Lácides Venera Morillo afirma con vehemencia que es el pionero de los cócteles de camarón en Cartagena. “Y no solo de Cartagena, yo fui el primero que lo hizo para el resto del mundo, porque eso antes no se conocía”, aclara.
Su nombre comenzó a hacerse popular en todos los rincones del Centro Histórico, a partir del 9 de febrero de 1977, exactamente a las 9 de la mañana. Lácides tiene nítido ese recuerdo en su memoria. Justo en ese momento –cuando apenas pasaba por los 26 años de edad– instaló su negocio, la Ostrería El Mar Rojo, junto a la sede del antiguo Banco de Colombia, frente a la Avenida Venezuela, después de una serie de inconvenientes que se transformaron en su fortuna. Ahí sigue desde entonces.
Y su popularidad ya abarcó el plano nacional e internacional. En julio pasado, el hombre de “El Sombrerón”, como también se le conoce a su emblemática ostrería, logró que en Cartagena se estableciera un récord Guinness. En sus manos, y las de su inseparable familia, estuvo la elaboración del cóctel de camarón más grande del mundo.
Pero Lácides quiere ir por más. Con el impulso de tener un récord Guinness encima, proyecta convertirse en la imagen del sector camaronero del país ante el mundo. “Así como lo es Juan Valdez para el café colombiano”, recalca.
Desde la raízEn Damaquiel, un corregimiento de San Juan de Urabá, en Antioquia, nació Lácides Venera. Llegó a Cartagena ocho años después para tener su primer contacto con los mariscos y todos los exóticos manjares que con ellos se pudieran hacer.
“Un familiar recolectaba ostras y puso un negocito de venta de otras. Yo era su ayudante, tenía 9 años. Pusimos una mesita por el Banco Popular, en el Centro. Luego de un tiempo, Rubén Pérez, otro vendedor de ostras, me cedió su negocio por 70 pesos, porque a él no le iba muy bien. Comencé a trabajar solo, me puse a vender ostras a peso y a dos pesos”, recuerda.
Por esos días, el joven Lácides se grabó todos los detalles concernientes a la preparación de los mariscos hasta perfeccionar su técnica y hacerse con el crédito de ser el pionero del cóctel de camarón en la ciudad.
“Vi que además de la ostra, se podía comprar camarón, así como caracol y otros mariscos. Entonces, me fui a comprar caracoles y camarones en el antiguo mercado de Getsemaní y así inventé los cócteles, ya tenía 14 años. Acá no se conocía eso, porque solo se vendía ostra, por eso los negocios tradicionales conservan el nombre de ‘ostrería’, las nuevas sí llevan el nombre de ‘cevicherías’ y ‘coctelerías’. Sin embargo, la gente no dejó de pedir la ostra porque era afrodisíaca, le decían ‘para palo’”, relata entre risas.
Tras laborar una temporada con el coctelero Manuel Cárdenas De Ávila –el fallecido ‘Sincelejo’ y de quien se mantiene el nombre por el reconocido negocio que dejó–, Lácides se independizó definitivamente.
“En el año 75 me separé de ‘Sincelejo’ y puse mi negocio cerca de la Torre del Reloj, donde me pasó lo más lindo del mundo: me sacaron de ese sitio porque tenía un permiso ‘chimbiado’, pero luego tramité uno oficial en la Alcaldía y me reubicaron aquí en donde estoy hoy”, indica.
Y precisamente ahí, cuando el próspero negocio de Lácides estaba en la víspera de completar 50 años de servicio, llegó el reto de su vida.
Un récord de 1.320 kilosArnold Venera es uno de los cuatro hijos de Lácides. Fue quien le dio la idea a su papá para celebrar por lo alto el aniversario 50 del negocio de cócteles de camarón.
“La idea de hacer el cóctel de camarón más grande del mundo nació de una conversación con mi papá, en la que me contaba que el negocio ya iba a cumplir 50 años. Al rededor del negocio ha habido unos elementos generacionales importantes y por eso cumplir 50 años era algo valioso, por lo que había que hacer algo significativo. Entonces le dije a mi papá: ¿Por qué no hacemos el cóctel de camarón más grande del mundo?... sin pensar en lo que realmente eso sería”, revela Arnold.
Comprar el libro de los récord Guinness en una librería local y contactar por correo electrónico a la organización a cargo de establecer las más impresionantes marcas mundiales, fueron los primeros pasos para concretar el sueño. Luego que Guinness World Record aceptara la solicitud de Lácides para intentar romper una marca mundial a punta de camarón –que ya había sido establecida en Holanda y México–, la organización les asignó un asesor que los acompañó en todo el proceso.
“En el proceso de preparar nuestro récord, nos avisan que en San Fernando (un municipio del estado de Tamaulipas, en México), ya tenían todo listo para lograr un tercer récord del cóctel de camarón más grande del mundo. Entonces, mi papá y yo nos fuimos a México a presenciar eso. La Alcaldía de Cartagena nos respaldó con unas cartas institucionales que nos acreditaban como personas que íbamos con una misión específica. Cuando regresamos, ya teníamos más claro lo que íbamos a hacer”, explica Arnold.
En 1.300 millones de pesos estaba presupuestado el proyecto inicialmente, por lo que este se hacía más complejo de concretar para los Venera. “Empezamos a tocar puertas y a ajustar el presupuesto, dejándolo en 496 millones de pesos. Y seguía siendo un proyecto muy ambicioso”, dice.
Aunque el día que se cumplió el récord solo bastó poco más de una hora para elaborar el cóctel de camarón de 1.320 kilos, la preparación para este proyecto alcanzó los dos años.
“No fue fácil convencer a los empresarios y a las instituciones que participaron. Siempre preguntan que cuánto se gana uno por eso, cuando acá solo se recibe un certificado, pero de ahí en adelante vienen muchas cosas. Nuestra meta en el largo plazo es lograr que mi papá y la ostrería sean la imagen del sector camaronero colombiano, así como Juan Valdez lo es al sector cafetero. Esa es nuestra apuesta, nosotros creemos que Lácides Venera Morillo y El Sombrerón Ostrería pueden ser la imagen del sector camaronero del país”, cuenta convencido Arnold.
Ahora, Lácides y su familia están viviendo el “postguinness”, recuperándose económica y físicamente, pero seguros de que en pocos años superarán su propia marca, pero con más elementos a su favor. Uno de ellos, quizás el más importante a su juicio, la confianza de la gente.



