Salud


Cuidadores, la prueba de que el amor existe

El amor de una hija, como el que Heidy Morales le transmitió a su mamá, hizo que el cáncer pasara a un segundo plano.

En la vida existen retos tan grandes e inmensos que solo el amor, la fe y la valentía sirven de armaduras para permanecer en la batalla. Uno de esos retos -quizá de los más duros y dolorosos- es ganarle la pelea a una enfermedad tan agresiva y dolorosa como es el cáncer. El 4 de febrero es el Día Mundial contra el Cáncer, pero cualquier fecha es adecuada para enaltecer el inmenso valor de quienes lo han padecido y de los que, sin nada a cambio, se convierten en cuidadores por excelencia de estos pacientes.

Amor y entrega

La cartagenera Heidy Morales Tous, de 46 años, sabe perfectamente lo que implica cuidar a un paciente con esta enfermedad. Ella dice haberse entregado desde el día uno, en cuerpo y alma, a su mamá Narcisa Tous Herrera, quien fue diagnosticada con cáncer de seno y en el 2004 falleció, a los 62 años.

Ahora, llegando a su casa en los Estados Unidos, donde se radicó hace 12 años, Heidy se siente agotada, pero satisfecha al terminar de trabajar cuidando a personas de la tercera edad, muchas de ellas en estado terminal, que viven solas y sin ningún familiar a cargo. Hoy reconoce que su vocación es cuidar de otras personas, como lo hizo con su mamá. Lea aquí: Video: cáncer infantil, conozca los signos de alerta

Morales me cuenta que aquel noviembre su mamá sintió una pequeña masa en el busto, y fue hasta enero que acudió al médico general. La remitieron con el especialista y 20 días después de realizarse una mastectomía los resultados arrojaron que tenía cáncer.

En la voz de Heidy no se escucha ni un gemido. No hay dolor. Más bien es la voz de una mujer fuerte y valiente que sabe que entregó todo por amor, y esa, sin duda, fue la mejor medicina que pudo suministrar.

El proceso de Heidy con su mamá duró cerca de un año y medio. A pesar de realizarse una serie de procedimientos médicos para erradicar por completo las células cancerígenas que habitaban entre su seno y axila, a Narcisa la recuperación le duraría poco y su cuerpo se fue debilitando tanto que al hacer metástasis quedó inmóvil de la cadera hasta sus miembros inferiores.

Mi mamá era una mujer cristiana, así que empezamos a batallar con mucha fe. Ella nos decía a todos sus familiares que no lloráramos porque Dios tenía un propósito para ella, y así lo creo y lo reafirmo”

dijo Heidy con firmeza

“Me tocaba viajar a Bogotá porque las cirugías eran allá. Mi papá era pensionado de la Policía y el seguro cubría todo en la capital... Me fui con ella. La operaron. Le hicieron una cuadrantectomía. Después le mandaron las quimioterapias y radioterapias, así que viajábamos cada 21 días para ese proceso, y para otras cosas que no recuerdo”, dice Heidy.

Al principio, y después de cada procedimiento, todo marchaba bien. Dice Morales que en las primeras radios y quimios su mamá mostró un buen semblante y la familia estaba convencida de que se había recuperado. “Pensamos: desapareció el cáncer, porque le vaciaron los ganglios debajo de las axilas, pero luego le descubrieron otros y a pesar de todo el esfuerzo que se hizo, el cáncer ya era muy agresivo. Hizo metástasis de la cabeza a la rodilla”, recordó la mujer.

Doña Narcisa fue perdiendo la movilidad de la cintura para abajo, y solo podía mover sus brazos. Al principio ingería comidas muy sanas a base de soya, vegetales y sopas; después, cuando su cuerpo se fue deteriorando solo se alimentaba a través de jeringas.

Así la cuidó

La madre de Heidy ya no caminaba. Tocaba pasarla de la cama a una silla plástica para bañarla sentada. Con el tiempo fue más difícil debido al peso de su madre, así que decidió limpiarla en la cama con paños húmedos. “Yo sentía que cuando la bañaba mi mamá estaba aliviada”, recuerda.

El seno, lugar donde nació el cáncer, no creció. Cuando perdió la movilidad, Narcisa se fracturó la rodilla y luego fue remitida al hospital. Estando allá le salieron escaras profundas y, al ser dada de alta, fue curada en casa, sin embargo, su deterioro iba en aumento.

Los medicamentos los daba su seguro de salud. En una fase del cáncer le suministraban tramal, pero al empeorar fue dosificada con morfina a través de un catéter en su brazo, con el que duró 6 meses.

El cuidado de su hija fue extenuante por el gran peso de su madre. Ella destaca la importancia del apoyo emocional: el de su hija y el de muchas personas que la amaban, todos le colaboraban y hoy Heidy se siente agradecida. Le puede interesar: Trastornos del sueño afectan la calidad de vida de personas con cáncer

Para ella el amor es la base de todo. Por ser pacientes terminales es sabido que no van a durar mucho tiempo, así que el afecto es, quizá, lo más importante que pueden recibir.

En casos de emergencias, Narcisa contaba con los recursos brindados por la Policía Nacional. Es importante llevarlos a un lugar para brindarle atención necesaria. En el caso de Colombia a estos pacientes los cuidan sus familiares, pero en Estados Unidos son enviados a un centro asistencial para que mueran dignamente. Tienen enfermeras y doctores que evalúan, pero el papel de cuidadores, como Heidy, es velar por sus necesidades.

El cuidador y el paciente sufren casi que en la misma proporción. Heidy reconoce que “es duro ver sufrir a un ser querido”, pero que la dedicación y el amor lo supera todo, pues son personas que pasan por un dolor y un sufrimiento indescriptible.

Estar instruida en la fe cristiana fue de gran ayuda para madre e hija. Desde que se enfermó su mamá, Heidy dormía con ella en la misma cama... Cuando el tenía dolor “me la pegaba al pecho y ella sentía alivio. Yo le entregué el corazón a mi mamá”, recuerda.

Además de los medicamentos para apaciguar el dolor que genera el cáncer, sus familiares velaban por la alimentación del paciente. Consumía alimentos sanos como jugo de agraz, leche de soya, vegetales y sopas de verduras libres de carnes rojas.

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