comscore
Revista dominical

Y fue así como conocí al Principito

Compartir

I.Antoine de Saint- Exupéry no dejó una tumba a la cual ir a visitarlo. Ni flores violetas, ni epitafios. Nada de esas cosas fúnebres que solo sirven para dar de comer a las pesadillas. Dejó más bien el asombro que causa el  privilegio de alguien que se roba el mar para decir adiós, y los colores del sol en los cabellos de ese niño curioso, que pidió hasta conseguirlo, el dibujo de un cordero. Por eso, sentada en estos espolones frente al Mar Caribe, recordando cómo se hundían mis pies a orillas del Mar Mediterráneo, empiezo a susurrarle a ese  piloto aventurero que no lo dejaré tan solo, que yo también conocí al Principito.

II.Se llama Louis y ya tiene 4 años. Lo que  me sorprendió de este lionés (de 2 años de edad, cuando lo conocí) no fue su hermoso físico: cabellos dorados, enormes ojos azules y boquita de fresa. Tampoco  otro detalle que pudiera embelesar a cualquier niñera latina que se coma el cuento que yo ni siquiera mastiqué: ese de “integrarse” a la vida familiar francesa.

Me sorprendió no que hablara como un adulto experto en oratoria. Ya había observado aterrada cómo los tres  niños que cuidé dos meses antes que a Louis, no tenían una infancia normal  para mi gusto. La niña de 5 años tenía más carácter que su madre; el chiquitín de 2 años,-afortunadamente para mí- aún no hablaba; pero el del medio, el de 3 años, me reventaba los huevos. Porque solo huevos es lo que se necesita para poder sobrevivir a la experiencia “au pair”.

-Yina, este juguete es extraordinario. “Extraordinario”es una palabra que quiere decir bla,bla,bla…-Yina, de hecho, te iba a decir que bla,bla,bla…  y “de hecho” es una palabra que quiere decir bla,bla,bla…-Yina, vamos a jugar al médico. “Médico” es una palabra que quiere decir bla, bla, bla…Y así. Solo cuando este lorito dormía o estaba en el colegio, mi cerebro podía darse un respiro de tanta carga lexical. Pero cuando yo estaba al borde del cansancio mental, le preparaba un biberón calla diccionarios, y le decía solo en mis adentros:-“Intenso”, “caprichoso”, “irrespetuoso” y “malcriado” son palabras que quieren decir ¡tú!... Luego, el fugaz instante  en que se quedaba dormido, despertaba en mis labios la más tierna de las sonrisas.

III.Con ese trío no viví la conexión que sentí con Louis. Debe ser porque esos tres borgoñones  comían caracoles, en cambio Louis y yo nunca. Nosotros teníamos cuidado de no aplastarlos con el coche del hermanito y les cantábamos la canción que más hermosa se escucha en la voz de mi madre:Caracolito, caracolito/ ¿quién te hizo tan chiquito?/ si en la arena tú te escondes/te llevará el maaaaaar/ entonces caracolito/ no te puedo encontrar.

Entonces, “caracolito” fue la primera palabra que Louis aprendió del español, y no fue algo que pensaba enseñarle de manera premeditada. Él ya me había escuchado cantar la canción de mi madre cada vez que  cambiaba el pañal de su hermanito. Una noche antes de dormir me preguntó qué significaba “caracolito”, así, con su enloquecedor acentillo francés, con esa “r” que nace de lo más profundo de la garganta. Y cuando respondí, me dijo que sufría de insomnio y que solo lograría dormirse si yo le cantaba esa canción. A mí me encantaba esa idea de dormirlo con canciones y también la de enseñarle español, pero ese encanto me duraba poco:-Yina, y ¿cómo se dice  “putain” en español?-Louis, eso no es interesante. ¡A la cama!

