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Rafa Vergara, el gran amigo que acaba de partir

Para mi fortuna, le caí en gracia y nos conectamos de una manera especial, al punto que nunca más nos alejamos ni tuvimos diferencia alguna.

Rafa Vergara, el gran amigo que acaba de partir
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Lo conocí en el campo del servicio oficial. Guillermo Paniza tuvo la idea conformar un gabinete de jóvenes profesionales que teníamos en común nuestra pasión por Cartagena, energías a borbotones... y cero fogueo público.

Le agregó al novel gabinete algunos nombres con experiencia o reconocimiento. De entre estos se destacaban Judith Pinedo Flórez y Rafael Vergara Navarro. Ella, en el cargo de secretaria de Participación Ciudadana; Rafa tendría a su haber la creación de un departamento administrativo para preservar el medioambiente. Lea aquí: Luto en Cartagena: murió el ambientalista Rafael Vergara

Como el alcalde Paniza, elegido contra las maquinarias, no encontraba nombres para ocupar distintas dependencias distritales, me encargó de varias de estas. Por mi falta de conocimiento en lo municipal, le encomendó a Rafa que me apoyara. Bajo esa consigna me lo presentó y lo conocí en el Despacho del burgomaestre. Nunca le había hablado antes, pues en la campaña no participé para nada debido a mi condición de subdirector de El Universal. Por esa misma razón, sabía de su participación en el debate político y de su reconocida condición de integrante del M-19, movimiento guerrillero que para ese entonces había pactado la paz con el Estado.

Para mi fortuna, le caí en gracia y nos conectamos de una manera especial, al punto que nunca más nos alejamos ni tuvimos diferencia alguna; eso, 23 años después, pocas semanas antes de su partida, nos permitió llamarnos hermanos en la privacidad de su acogedor apartamento marinero, romántico y bohemio de Crespo.

Por supuesto, tuvimos que pasar y compartir coyunturas complejas, como la vez que, tras un duro debate en el Concejo Distrital, miembros del sindicato de Telecartagena que se oponían a la cesión de las acciones del Distrito a Telecom se apostaron a las puertas del edificio para impedir nuestra salida y forzarnos a escapar por las techumbres hacia la sede de la Gobernación, en el Palacio de la Proclamación.

Como meses antes, él, con miembros del sindicado de las extintas EPM, había forzado a varios concejales del anterior periodo huir por las puertas traseras, sabía que sería una afrenta a su dignidad, pero también a la de quienes encarnábamos la autoridad en el Distrito. Decidimos salir por entre la enardecida muchedumbre que lanzaba objetos contundentes, uno de los cuales golpeó a Rafa, por suerte, sin mayores consecuencias.

Como ese, hubo más incidentes en los que compartimos el coraje y las convicciones.

Para no quedar inhabilitados, renunciamos a tiempo de nuestros cargos; él, como director de su creación, el Damarena, desde la que volvió oficial sus luchas por la defensa del medioambiente, plataforma que convirtió en templete desde el que promulgaba consignas que nos fueron enseñando a muchos, poco a poco pero con persistencia, que no éramos los reyes de la naturaleza con derecho a abusarla y dañarla, sino que, como el mensaje de San Francisco, somos hermanos del sol, de la luna, del mangle, de los caños y de los corales.

Rafa probó su nobleza mil veces. Fui testigo de varias de sus gestas silenciosas, pero también de aquellas que lo enfrentaron abiertamente a los más encumbrados poderes.

No tuvo empacho en sobreponerse a sus temores por la defensa de sus convicciones. Esta conducta consistente, íntegra y virtuosa le mereció la admiración incluso de sus contradictores, de quienes se granjeó el respeto a pesar de la afectación a los intereses que les propinaban sus embates jurídicos y mediáticos sin vacilaciones.

Como nunca confundió el reproche a la conducta perniciosa o proterva con la persona que la cometía, hasta sus adversarios le expresaban trato cortés y consideración, lo cual le permitía moverse sin prevenciones por toda la ciudad entre las gentes que, mayoritariamente, le reconocían, apreciaban y profesaban cariño.

Mientras se esforzaba en defender a través de persistentes batallas la casa común, nos enseñaba que nuestra especie no tiene futuro si no protege al medioambiente. Esas luchas me llevaron a bautizarle en mi corazón como un apóstol de la naturaleza, tras una de las tantas discusiones que manteníamos en lo que más nos diferenciaba: mi convicción de que somos hijos de Dios, en tanto que para él su fe se soportaba en su “Pacha mama”. Le puede interesar: Rafael Vergara: la historia del activista que luchó por los derechos

Los años fueron pasando; me mostró su profundo amor por sus hijos y me hizo quererlos, singularmente a Saia, su amada Saia, quien tenía el poder de aquietarlo y devolverle la alegría en sus horas bajas. Con los dos compartí varios momentos de armonía familiar, en los que disfruté de las lecturas de sus poemas y composiciones siempre profundos y carnales, de esos que solo pueden ser forjados por almas bien puestas, finas y cultas.

Vi, con discreto dolor, cómo se iban apagando sus fuerzas físicas, que apresaban el carácter de un hombre al que le faltaba vida para continuar con sus gestas.

Pero vino el premio que esperaba: ver a uno de los suyos caminar junto a generales y almirantes como comandante supremo de las Fuerzas Militares. Cometí el error de decirle que ya podía partir tranquilo, pero no pude evitarlo pues su vida fue signada por el sueño de llevar al solio de Bolívar a quien encarnara lo que él llamaba el poder popular.

Mi última conversación con Rafa fue el pasado lunes de fiesta. Me compartió la que sería su postrimera carta que no alcanzó a enviar. Su contenido es apenas otra prueba de su carácter y sentido de la más exquisita dignidad. He pedido autorización de Saia para publicarla, pues es tal vez el último testimonio de su grandeza; sirve, a su vez, como ejemplo de decencia en tiempos en que impera la medianía.

La carta de Rafa completa

Rafa fue un ser hermoso. Estaba enamorado del amor; y como le sobraba, lo esparció también a la naturaleza. No solo le agradezco su amistad cómplice; también por haberme transmitido que somos inescindibles de la madre tierra.

¡Hasta siempre, querido hijo ilustre de Cartagena! Lea además: Terraza del Espíritu del Manglar llevará el nombre de Rafael Vergara

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