Lecciones para cumplir sueños según Ana Sofía Otoya

01 de diciembre de 2019 12:00 AM

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A sus escasos cinco, Ana Sofía Otoya Caicedo logró lo que muchos de los seres humanos no consiguen ni en toda una vida: saber exactamente cuál es su sueño más grande y cómo convertirlo en una realidad tangible. Ahora, después de cumplir los 10, se ha reafirmado en su decisión de diseñar y coser ropa y esa pasión parece iluminar su mirada azul e intensa mucho más que los juegos con Barbie o con chocoritos.

Sobre una mesa, al fondo de la sala de la casa de su abuela paterna, están unas bolsitas de tela, un vestido, un buzo, un short y algunas prendas que ella misma ha diseñado y que la llenan de un orgullo tan puro y genuino como su sonrisa. Al principio, un poco tímida, Ana ríe mucho y me va contando que si quisiéramos hablar de inicios, tendríamos que contar que su carrera -porque esta es su carrera- comenzó de verdad, verdad cuando ella tenía 4 años, porque a esa edad le pedía a sus abuelitas retazos, pedazos de telas que los diseñadores desechaban pero que ella atesoraba para armar los vestidos de sus muñecas. No solo diseñaba muchos trajes -y lo hacía muy bien-, sino que se ponía absolutamente feliz con esos retazos, así que apenas sus papás, Carlos Otoya González y Anita Caicedo de Otoya, lo notaron, consiguieron a una profesora que le dictara clases de costura. “Coso desde los cinco años, pero a los 4 le pedía a mi abuela retazos y yo se los amarraba a mis muñecas y hacía vestidos, después mi mami y mi papi lo notaron y me pusieron en clases. Ya he tomado clases por cinco años”, dice y parece que se hubiese quedado con toda la dulzura del mundo.

¿Cuál fue la primera prenda que confeccionaste?

-Bueno, el primer vestido que hice fue uno negro que la falda tenía dorado... y no lo traje -ríe apenada-.

No te preocupes, no importa, ¿recuerdas cómo lo hiciste?

-De primero corté la falda, era un círculo con otro círculo en el centro, y después cosí los lados, le hice el hem (dobladillo) y le hice la camisa, al final lo cosí todo junto.

Ana, sus padres y sus dos hermanas viven en Miami, pero su familia es cartagenera. Allá, en Estados Unidos, ella, tan chiquita, tan tierna, ha aprendido el sentido completo de disciplina: es capaz de combinar sus clases de primaria (cursa cuarto grado) con las de Jazz y con las lecciones de costura que una profesora rusa le da una vez por semana. Pero lo cierto es que aquí la disciplina no es sinónimo de tortura, sino de diversión, porque Ana Sofía se goza esto de diseñar y coser al máximo. Incluso, su habitación es una especie de taller con todas las de la ley: una máquina de coser de Project Runway (uno de los realities de moda más famoso de Estados Unidos), un maniquí, alfileres, hilos, telas y más telas... siempre telas y siempre la certeza de un futuro marcado no solo por un talento que tiene los pies bien puestos en la tierra.

“Bueno, yo hago bolsitas y el pedido más grande que hice fue de 45. Este fue el primer proyecto que hice en la clase de costura y estuve en una feria a los 7 años y vendí bolsas ¡y me gané 104 dólares!... Vendí como 14. Yo las hago solita (...) Me gusta hacerlo porque sí y porque me gano plata. Tengo una cuenta de ahorros y me gusta ahorrar mucho... Justo ahora tengo como 1.000 dólares”, me cuenta. Se ha esfumado la pena, así que Ana Sofía se levanta del sofá y camina hasta llegar a la mesa para explicarme mejor cómo es que hace su producto insignia -creo-: unas bolsitas adorables.

“De primero cortas un rectángulo, le coses los lados con un borde como este, para que no se zafe la tela o deshilache, o como le llames. Después le doblas aquí para que puedas poner la cinta y después lo coses aquí, al revés, para que no se vea el hilo y después le pones al cinta y se lo amarras y se cierra así y ya. Cuando hice las bolsas, me sobró una y la uso para viajar. Puedes usarla para guardar el maquillaje o para poner las cosas como la ropa interior, son muy prácticas para viajar”.

Vaya que Ana Sofía conoce bien sus productos y sabe cómo venderlos, ¿no? Me pregunto si tiene una marca propia...

“Bueno, sobre mi marca te cuento que mi mami tenía esta marca pero me la regaló a mí -me dice-, se llama Tuiela, ya tengo logo y todo, pero no tengo página web, tengo que hacer eso, pero esa marca es mía (...) Les vendo mis cosas a las amigas de mis abuelas y a tías, y a familia. Yo quiero poner tiendas en Norteamérica, Suramérica, Australia y Europa y Asia”.

Su mamá, Anita, comienza a mostrarme fotos de cómo Ana Sofía se las arreglaba para diseñarle vestidos a su hermana Alejandra cuando no sabía coser: le amarraba pedazos de telas y sí, quedaba bien. Ana Sofía, por su parte, me va diciendo que tiene clarísimo cuáles son los referentes que la inspian en la industria. “Si hablamos de colombianas, me gusta Alejandra Isaac, pero si hablas de Venezuela, me gusta Carolina Herrera. Cuando estaba en tercer grado tenía que hacer un proyecto de personas en Latinoamérica y yo escogí a Carolina Herrera porque me inspira a seguir cosiendo en momentos en los que estoy cansada y quiero ver tele”, asegura y me cuenta que obviamente quiere estudiar Moda, preferiblemente en Italia o Francia y luego irá a Madrid para cursar un máster.

A Ana Sofía solo le tomó diez años entender que los sueños sin trabajo y disciplina son solo eso, sueños, ¿cuándo empezarás tú a convertir los tuyos en realidad?

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