Un buen meme tiene los siguientes elementos: sencillez, contexto y, sobre todo, mucho humor.
En Colombia no ha pasado un minuto en la ocurrencia de un hecho de interés general cuando ya tiene su respectivo meme colgado en las redes sociales.
¿O no se acuerda cuando Paulina Vega, antes de ser escogida la mujer más bella del universo, el jurado casi la corcha preguntándole qué podían aprender las mujeres de los hombres?
La barranquillera (no sabemos si la traicionó el subconsciente o qué) contestó: “Es una pregunta muy difícil”.
Esa respuesta inesperada ocasionó cualquier cantidad de memes por las redes y hasta se creó el hashtag #esunapreguntamuydifícil en el que se publicaron cientos de fotos con mensajes sarcásticos y burlescos.
Ella misma un año atrás, en la velada de elección y coronación de la Señorita Colombia, volvió a ser objeto de burlas cuando en la ronda de preguntas finales respondió que “somos mujeres de otro mundo”.
Como esa, hay incontables situaciones que han merecido un meme, como la frase Usted no sabe quién soy yo; la eliminación de Colombia, por causa de Brasil, del Mundial 2014; la paliza que recibió días después ese equipo anfitrión ante Alemania; la derrota del candidato Óscar Iván Zuluaga en las pasadas elecciones presidenciales. En fin...
Para Esther Vargas, docente y máster en Periodismo Digital, el término meme se le atribuye al biólogo Richard Dawkins, en su libro El gen egoísta. Asegura que el fenómeno no es nuevo, sólo que antes tenía otros nombres. De todas las definiciones que existen, se casa con una:
“El meme es una idea que se transmite en la red, y fuera de ella, a un ritmo incontrolable e impredecible. Puede ser una foto, un tuit, un grafiti, un video, una canción, un Gif, una portada, un correo electrónico o un whatsApss”.
Dice Carlos Serrano, director de Estrategia Digital y Contenidos de la Fundación Gabriel García Márquez Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, que este tipo de reproducciones tienen tanta acogida por lo fácil que es crearlos.
“Cualquier persona, con un teléfono medianamente inteligente, puede coger una foto, agregarle texto y ponerla a circular por las redes sociales. Se viralizan fácilmente”.
Los creadores son desde personas sin ningún oficio o carrera profesional hasta políticos, famosos y periodistas. Todos, sin excepción, con algún interés particular: ¿Diversión? ¿Burla? ¿Manipulación?
Una guerra por nuestra atención
El fenómeno es tal que no se reduce a algún país o territorio. Es mundial. Varias personas han decidido escribir sobre él. Una de las más acertadas es la periodista española Delia Rodríguez, quien es su libro Memecracia lo explica como un sistema informativo que no entendemos muy bien, pero que tiene gente detrás que sabe perfectamente cómo se maneja.
“Es un sistema en el que sólo los memes más llamativos son capaces de atraer nuestra atención. He querido darle ese nombre para estar alerta y, si es caso, luchar en contra”, dijo la escritora en una entrevista para Lacaffe.
En el libro se explica por qué personajes como el presidente Barack Obama dan ciertos discursos emotivos, por qué el Papa Francisco se deja retratar de ese modo, cuando otros antecesores no lo habían hecho. Según la española, todos ellos han aprendido cómo secuestrar nuestra atención.
A lo largo de los capítulos se ve que el verdadero peligro de los memes está en el tipo de información que nos lanzan y la forma en que la consumimos sin saber si ha sido premeditada y si responde a otro tipo de asuntos.
“El gran lío de esta memecracia es ese: todo el mundo está luchando por conseguir nuestra atención y, sobre todo, que no nos enteramos de que ese tipo de cosas se están dando. Todos están refinando sus técnicas”.
Se refiere a que la gente que está detrás de todo ese sistema conoce perfectamente los sesgos de nuestra atención: ¿qué vemos más? ¿Después de cuánto tiempo perdemos el interés? ¿A los cuántos segundos de escuchar una información, el oído se aburre aburre o la vista se cansa?
Memetón en Cartagena
Hay dos tipos de nodos que concentran más atención: los famosos y los medios de comunicación. Ambos, al ser filtros y difusores, tienen una gran responsabilidad social, en especial estos últimos.
Por eso, hace unos meses, desde la Fundación Gabriel García Márquez Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), se realizó una memetón en el que se analizó qué lugares tienen los memes en el periodismo de calidad.
Con la participación de la periodista Ester Vargas, directora del portal Clases de Periodismo, se realizó un seminario web de una hora.
La crítica fue dura con los medios. Los usuarios no entendían cómo algunos medios podían hacer pasar por noticia, por ejemplo, los 10 mejores memes de la frase Usted no sabe quién soy, la respuesta de la Miss Universo Paulina Vega, el vestido negro con azul o blanco con dorado, el reciente temblor que sacudió a nuestro país, el reto del cubo de hielo y los miles de errores que comete en sus interlocuciones el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
“Los memes pueden ser el mejor recurso para generar tráfico, pero también ocultan la información que los medios necesitan dar a conocer. Nuestra audiencia espera mucho más de nosotros como medios y periodistas”, asegura Vargas.
Durante el seminario se aclaró que quizá los memes no vayan a matar al periodismo, pero sí se requiere un equilibrio para convivir con ellos y darle a la audiencia información que realmente sirva.
“Los editores encargan a sus periodistas que recojan los mejores memes de tal información y no se dan cuenta de que hay tantos temas importantes por realizar. Puede que sea la cosa más sencilla del mundo: bajarlos de internet, agruparlos en el escritorio y lanzarlos, pero eso quita tiempo. Y por andar haciendo estas cosas, dejamos de contar asuntos importantes que están pasando en el mundo”, remata la periodista.
Lo más grave es cuando la información no es veraz, como el caso del supuesto hombre expulsado de Arabia Saudita por ser demasiado bello, y que fue reproducida por cualquier cantidad de medios de comunicación.
Otra crítica es que los portales web de las distintas regiones cada vez se parecen más. Uno no diferencia si está viendo uno costeño de otro del interior del país. De variedad, poco.
Luego del seminario web se le pidió a toda la gente que se había conectado a la charla que mandara sus memes acerca de cómo veían el periodismo, a través del hashtag #Memetón. Al final, se hizo un compendio con los mejores.
***Así las cosas, señor usuario, esté alerta sobre quién lanza el meme, con qué intención y qué tan bueno es que usted lo comparta.





