Facetas


Enrique Caviedes: Cartagena, una historia en versos

Acaba de aparecer en el panorama literario el libro ‘Poetas y poesías a Cartagena de Indias’ (Antología), compilado y seleccionado por Enrique Caviedes Hoyos, publicado por Casa Editorial. Reúne a 116 autores que le han escrito poemas a Cartagena y abarca 518 páginas.

GUSTAVO TATIS GUERRA

17 de enero de 2021 08:50 AM

Es tal vez Cartagena de Indias la ciudad a la que más poemas se le han escrito en más de cuatro siglos, desde que Juan de Castellanos (1522-1607) la describió en el más largo poema en lengua castellana, Elegías de varones ilustres de Indias, como tierra “de gente bien dispuesta y pura desnudez su vestidura”.

Pero desde aquella hazaña de Castellanos, que dejó su espada por la cruz, el soldado que se bajó de su caballo para ir al altar convertido en sacerdote, abrió, con su libro de 113.609 versos, el camino para que Cartagena de Indias no dejara de ser nombrada por sus poetas, desde el alba del siglo XVI hasta nuestros días.

Luego vendría Hernando Domínguez Camargo (1606-1659) a perpetuarse en un verso a Cartagena de Indias: “Un párpado de piedra bien cerrado” o “Sediento imán de inquietos mares”; José María Heredia (1842-1905) “Ciudad triste, ayer reina de la mar”; Luis Carlos López (1879-1950), “Noble rincón de mis abuelos” o una espina legítima que no termina de sacudirnos: “Caterva de vencejos”, “Vivir en la atonía de lo incurable bajo la risueña ironía de un cielo azul, de un cielo siempre primaveral”; Abraham Zacarías López Penha (1865-1927): “La ciudad heroica, la desolada señora del mar”; José Santos Chocano (1875-1934): “Cartagena de Indias, la perezosa voz de tus palmeras y el escándalo eterno de tus olas”; Jorge Guillén (1893-1984): “Cartagena de Indias, patios profundos de otra Andalucía más festiva, más clara”; Félix Turbay (1930-2013): “Cartagena fue creada cuando Dios era marinero”; Jorge Artel (1909-1994): “Parece que la brisa tiene un leve llanto de palmeras”; Leonidas Otálora Gómez (1918-2003), junto a la música de Adolfo Mejía, a dos manos, surgieron estos versos que siguen resonando con su música: “Cartagena, brazo de agarena, canto de sirena que se hizo ciudad”; Meira Del Mar (1922-2009): “¡Ay, Cartagena de Indias, bien nacida y bien nombrada/ he de tejer un romance/ para tu sien levantada!”... Las páginas de estas Facetas no alcanzarían para seguir nombrando este embrujo con nombre de mujer al pie del agua, “aroma de trupí después del vendaval”, como dijera Felipe Santiago Colorado.

¿Cómo surgió esta iniciativa de compilar la poesía escrita sobre Cartagena durante más de cuatro siglos?

-Hace diez años publiqué un libro sobre canciones a Cartagena. A raíz de eso, surgió el interés por reunir en un libro las incontables poesías que se le han dedicado a Cartagena, no solo por nativos, sino por extranjeros que han quedado fascinados con el paisaje o la historia de la ciudad, y empecé a recopilar toda la información.

¿Qué tiempo consagró en esta recopilación de poemas?

-Tardé más o menos dos años. Me metí de lleno en la elaboración del libro a partir de 2017. Lo terminé a finales de 2019, pero, por los problemas de la pandemia, la impresora lo terminó a finales del 2020.

¿Qué materiales y antologías fueron básicas para este trabajo?

-Hay un amplio material de investigación y consulta que aparece en la bibliografía, al final del libro. Una de esas consultas imprescindibles fue Elegías de varones Ilustres de Indias de don Juan de Castellanos; Poemas en Alabanza de los defensores de Cartagena de Indias en 1741, de fray Felipe de Jesús y anónimos; El Sitio de Cartagena de 1885, narraciones históricas y descriptivas en prosa y en verso, de José María Samper Agudelo (1885); Antología Poética de Cartagena, del presbítero Camilo Villegas Ángel (1946); Antología de poetas cartageneros, de Roberto Arrázola Caicedo (1961), y Poemas que cantan la gloria y el heroísmo de Cartagena de Indias, de Jocé G. Daniels (2007). Fue significativo también el libro Bibliografía General de Cartagena de Indias, de Camacho-Zabaleta-Covo (tres tomos); el libro Poesía, de Carmencita Delgado de Rizo, los documentos del Primer Concurso Nacional literario de Cartagena (1949), entre otros. También la consulta de los poemarios completos de Luis Carlos López, Jorge Artel, Donaldo Bossa Herazo, Josefina Tono de Covo, Raúl Bernett y Córdoba, Teófilo Quintero de Fex, Marcia Abril, Manuel Benito Revollo, Willy Martínez, León Facio Lince, Ruderico Trujillo, Marianita Vergara de Dávila Pestana, Dmitri Ivanovitch, Rómulo Bustos Aguirre, Raimundo Vélez Botet, Gustavo Ibarra Merlano, entre otros.

¿Qué criterios privilegió a la hora de seleccionar autores de distintos tiempos?

