El segundo bautizo de la música africana en el Caribe colombiano

20 de enero de 2019 12:00 AM
El segundo bautizo de la música africana en el Caribe colombiano
En los 90, el productor de champeta criolla, Yamiro Marín, también viajó a Sudáfrica, Francia y Portugal a buscar música para el picó Rey de Rocha.//FOTO: NAYIB GAVIRIA - EL UNIVERSAL.

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Hace varios años, con el auge de la música africana en el Caribe colombiano, los picoteros borraban los sellos de los discos de larga duración (LP o Long Play, en inglés) o botaban sus carátulas para lanzarlos como exclusivos y así evitar que otros los encontraran.

El investigador Nicolás Contreras, en su artículo ‘Champeta/terapia: más que música y moda, folclor urbanizado del Caribe colombiano’, publicado en la revista Huellas, de la Universidad del Norte, en 2003, explica que “las grandes máquinas de sonido (o picós) en los 60 son los aliados de la salsa dura, y a partir de los años 70 se convierten en aliados incondicionales en la difusión de la música africana, que a finales de esa década comienza a ser nombrada como champeta, y a comienzos de la década de los 80 como terapia”.

Que toda esa variedad de ritmos africanos haya llegado al Caribe colombiano se le debe a una cantidad de navegantes. “La música entraba por los puertos y nosotros lo teníamos aquí, donde quedaba el mercado público, que era un puerto. Muchos señores iban directamente a París a comprarla”, afirma Juan Carrasquilla Maciá, docente de Idiomas de la Universidad de Cartagena, musicólogo y conductor del programa ‘Lingala Caribe’, de UdeC Radio, que reúne distintas vertientes musicales de África y el Caribe.

Contreras dice en su texto, de acuerdo a sus indagaciones, que “a las tornamesas del picó El Sibanicú, del desaparecido Virgilio Charris, llegó a través de Luis Corrales, directamente el primer disco de África, el ‘Cucu’, el cual es llevado meses después a Cartagena, donde se bautiza como ‘El Indio Mayenye’ (o ‘Mayeye’)”. Y en eso coincide Julio Pájaro Acosta, propietario del picó El Guajiro, quien asegura que el primer picó que trajo música africana a La Heroica fue El Ciclón.

El poder que significaba tener un éxito exclusivo, una canción que no tuviera el picó rival, llevó a personajes como Osman Torregrosa y Donaldo García, en Barranquilla; y Jimmy ‘Melodía’ Fontalvo y Humberto Castillo, en Cartagena, a viajar a las Antillas, París o África a buscar música.

Pero algo muy interesante ocurrió en toda esta acogida de la música africana en Cartagena y Barranquilla: todas esas canciones, traídas de Senegal, Congo, Angola, Costa de Marfil, Nigeria, entre otros, y más adelante desde Sudáfrica, escritas y grabadas en lenguas africanas, francés o inglés, fueron rebautizadas. “De acuerdo a los sonidos onomatopéyicos, a lo que muchos creían escuchar o entendían, así le ponían el nombre a los temas”, explica Carrasquilla.

¿Quién no recuerda el popular ‘Akien’?, que se llama Aki Special y es del artista Prince Nico Mbarga. ¿Quién no corea el ‘Mamo gallo’?, cuyo título es Mambo bado, de la agrupación Makassy Orchestra. O ‘La bollona’, que realmente fue nombrado como Mobali Na Ngai Wana y lo canta la congoleña M’bilia Bel. La lista es larga.

“Ante el desconocimiento de las lenguas coloniales y nativas del Gran Caribe, Brasil y África, los picoteros dieron lugar a un curioso caso de etimología popular, tomando como referencias la homofonía de las líricas y las ilustraciones de las carátulas. En algunos casos — como diría Ferdinand de Saussure— se procedió por la funcional arbitrariedad del signo y, así, canciones de Golden Sound, como Zangalewa, se nombró como ‘El Sacalengua’ y ‘El Militar’ (por la ilustración de la carátula); ‘Mister Bissessar’, de All Star Tassa Boys, de Trinidad, se convirtió en ‘La Mazorca’ (por la frase Shallem me Socca); Cacada o Cacería, del brasileño Chico Buharque, se convirtió en ‘La Casa’ y Yamba N’gai de la congolesa M’Bilia Bel se bautizó con el nombre de ‘El Mañoso’”, agrega Contreras en su texto.

También está ‘Ulises’ (Vulindlela, de Brenda Fassie), ‘La muha’ (Awuthule Kancane, Mahotella Queens), ‘El alambre’ (Nakel Nairobi, Mbilia Bell), ‘Salud Salud’ (Pitié je veux la réconciliation, de Bopol Mansiamina), ‘El ején’ (Help Yourself, de Super negro bantous), y muchas otras.

“Los artistas cantaban en su lengua africana o en francés, pero si el disco decía alguna palabrita que parecía español ya quedaba bautizado con ese nombre. ¡Vea!, y esos nombres los ponían más los bailadores que los mismos dueños de picós. Yo nunca me aprendí los nombres de las canciones porque eran muy difíciles de pronunciar, yo terminaba llamándoles como les ponían”, dice Julio Pájaro.

Yamiro Marín Arias, productor de champeta criolla, quien viajó en los años 90 a Sudáfrica, Francia y Portugal a buscar música para el picó El Rey de Rocha, dice que lo que se goza de esas canciones africanas en la Costa colombiana es el ritmo musical y no lo que dicen sus letras. “A la canción ‘Mamema’ le pusieron ‘La Mencha’ porque en ese entonces daban esa novela (‘Gallito Ramírez’, protagonizada por Carlos Vives y Margarita Rosa De Francisco). El de ‘La porcelana’ (Ma We, de Lutchianna Mobulo), no sé por qué le pusieron así, eso se lo puso el difunto ‘Pilo’, que tenía el almacén de discos ‘Pilo Discos’ en El Colmenar, en ese entonces. Hay muchas canciones en las que la gente entendía una cosa y las nombraba de esa manera, y a la gente le importaba era bailar. Usted pone el ‘Akien’ o ‘Salud Salud’ y se paran a bailar enseguida. El ritmo como tal es el que gusta”.

Mientras, Carrasquilla Maciá apunta que esos nombres populares “desvirtúan” la música y que ahora, gracias al Internet, podemos empaparnos de lo que hace muchos años atrás no conocíamos, Yamiro insiste en que lo más importante es que “la música africana sigue viva en la Costa colombiana y en Cartagena”, y que eso se demuestra cada fin de semana con los eventos de máquinas veteranas como ‘El Conde’, ‘El Parrandero’, ‘El Sabor Estéreo’, ‘El Guajiro’ y muchos otros que sobreviven y se resisten a olvidar aquellas noches de verbena de la tradición picotera.

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