clínica, la planificación territorial y la comunicación funcionan por separado, la respuesta pierde efectividad.

