Del bullying a la fama: la historia detrás del único cartagenero en ‘Yo me llamo’

13 de octubre de 2019 09:00 AM

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Las luces del set se encendieron, iluminando a una multitud y a 3 reconocidos personajes de la televisión: Amparo Grisales, Jessi Uribe y César Escola, que miraban fijamente el rostro de un soñador joven que por segunda vez se presentaba en ‘Yo me llamo’, aquel reality que siempre vio como un sueño y que hoy se volvía realidad.

(Lea aquí: El cartagenero que se volvió tendencia por su voz en ‘Yo me llamo’)

El escenario quedó en silencio cuando él comenzó a cantar ‘Ombra Mai Fu’, del contratenor francés Philippe Jaroussky, a quien imita casi que perfecto. Los jurados, sorprendidos por el talento del joven, marcaron las tres estrellas verdes: le otorgaron un cupo en la escuela y él, entre lágrimas, comenzó a evocar cada uno de los momentos en que le dijeron “no” y en los que niños, jóvenes y hasta adultos se burlaron de él.

(Vea aquí: [Video] La increíble voz que interpreta a Phillippe Jaroussky en “Yo me llamo”)

“Todos se ríen de mí porque soy diferente, pero yo me río de ellos porque son iguales”, es la frase con la que Juan Pablo Cabarcas Guzmán comienza a contar su historia a El Universal.

Tiene 21 años, vive con sus padres en la urbanización Castillete, a la altura de los Cuatro Vientos, y es el único cartagenero participante en ‘Yo me llamo’, el programa de imitadores más famoso de Colombia. Hace tres años comenzó con furor su carrera musical en la Institución Universitaria Bellas Artes y desde ese momento no ha dejado de aprender e interpretar.

“Descubrí que el canto era lo mío cuando salió la novela de ‘La hija del Mariachi’. Yo me ponía a cantar en el baño y me decía a mí mismo: ‘Yo canto bonito’, pero nadie sabía de mi habilidad”, dice.

La vida de Juan Pablo no ha sido fácil. Entre luces, micrófonos, música y cámaras se esconde una historia de terror que solo hasta ahora puede contar tranquilo, y aunque en ocasiones se le escapa una lágrima, él asegura que es de felicidad: aprendió lo suficiente para cumplir su sueño.

Cuando tenía 17 años ingresó a una universidad privada de la ciudad a estudiar Ingeniería Industrial, carrera escogida por su padre, pero que se terminó convirtiendo en un caos.

Su voz tiene un toque particular, “es suave y un poco femenina”, pues sus pliegues vocales no se desarrollaron completamente y su laringe no descendió ni creció, como normalmente ocurre, por lo que todo el tiempo Juan Pablo era motivo de burlas por no tener el tono grave que los demás hombres sí tenían.

Se sentía solo, con el autoestima baja y no veía razones para vivir. La tristeza inundó tanto al joven que se deprimió e intentó quitarse la vida dos veces.

“Llegaba de la universidad y me encerraba a ver videos de música. No tenía con quien hablar, pues todos me rechazan por mi voz, hasta que entré a Bellas Artes, donde lo que había sido siempre mi motivo de tristeza se convirtió en mi más grande fortaleza, pues gracias a mi voz pasé y ya estoy en séptimo semestre de música”, recuerda Juan Pablo.

Lo trataron de loco, pero eso lo llenó de fortaleza para crear su personaje y proyectar su voz, y aunque pasó por varios ritmos, descubrió que su fuerte es la ópera, pues tiene una voz de contratenor, voz masculina de tono agudo, en la que trabaja todos los días para mejorar.

Hoy hace parte del reconocido coro ‘Voci del Mare’, su segunda escuela, pues afirma que la primera es Bellas Artes, donde ya tiene amigos que lo impulsan y lo elogian a diario. Gracias a ellos se presentó en ‘Yo me llamo’ la primera vez como Ana Torroja, pero no pasó.

“La primera vez me presenté como Torroja en Barranquilla, porque siento que mi voz se asemeja a la de ella, es así de suave. Sin embargo, creo que un problema con el micrófono, que fue cambiado a última hora, me jugó una mala pasada”, explica Juan sobre su primera audición en el programa musical.

Lloró hasta decir no más cuando escuchó el no, pero fue su madre quien lo convenció de probar por segunda vez en Bucaramanga, imitando al contratenor francés con el que disputará un cupo a la gran final.

Sin duda, la vida de Juan Pablo cambió este 2019. Atrás quedaron el bullying, la tristeza, las burlas y la soledad, y llegó la confianza en sí mismo. Su autoestima ya no es un problema, ahora piensa en ganar el reality, en crear una fundación para ayudar a músicos a crecer, en grabar algunos boleros y, si tiene suerte, en entrar al mundo de la actuación, otro de sus sueños.

“Mi voz es una particularidad de Dios. Son cosas de la naturaleza que uno no tiene manera de explicar, pero son divinidades del que nos creó. Él tiene un propósito con cada persona y sé que conmigo tiene el mejor de todos, pero hasta ahora lo estoy descubriendo. Este es mi don y quiero aprovecharlo”, concluye.

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