-Al comienzo me basé, principalmente, en las dos primeras antologías la de Camilo Villegas y la de Roberto Arrázola y empezar así, con los más antiguos, por eso observarás que comienzo con Rafael Núñez, que nació en 1825; Lázaro María Pérez, nacido en 1822; José María de Heredia, de 1842; Julio Flórez, de 1867; Luis Carlos López, de 1879; Daniel Lemaitre, de 1883; Dmitri Ivanovitch (José Luis Betancourt), de 1888; Donaldo Bossa Herazo, de 1904, y así, fui llevando un orden bastante cronológico, hasta que se me presentaron los contemporáneos míos, los nacidos después de los años 40 del siglo pasado, y ya no me regí por un orden cronológico estricto, sino que los fui colocando de acuerdo a como los iba descubriendo o encontrando.

¿Qué singularidades y puntos comunes encontró en el conjunto de poetas seleccionados?

-Un deseo muy especial, casi que ineludible, de querer componer una o varias poesías a esta ciudad por la admiración que les proporcionó su belleza natural y artificial. En otras palabras, el poeta no escapa al impacto de enamorarse de la ciudad y la mejor manera de expresar ese amor es escribiéndole una poesía. Es como cuando tú te enamoras de una mujer y para expresarle ese amor le das un regalo. El mejor regalo que puede dar un poeta es a través del tesoro de sus palabras y sus emociones, porque la poesía le sale del alma y con ella expresa todo su amor. Aunque hay muchas maneras diferentes de expresarlo. Algunos, por su admiración ante la epopeya de su historia, su heroísmo o episodios de gloria de un pasado; otros cuando se rebelan o protestan cuando la ciudad es vulnerada, otros que sueñan con un futuro mejor para ella. En suma, lo que realmente los une a todos es un deseo inmenso, intenso e ineludible de cantarle y decirle lo que sienten por ella.

¿Y qué encontró en la mirada de los poetas extranjeros que le cantaron a Cartagena?

-Me llamaron mucho la atención los españoles José María Pemán, un gran poeta, dramaturgo y ensayista que le dedicó dos sonetos muy bellos a Cartagena entregados a nuestra querida matrona Teresita Román, y Jorge Guillén, famoso poeta ganador del Premio Miguel de Cervantes, que es el máximo galardón de las letras hispánicas. También me llamó mucho la atención el peruano José Santos Chocano con su precioso soneto Ciudad dormida. Santos Chocano es considerado uno de los poetas hispanoamericanos más importantes, llamado ‘El Cantor de América’. Hay en el libro alrededor de 15 poetas extranjeros de diversos países. Principalmente de España, Perú, Francia, Aruba, Curazao, Italia y Estados Unidos. En el libro hay dos poesías en inglés y una en francés.

¿Qué destaca de los poetas locales que más le han escrito a Cartagena?

-Bueno, los poetas locales que más le escribieron a Cartagena son Luis Carlos López y Daniel Lemaitre. El primero sobresale por su humor, su ironía y su manera despectiva con que remataba las poesías y el otro con un amor profundo de su Corralito de Piedra querido y ese mar que lo baña. Luis Carlos, el poeta que le canta a sus calles, y don Daniel a sus plazas. Pero hay otros no tan conocidos que también le han dedicado poemarios completos a la ciudad. La gran poetisa cartagenera de armas tomar, doña Josefina Tono de Covo, con su poemario Cartagena mía y otros cantares. Donaldo Bossa Herazo con sus famosas Viñetas y otros poemas; Manuel Benito Revollo con su poemario Poesía de Cartagena (treinta sonetos y un romance); Marcia Abril con el poemario Para ti, Cartagena, con más de 30 poesías a Cartagena; Teófilo Quintero de Fex con el poemario Cartagena de Indias, cancionero y Raúl Bernett y Córdova con su poemario Playa y sol.

¿Qué poema cree usted que quedó por fuera de esta antología?

-Después de haber terminado el libro y ya en su período de impresión, recibí por Whatsapp un poema de Fernando de la Vega. Autor y poesía que me dolió no incluirlos. Primero, porque era una bella poesía y, segundo, porque Fernando de la Vega fue un gran escritor cartagenero.

¿Qué poetas de su antología fueron salvados del olvido?

-Cuando me reuní con mi buen amigo Alberto Samudio para hablar sobre el libro y pedirle que me lo prologara, nos dimos cuenta de que Rómulo Bustos Aguirre, Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura, poeta que en estos momentos es uno de los más representativos de la ciudad, no estaba en el libro. Conseguí algo de él y lo incluimos.

Epílogo

La aventura de Enrique Caviedes, de querer atrapar la poesía de más de cuatro siglos en un libro, es una desmesura insaciable, porque la poesía a Cartagena de Indias no acaba de escribirse. Cuando menos espera uno, estallan sobre sus muros o sobre las alas del viento frente a la muralla, uno que otro verso, deletreado por los alcatraces. Una mañana García Márquez descubrió que alguien había escrito en su puerta de entrada de su casa con letras negras, el verso “Como yerba fui y no me fumaron”. Era un verso de Raúl Gómez Jattin. El pintor Alejandro Obregón vio, por su parte, que alguien había escrito también en la entrada de su casa, con las mismas letras nerviosas y nocturnas estos versos: “Yo no sé nada de pájaros, pero mi soledad debiera tener alas”.