IV.Ni siquiera eso, que dijera “puta”, me sorprendía. Lo que realmente me volvía loquita era que Louis no me pidiera que le encendiera la televisión. Eso lo hacía único. Con eso me echó en sus bolsillos y pasó de ser Louis a ser ¡mi Louis!Todas las tardes me pedía que le leyera, y como yo le hacía voces, él abría grandes sus ojos. Ese era el momento en que supongo su mente se echaba a volar como una mariposa para dar vida a los personajes que salían de mi voz. De mis voces. Teníamos también libros plásticos especiales para la hora del baño en la tina, lo que hizo que la lectura fuera una cómplice ideal para poder soportarnos, pero allí en el baño también me duraba poco la paciencia y me tocaba fingir firmeza para no reírme:-Mira, Yina. ¡Tengo un pene grande!-Louis, Eso no es  interesante. Ven a bañarte.

Su envidiable memoria retoma el tema también en la mesa, halagando esta vez a su padre.-¡Papa! ¡Tú también tienes un pene grande!El tipo me mira. Yo meto la cabeza en mi plato. El tipo se infla el pecho y responde:-Si tú lo dices, hijo mío…

V.Al papá de Louis lo llamo “el tipo” porque nunca me cayó bien. Él predicaba en la mesa la vida de Exupéry, pero no aplicaba en el resto de la casa la filosofía de El Principito. Se ocupaba de cosas serias, como –por ejemplo- la agenda anual que hacía en Excel, dejando a Louis frente al televisor, y arruinando eso que hacía de mi principito un niño único. Todos los días se ocupaba  de dicha agenda de actividades familiares y personales: vacaciones, visitas, compras.  Pasaba todo el año haciendo la agenda anual. Y cuando llegaba el 31 de diciembre, yo me preguntaba qué tipos había hecho ese diablo durante todo el año: fácil,¡la agenda anual!Me caía mal por la paciencia que le faltaba para llevar la crianza en sana paz. Fue por eso que con él me inspiré para estrenar mentalmente una frase: “Con el mismo ímpetu que te quitas los pantalones para hacer a tus hijos, póntelos para criarlos”. Me mareaba que él siempre tuviera mucho que hacer (la agenda anual), para evadir un juego con Louis o las preguntas de Louis. Pero al fin y al cabo su descuido era para mí la oportunidad de pasar más tiempo con mi principito. Cuando el tipo lo rechazaba con un grito, mi caracolito venía a secarse las lágrimas con mis voces.  En momentos como estos, se me arrugaba el corazón pero me volvían a salir huevos.

VI.Y así. El tipo me reventaba los huevos, y Louis hacía que me salieran nuevamente. Solo a este ritmo aprendí a ser madre. Una mamá que canta “Caracolito” y a quien a pocas líneas de terminar este texto, ya no le importa tanto hablar del tipo o de cualquier otro ser que se crea un adulto solo porque se inventa una agenda anual.Ya de ellos, los adultos, se ocupó Exupéry en su libro único, tan único como mi principito. Ahora solo falta hacerle entender a mi madre que ya no debería andar pidiéndome nietos porque el hijo que me hubiera gustado tener lo parió una mujer francesa. Era solo él, mi principito azul quien secaba las lágrimas que me sacaban los adultos con sus actos innecesarios.

Me las secó con inolvidables ocurrencias como meter la cabeza en la espuma de la tina para hacerse una barba; decirme que las nubes eran las montañas del cielo para que yo lo llamara “mon petit poète”; comerse todo su plato de “Omelette à la Colombienne” (invento mío) o del “Monsieur Jambon” (bautizado también por mí), para que yo pudiera leerle un cuento a múltiples voces;  decirle a todos que yo era su Yina y que no me prestaba ni para emergencias; pero sobre todas las cosas, la ocurrencia más sanadora de todas: decirme con su acentillo enloquecedor: “Je t’aime, ma Yina”. Solo él, mi Louis, abría grande sus ojos, para mirarme con el corazón.

Especial para domingo

YINA JULIO ESTRADA

Antoine de saint-exupéry (1900-1944), escritor y piloto. Archivo El Universal
Antoine de saint-exupéry (1900-1944), escritor y piloto. Archivo El Universal
Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News