Facetas


Joan Manuel Serrat, un mar de éxitos en 70 años

ANDRÉS PINZÓN SINUCO

29 de diciembre de 2013 12:02 PM

Quizás porque su niñez sigue jugando en la arena del Mediterráneo, tan suyo y tan de nadie.

El oleaje que acunó su infancia lo evocaría en 1971 con la producción discográfica del mismo nombre del mar que lo consagra como un cantautor de culto, popular y sobre todo aquel que supo entrelazar para siempre y desde siempre la poesía con la canción de autor. El álbum no sólo es el más conocido de Joan Manuel Serrat, quien para entonces tenía tan sólo 28 años, también se trata del trabajo que lo afirmó en la escena mundial como un trovador prolífico, atrayente, sencillo.

Pero la fama del ‘Nano’, nacido en Poble Sec en 1943, un pequeño poblado de Cataluña, empezaría a fraguarse casi una década antes. Para entonces, durante los años 60, España atravesaría una época de cambios. Se derribaban, o intentaron derribarse, barreras como la discriminación racial en el mundo, la despenalización moral del sexo antes del matrimonio, la homosexualidad como una enfermedad y el régimen franquista. Llegaban los aires británicos y estadounidenses de la música rock que vindicaban la alegría y su defensa, el delirio del baile con el Twist and shout de los Beatles.

En mitad de ese mundo convulsionado por la música, el cine, la poesía y las revoluciones, despuntó un Serrat que se comprometía con la autonomía política de Cataluña y con la ternura hecha canciones. Sus temas escuchados por un público íntimo pero fiel, hacían referencia al campo, al amor y las mujeres. Pero su talento, como instinto nato, tan inevitable, debía buscar nuevas maneras de expresión además del catalán. No sería sino hasta 1967 cuando emprende la aventura de escribir y cantar en castellano, ofreciendo en la radio obras memorables como El titiritero, Poema de amor o Tu nombre me sabe a yerba. La fama y el éxito fueron entonces una transición apenas natural producto de su encanto tanto personal como melódico. Su nombre se volvió un sinónimo de calidad y calidez.

La enorme popularidad de sus canciones y su voz grave, sostenida, empezaba ya a ser un fenómeno en España, tanto así que fue escogido para representar a su país en el Festival de Eurovisión. Joan Manuel acabaría negándose más tarde pues los productores no quisieron que cantase en catalán. Optarían entonces por la cantante Massiel que ganó el evento en su lugar. La irreverencia y el autoritarismo del régimen lo relegaría a la censura en televisión y radio, pero tal inconveniente sería apenas el punto de partida para uno de sus más ambiciosos proyectos: musicalizar los poemas de Antonio Machado.

La poesía fue la plataforma desde la que emergió con fuerzas renovadas aquel “soñador de pelo largo”, como se autodefiniría en la letra de la canción Señora, cuando tenía aun edad de yerno. Del álbum Dedicado a Antonio machado, que sirvió en buena parte para dar a conocer la obra del poeta, quedaron, quedan y quedarán los versos inmortales del tema Cantares y su popular “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. El disco LP, editado en 1969, obtuvo de inmediato y contra pronóstico de la misma productora Zafiro/Novola la complicidad de un público que trascendió hasta Latinoamérica y que empezaba a acostumbrarse a ser conmovido con metáforas.

Un año después y tras un viaje transoceánico ganaría el Festival de Río de Janeiro con la canción Penélope, que escribió junto a su amigo Augusto Algueró. El tema vaticinaba el gran éxito comercial que vendría un año después con Mediterráneo, del cual se desprende su canción homónima, elegida como la mejor canción de pop español por la revista Rolling Stone en 2010, y considerada como la mejor canción de la historia de la música popular en España. “Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero”, admite el ‘Nano’ en ese manuscrito convertido en himno inmortal desde el que pide que lo entierren entre el cielo y la playa con vistas al mar.

Su querido y triste mar, como lo llamaría después en el tema Plany al mar (lamento al mar) en el que hace apología a su conservación. “Cuna de la vida, camino de sueños y puente de las culturas. ¡Ay quién lo diría que eso fue el mar! Miradlo hecho una cloaca, miradlo cómo va y cómo viene sin parar, parece mentira que de sus entrañas naciese la vida. ¡Ay quién lo diría sin rubor!”.

Con el mar, entre el vaivén y la espuma, llegaron más canciones como Aquellas pequeñas cosas, Lucía, La mujer que yo quiero o Pueblo Blanco. Cada una con un fulgor especial, con un sabor a metal y melancolía pero todas dan cuenta del mismo Serrat que aseguró haber empezado a tocar la guitarra para cogerles el culo a las niñas de su generación. De ahí que resulte tan curioso que haya alcanzado, el viernes pasado, la edad asombrosa de 70 años.

El suyo ha sido un camino artístico poblado de homenajes a poetas como Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Mario Benedetti, entre otros. Concurrido también en soledades, boleros, exilios, tangos y renuncias. Serrat ilumina con un sol propio tan incandescente como su andadura musical por el planeta. Basta escuchar una canción, tan sólo una, para ser seducido inevitablemente por un embrujo natural que se deriva del arte, un arte que como él mismo llegó con la marea, ondulándose en un azul profundo. 

  NOTICIAS RECOMENDADAS