comscore
Facetas

Conozca la vida de un lotero llamado Santander

Su nombre completo es Santander Rodríguez Ortiz y espera vender el premio mayor con serie para conseguir su casa propia.

Conozca la vida de un lotero llamado Santander

Santander Rodríguez Ortiz, vendedor de lotería. // Foto: Julio Castaño.

Compartir

Muchos transeúntes habrán escuchado la voz de Santander Rodríguez Ortiz romper el silencio de la plaza de La Aduana mientras grita los números de la suerte, pero pocos conocen la historia del día que estuvo a punto de apagarse.

Día: 14 de enero. Año: 2020. Santander había llegado, como siempre, a las 8 de la mañana para montar su negocio en los pasillos del edificio donde funciona el banco BBVA, justo en la esquina de la Calle Cochera del Gobernador. Lea aquí: Muletas, la petición que hace Yulissa.

El reloj marcaba las 12:40 de la tarde cuando ocurrió. Un ruido, un estrépito que hizo eco y se apoderó de la plaza de La Aduana: el techo de uno de los balcones del edificio donde estaba nuestro amigo Santander. “Compa, ni yo mismo me acuerdo de por qué me cambié de puesto días antes y me puse preciso en la zona de cajeros. Ese mediodía todo iba muy bien y cuando vi fue que lentamente se iba cayendo un palo. Después, un poco de tierra, piedras, bastante polvo, enseguida otro pedazo de palo venía para encima, y yo estaba a unos dos metros”, recuerda. Parece como si estuviera sintiendo otra vez aquel “susto maluco”. “Gracias a Dios, ¡me salvé!”, agregó.

Santander forma parte de las 17.106 personas con discapacidad que el Distrito de Cartagena tiene registradas y de los quién sabe cuántos vendedores que se ganan la vida rebuscándose en el Centro Histórico. Lleva 26 años trabajando de manera informal.

4

años tenía Santander Rodríguez Ortiz cuando dejó de caminar.

Las muletas, y la esperanza de conseguir lo suficiente para comer en un día, acompañan a este hombre todos los días desde hace muchos años.

Santander nació en Chambacú, luego su familia se mudó a San Francisco y recuerda que solo caminó hasta los 4 años (hoy tiene 52). Su mamá le contó que todo empezó con una fiebre alta, acompañada de dolencias musculares, que lo mandaron a la cama por cuatro días. Los médicos que lo atendieron le diagnosticaron poliomielitis y dijeron que, como consecuencia de aquella enfermedad, el pequeño Santander tendría que usar muletas por el resto de su vida.

Una vida que todos los días comienza a las 5:30 de la mañana en la casa de tabla que él habita en San Francisco. A esa hora despierta y comienza la misma travesía de siempre: llegar hasta la vía principal del barrio, a eso de las 7 de la mañana, para esperar un colectivo con el espacio suficiente para él y sus muletas. Su siguiente parada es el barrio San Diego, en el Centro Histórico de la turística Cartagena.

“Siempre le pido a Dios que ilumine a los compradores para que se ganen el premio y así poder tener una vivienda, tal como me la prometen los que a diario llegan a mi puesto a probar suerte”.

Santander Rodríguez.

Una vez en San Diego, debe arreglárselas para llegar hasta la agencia de juegos de azar donde recibe el producto que venderá en el día y desde allí va a la plaza de La Aduana. Una vez instalado en su “puesto de trabajo”, saca de su morral su fiel radio y pone a sonar La Cariñosa para escuchar las noticias. Después, se pasa a La Reina para vender al ritmo de vallenatos.

Y así, entre música de acordeones y una suerte casi siempre esquiva, se la pasa los días: hay unos buenos y otros no tanto, pero, por lo general, alcanza a hacerse unos 30.000 o 40.000 pesos. Todo depende del ánimo y del bolsillo de los clientes. Eso le alcanza para alimentarse, transportarse y para pagar el arriendo de la casa de tablas.

Por su “oficina” han pasado alcaldes como Carlos Díaz, Alberto Barbosa, Guillermo Paniza y Nicolás Curi, pero ninguno de ellos se ganó la lotería de la mano de Santander. “Algunos me llamaban el salao -menciona el lotero-, pero yo siempre aprovechaba el momento y les pedía ayuda para poder entrar en alguno de los programas de vivienda, pero ninguno se comprometió. Manolo Duque fue el único que se me acercó una vez cuando se posesionó y me dijo: ‘Vamos a ayudarte con la casa’. De ahí, nada más”.

“Quiero vender la suerte”

Santander quisiera tener una casa más cómoda donde vivir, una segura, para que nadie le robe el televisor o el DVD, como ya le pasó. Y aguarda una esperanza: un día, venderá el premio mayor con serie a alguno de sus clientes y entonces, ese día glorioso, ese cliente le regalará una casa. Muchos se lo han prometido y él espera, o quiere confiar, en que le cumplirán.

Santander Rodríguez siempre se sienta frente a la plaza de la Alcaldía a vender lotería.

“Siempre le pido a Dios que ilumine a los compradores para que se ganen el premio y así poder tener una vivienda, tal como me la prometen los que a diario llegan a mi puesto a probar suerte. Ojalá, que no ocurra como con los alcaldes que han visto mi discapacidad y no se preocupan por tenderme una mano”, dice. Este resalta que ha vendido nueve veces el premio mayor, pero sin serie. El último fue en julio de 2021, con el número 2915. Todavía espera que el cliente aparezca con la propina.

Hace diez meses Santander se convirtió en papá y dice sentirse orgulloso de su hijo Alexander. También guarda en su corazón la esperanza de poder sacarlo adelante y ayudarlo a convertirse en un hombre de bien.

// Foto: Julio Castaño
// Foto: Julio Castaño
Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News