Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la dexametasona se usa desde la década de 1960 para reducir la inflamación con que cursan varias enfermedades, entre ellas trastornos inflamatorios y algunos tipos de cáncer, combinada con otros fármacos. Es un antiinflamatorio potente que reduce la respuesta inmunitaria y que puede aumentar el riesgo de contraer otras infecciones”.
En resumen: la dexametasona es un corticosteroide utilizado en gran variedad de afecciones por sus efectos antiinflamatorios e inmunosupresores.
Luego de aclarar para qué ha servido todo este tiempo, la OMS pasa a explicar que, “de acuerdo con un estudio efectuado recientemente en el Reino Unido, este fármaco resulta muy promisorio para tratar a pacientes graves y críticos, pero no se observó que resultara beneficioso para los enfermos que presentan síntomas leves, es decir, para los que no requieren oxigenoterapia. Según las conclusiones preliminares enviadas a la OMS (y ahora disponibles en preimpresión), el tratamiento con dexametasona reduce en alrededor de una tercera parte la mortalidad de los pacientes conectados a respiradores y en torno a una quinta parte la de los pacientes que solo necesitan oxígeno”.
De manera que las personas, aunque teman contagiarse de COVID-19, no pueden simplemente automedicarse: estarían expuestas consecuencias para su salud. Veamos las claves al respecto. (Le puede interesar: “La dexametasona podría haber salvado a miles de enfermos de COVID-19”)
1. La OMS “recomienda firmemente administrar corticosteroides (p. ej., dexametasona, hidrocortisona o prednisona) por vía oral o intravenosa para tratar a los pacientes graves o críticos de COVID-19” y “desaconseja tratar con corticosteroides a los pacientes con síntomas de esta enfermedad que no sean graves, salvo si ya los están tomando para tratar otras dolencias”.
2. ¿Cuáles son los efectos secundarios? De acuerdo con la OMS, “en general, el tratamiento con dexametasona es seguro. Los beneficios que aporta superan los posibles riesgos, en particular en los pacientes con formas graves de neumonía, si bien los beneficios son menores en el resto de pacientes. Dada la brevedad del tratamiento (el usado en el estudio duró 10 días), incluso en dosis altas, los corticosteroides no se asocian a efectos secundarios graves. El posible aumento de los niveles de glucosa en la sangre (hiperglucemia) es temporal.
Sin embargo, “su uso prolongado (es decir, durante más de dos semanas) puede estar asociado a eventos adversos como glaucoma, cataratas, retención de líquidos, hipertensión, efectos psicológicos (p. ej., cambios de humor, problemas de memoria, confusión o irritabilidad), aumento de peso o aumento del riesgo de infecciones y osteoporosis. Cabe insistir en que ninguno de estos eventos adversos está asociado con el uso a corto plazo de dexametasona (con la excepción de la hiperglucemia, que puede empeorar la diabetes)”.
3. ¿Pueden administrarse corticoides a niños y mujeres embarazadas? Los corticoesteroides se pueden utilizar en niños y personas mayores. En cuanto a las mujeres embarazadas, en el ensayo Recovery se utilizó prednisolona por vía oral o hidrocortisona por venoclisis, en lugar de dexametasona. El uso de corticoesteroides está muy extendido. (Lea también: Dexametasona da muestras de mejorar a pacientes con COVID-19)
4. Algunos síntomas graves que pueden ocurrir, y en cuyo caso se debe acudir de inmediato al médico, son: sarpullido (erupciones en la piel), inflamación de la cara, piernas o tobillos, problemas de visión, resfrío o infección de larga duración, debilidad muscular y heces negras o alquitranadas (de color petróleo).
5. Según MedlinePlus, el servicio de información en línea de la Biblioteca Nacional de Salud de los EE. UU., entre los efectos secundarios de excederse con la dexametasona están: malestar estomacal, irritación del estómago, vómitos, cefalea (dolor de cabeza), mareos, insomnio, agitación, depresión, ansiedad, acné, aumento del crecimiento del pelo, facilidad para desarrollar moretones y menstruaciones irregulares o ausentes.
