comscore
Facetas

La vida que cambió María

Compartir

Detrás de esa mujer segura y convincente, que habla con mucha pasión frente a otras cien en un taller, hubo por varios años una persona dependiente, controladora, depresiva, con baja autoestima. Era brillante en su trabajo, esa era su obsesión y allí se refugiaba para escapar de sus frustraciones emocionales.

María Alejandra González Gutiérrez nació hace 30 años en Cartagena y cuando apenas tenía cuatro, sus padres se separaron. Es ahí donde empieza la historia de una niña rebelde que no entendía cómo funcionaba el amor. Su padre se ausentó por completo y su madre padecía trastorno afectivo bipolar. Muchas veces estuvo separada de su mamá y de su hermana porque la situación económica las obligaba. No tenían dinero para pagar un arriendo y les tocaba repartirse en casa de tíos o conocidos, así que empezó a trabajar muy joven para sostenerse.

María terminó su bachillerato antes de los 16 años y se matriculó en una universidad privada a estudiar comunicación social, la carrera que soñaba, aunque solo pudo cursar el primer semestre. La carrera era muy cara.

Entonces buscó una institución menos costosa y a distancia e ingresó en administración de empresas porque consideró que con esta profesión era mucho más fácil conseguir empleo, sin embargo, casi siempre buscaba trabajo en medios de comunicación. Estuvo en Radio Tiempo y Canal Cartagena y después se fue a Bogotá con una empresa de entretenimiento, donde empezó tirando cables en producciones para Señal Colombia y para el programa Plaza Sésamo. Desde allá seguía estudiando, pero a veces le tocaba dejar pasar un semestre porque no le alcanzaba el dinero, incluso, ni para pagar un lugar decente para dormir. “No me apoyaba nadie y no me importó dormir en un centro comercial o en una casa sin techo. Descubrí algo en mí y era esa mujer que no tenía límites, esa mujer que se quería comer Bogotá y el mundo entero, que tenía hambre de vida”, dice.

Esa misma compañía le dio la oportunidad de convertirse en asistente de gerencia. María apenas tenía 18 años y allí empezaría a ascender hasta alcanzar un cargo que la llevó a México, el lugar donde descubrió otra vida. En ese país se casó, se graduó como administradora de empresas gracias a otra universidad y siguió creciendo laboralmente. Ganó becas y ocupó altos cargos, pero en el amor no pasó igual. “Yo había conocido un modelo de matrimonio errado y tóxico, el de mis papás, y cuando empecé mi matrimonio pensaba que era normal que mi esposo me fuera infiel. Cuando mi esposo no llegaba a dormir también pensaba que era normal. Cuando abusaba de mí económicamente también. Entonces, cuando me di cuenta de que no era normal y vi que no era lo que quería para el resto de mi vida me pregunté: ¿qué es lo que está pasando? Y empecé a planear estratégicamente mi separación. El día que me separé dejé de llorar”.

Había tocado fondo. “¿Para dónde iba? Ya estaba lo suficientemente gorda, llegué a pesar 122 kilos, por la ansiedad. Estaba jodida emocionalmente porque ya no tenía una relación con mi esposo, él ya tenía todas las mujeres que quería. No tenía una buena relación con mi mamá. No tenía una buena relación con mi papá. No tenía una buena relación ni con mi hermana. En general, mi única parte positiva era la laboral. Mi obsesión era el trabajo, yo era brillante en el trabajo, y allí era donde me refugiaba”.

Un nuevo comienzoMaría se dedicó a bajar de peso, a meditar sobre su vida. Superó sus miedos, dejó atrás su rabia contra el mundo. Sin darse cuenta, implementó una metodología de autogestión que le permitió renunciar a todo lo que la perturbaba. “Mis compañeros siempre me decían que yo era motivo de inspiración, así que cuando me separé empecé a estudiar y a certificarme como coach, en terapia cognitivo conductual, en psicoanálisis, intuición, y es cuando vi que a cualquier mujer le pasaba lo que yo viví. Ahí decidí ayudar a las mujeres del mundo, porque es necesario. Y me incliné por el coaching, porque es una herramienta y una metodología que ayuda a las personas a tener mucha más conciencia de cuál es ese proyecto inconsciente que vienen arrastrando, para que haya un despertar de conciencia y puedan lograr metas y superar obstáculos mucho más rápido”.

María&VidaEntonces juntó su historia personal con todo su conocimiento. Comenzó a combinar todo lo que le sucedió y las herramientas que usó para crear María&Vida, que inicialmente fue una página en Facebook donde escribía sobre su proceso para llegarle a otras mujeres, y ahora es una organización en la que entrena a mujeres de todo el mundo para “autogestionar su existencia de manera efectiva, en cualquier rol que desempeñe”.

“Últimamente me han preguntado si yo empodero, pero yo no empodero, porque el error del empoderamiento es que a ti te empoderan pero cuando tienes una situación difícil no sabes qué hacer. En cambio, cuando tu conciencia despierta, cuando tú miras hacia atrás y empiezas a desnudarte contigo misma, entiendes el porqué de las cosas y encuentras la fuente de poder interna que tienes, eso se vuelve sostenible, porque las herramientas son tuyas”.

Ahora, en María&Vida son dos mujeres con ganas de ayudar a otras. A María se sumó una amiga que ha puesto orden a este proyecto. Alexandra Clavijo, comunicadora social especializada en cooperación internacional, le ha dado ese enfoque para que la organización tenga un impacto mundial, alineado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, en relación con el empoderamiento de las mujeres y las niñas del mundo. “Si trabajamos en el ser de la mujer, vamos a bajar los índices de divorcio, vamos a tener niños mejores educados, podemos tener mejores comunidades y por tal motivo mejores gobiernos”.

Estas dos mujeres quieren recorrer el mundo para seguir contando casos de éxito como el de una mujer que dejó sus miedos y arrancó su proyecto de emprendimiento, o como aquella que después de más de 20 años de casada, iba a firmar su separación y por el contrario reinició matrimonio. De eso se trata María, el nombre genérico de una mujer, y Vida, la vida en todos sus roles.Esta cartagenera convirtió su historia personal en una herramienta para ayudar a otras mujeres. Hoy es guía y acompañante de autogestión femenina y con su organización quiere llegar a todos los rincones del mundo.

Además de liderar su propia organización, María Alejandra González Gutiérrez es consultora y coach de cabecera de varias empresas. //FOTO: LUIS APARICIO- EL UNIVERSAL.
Además de liderar su propia organización, María Alejandra González Gutiérrez es consultora y coach de cabecera de varias empresas. //FOTO: LUIS APARICIO- EL UNIVERSAL.
Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News