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Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960), reconocido como El Fotógrafo de los escritores, está triste, muy triste.
Más de cincuenta mil negativos captadas a escritores del mundo en treinta años, han  desaparecido durante una mudanza del despacho en el que se hallaban en el diario Le Monde.  Allí estaba la foto que hizo a sus dieciocho años: La de Jorge Luis Borges, la de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, y la de miles de escritores que ha captado en sus viajes por el mundo.
Mordzinski guardaba desde hace cerca de diez años sus fotos y negativos en un archivador de hierro en el espacio que El País ocupababa en la sede de Le Monde. El archivador apareció, pero sin el material guardado. No se sabe en qué circunstancias desapareció ese material invaluable que atesoraba los rostros de escritores españoles, franceses, africanos italianos, israelíes, etc.
El mismo periódico Le Monde reconoció ya en público la dimensión de este error. Solo se han salvado un centenar de fotos digitalizadas para libros recientes. El resto ha desaparecido para siempre. Es una verdadera pesadilla.
En un diálogo que realizamos en Hay Cartagena 2013, gracias al apoyo de Luisa Machacón, el reconocido fotógrafo confesó a El Universal que el común denominador de estas imágenes es la « entrega al acto de escribir. La ficción, o las ficciones, porque hay tantas como autores, son un territorio imaginario con resultados reales y a menudo maravillosos. Los escritores son los "gestores" (para usar una palabra contemporánea y de moda) de ese tesoro que es común a todos, a lectores, editores, profesores, traductores... y mi modesto papel es mostrarle a la gente cómo son, a veces, estos autores, los creadores de ese mundo maravilloso que llamamos literatura.  Agregaría que he aprendido que una cosa es el escritor y otra lo que él escribe, y también que no hay ninguna relación entre la calidad literaria y la fluidez en el retrato ».
« Cada foto es --o intenta ser-- una historia y la biografía de cada autor está muy presente. A veces de forma obvia y otras de una manera más escondida, más sutil (esas son mis preferidas), pero siempre está.
Nos contó que fotografiar a Borges fue una experiencia « casí mística « .
« En cierto modo me sentí como aquellos hombres del Neolítico que dibujaban en las cuevas un hacha, un caballo, una mano como la de Borges, con su bastón, en una penumbra que yo veía pero que el vivía... En este sentido digo que hay algo de místico, y de mítico también, pues esas fotos fueron las primeras que le tomé a un escritor. La letra Aleph de mi cartografía literaria. Borges fue el primero, luego conocí a Cortázar... »
Para Daniel fotografiar escritores ha sido una manera de acercarse a sus mundos cotidianos.
« Creo que son héroes para quienes los leemos pero personas normales para sí mismo, y por eso pueden escribir en lugar de adorarse insensatamente, como a veces sucede con algunos de sus imitadores. Los escritores son en su enorme mayoría personas de carne y hueso, accesibles, amables, fascinantes en su normalidad.
« Tengo la suerte, el enorme privilegio de ser fotógrafo del mejor festival del mundo. Cada Hay festival es para mí una página en blanco para escribir en imágenes.

El día que fotografió a Saramago
« José Saramago -tras ganar el Nobel- propuso que una de mis fotos fuera la imagen oficial que ilustrara los afiches y el libro que el Instituto Camoes estaba preparando para Estocolmo. Yo dije que claro que sí, pero le pedí hacerle fotos nuevas. José intentó convencerme de utilizar alguna de las muchísimas que ya tenía porque su agenda de Nobel lo estaba volviendo loco, pero gracias a la complicidad de Pilar, su mujer, conseguí una nueva cita, y aprovechando un viaje suyo a París lo volví a retratar. Nos vimos en su hotel, yo estaba tan nervioso que hice todo al revés: en general hago las fotos con luz natural, esa vez me llevé toneladas de flashes de estudio.
Procuro ser muy rápido y sacar pocas fotos, en esa oportunidad tardé dos horas y tomé cientos de imágenes. Al terminar me fui al laboratorio Picto a dejar los rollos (en esa época no existía la fotografía digital), me senté a leer un libro en el café Odessa y no necesité esperar ver los contactos para saber que me había equivocado, que de tanto querer hacer bien traicioné lo fundamental: ser yo mismo. Llamé a José al hotel y le dije que necesitana verlo nuevamente «retratar es volver a tratar, por favor dejame volver a intentarlo». Y Saramago era tan grande, tan bueno, tan generoso que me volvió a dar cita esa misma noche. Recuerdo que nos encontramos al borde del Sena, en el momento que lo estaba saludando pasó un barco que nos iluminó, de golpe vi a José a contraluz y sentí que esa era la imagen estaba buscando,  hice click, click, tal vez fueron cuatro, no más. Y claro, fue la imagen escogida ».

Epílogo
Aquí no hay consuelo para Daniel Mordzinski. Ni siquiera los infinitos mensajes de afecto y solidaridad ante lo absurdo e irremediable.
« Además de la pérdida irremplazable- me dice Daniel- te juro que pienso también en todos los autores que retraté y que sus fotos ya no están... Vos sabes que me unen a ellos vínculos de complicidad. La destrucción de mi archivo es también en parte la destrucción de la memoria visual de los mismos autores retratados ».
Borrar de un plumazo lo que se ha construido con devoción y amorosa entrega durante treinta años de nuestra existencia.  Hay indignación y solidaridad por parte de escritores y artistas del mundo.
Un apocalipsis en el cuarto oscuro de la historia.

El fotógrafo Daniel Mordzinski, visto por Turcios.
El fotógrafo Daniel Mordzinski, visto por Turcios.
El fotógrafo Daniel Mordzinski captado por Luisa Machacón.
El fotógrafo Daniel Mordzinski captado por Luisa Machacón.
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