Nik Wallenda es el rey de la cuerda floja, el rey de los vacíos.
Pocos minutos antes de realizar la hazaña de cruzar el Cañón del Colorado en 22 minutos y 54 segundos sobre una cuerda de 457 metros y 5 centímetros de grosor, Nik Wallenda dijo que se había entrenado para lo peor. Le puso el pecho a la muerte, con el coraje con que siete generaciones de Wallenda han consagrado su vida en el arte de la acrobacia.
Prepararse para lo peor desprovisto de arneses ni redes de seguridad es tal vez el riesgo mortal que ha asumido Nik. Durante cuatro años se preparó para esta hazaña que ningún ser humano había ejecutado. Ni siquiera cuando cruzó las Cataratas del Niágara en 25 minutos, el 15 de junio de 2012.
Para encarar las diversas posibilidades del error, simuló las peores condiciones adversas como intentar caminar en vientos de 80 kilómetros por hora.
Evocó a su abuelo acróbata Karl Wallenda, que a sus 73 años, murió al caer al vacío. En el peor de los casos, él no se agarraría de la cuerda como su abuelo, sino que la abrazaría.
"Rodearé la cuerda con piernas y manos, la voy a abrazar como un abrazo de oso hasta que llegue la ayuda. Los equipos de rescate podrán arribar en un minuto", confesó a la AFP el acróbata estadounidense de 34 años, quien desde los 4 años camina sobre la cuerda floja.
"Confío en mi habilidad. Pero uno tiene que ser particularmente cuidadoso en el aspecto mental. Un acontecimiento mundial como éste es muy desafiante, eso verdaderamente influencia mi estado mental".
Pese a sus convicciones, Nik Wallenda está por encima de las tensiones externas que pueden distraerlo, y mucho menos la expectativa de los televidentes que según él, les encantaría que tuviera un riesgo, “porque eso lo convertiría en un buen show".
"Pero no tengo la intención de terminar así".
Nik Wallenda, miembro de una estirpe de acróbatas desde 1700, mira el vacío con serenidad sin pensar en nada, en el doble equilibrio interior y exterior. Son las emociones oscuras, terribles, devastadoras, tristísimas, desoladoras, las que nos lanzan al vacío, es la conclusión que saco al verlo cruzar ese inmenso vacío que me da vértigo.
Muchos de los ancestros de Nik, tal como lo precisa Wikipedia, han muerto al caminar sobre la cuerda floja en entrenanamientos o realizaciones.
Un hecho excepcional ocurrió en 2011 cuando Nik y su madre, cruzaron el mismo trecho entre dos hoteles en San Juan de Puerto, cruce mortal en 1978 para Karl Wallenda. El acto fue un homenaje a él, y Nick desde un extremo y su madre en el otro, se encontraron en el centro de la cuerda. Ella se sentó para que su hijo pasara, y él pasó, pero trastabilló en el último tramo.
Sobrellevar o darle forma a los vacíos es tal vez la tarea de todos los seres humanos en este planeta, pero Nik ha asumido el desafío de caminar sobre la cuerda floja, desde que tenía cuatro años.
Lo que parecía un juego se ha convertido en un destino en esta estadounidense nacido en Sarasota, Florida, el 24 de enero de 1979.
Ya batió siete récord Guinnes. Dos de ellos los ha ganado al cruzar sobre la cuerda floja las Cataratas del Niágara y el Gran Cañón del Colorado.
Mi alma estaba en vilo mientras Nik cruzaba el Gran Cañón del Colorado. En mi turno nocturno estuve pendiente de la filmación y posterior transmisión de Discovery Channel, pensando en el espíritu de este acróbata inigualable en el mundo.
Cuando tocó tierra. Elevó sus ojos al cielo y evocó a su abuelo. En cada triunfo de Nik hay más de seis centurias de soledad y sacrificio que encaran la vida y la muerte, como dos milagros paralelos.



