Facetas


Pilar Quintana, una escritora sin pelos en la lengua

Es la ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2021 con su obra ‘Los abismos’. Un retrato humano de la escritora, a su paso por Cartagena.

GUSTAVO TATIS GUERRA

06 de octubre de 2021 12:10 PM

Pilar Quintana (Cali, 1972), la ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2021 con su obra Los abismos, es una mujer que no tiene pelos en la lengua.

Es una mujer bajita, ágil, menuda y visceral, de un metro con cincuenta y seis centímetros, dotada de una alerta y aguda sensibilidad que pasa por el filo del anverso y reverso de las realidades hasta encontrar un secreto muchas veces perturbador y revelador. Ese cuerpo elástico que se estremece con la salsa, ha sido entrenado para el atletismo y el cinturón café en karate. Y es el mismo cuerpo que guarda memorias de infancia cerca al mar, y memorias de la selva y del mundo en Oriente y Occidente. Cuenta que empezó a escribir a sus siete años la historia de un payaso que irradiaba alegría por fuera, mientras por dentro estaba desolado.

A la hora de escribir sus cuentos y novelas, Pilar Quintana narra sus historias con la implacable ternura de las verdades dolientes, así emprende aventuras como ir tras un jaguar enjaulado, al que antes paseaban como un perro con collar, como una mascota domesticada por las calles de Juanchaco. La literatura, como la vida, es ese jaguar al que Pilar domestica con sus manos dispuestas al zarpazo de la verdad o el encuentro con las magias más inciertas o arriesgadas. (También le puede interesar: “La literatura ha sido mi refugio”: Pilar Quintana)

Pilar recorrió América Latina como mochilera a lo largo de un año de intensas aventuras, trabajó de voluntaria con animales salvajes en la selva boliviana, trabajó seis meses en una tienda de ropa en Nueva York, muy cerca de las Torres Gemelas poco antes de ser derribadas, vivió en Australia una temporada en las Montañas Azules, cerca de Sidney, vivió en Nepal, y nueve años en una casa en un acantilado en Juanchaco (Buenaventura), trabajó recogiendo mangos en una finca y como paseadora de perros.

En 2007 fue escogida por Hay Festival entre los treinta y nueve mejores escritores del continente menores de cuarenta años. Escribió la breve novela La perra, traducida a quince lenguas, ganadora del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana y finalista del Premio Nacional de Novela y del National Book Award y de un PEN Translates Award.

Pilar Quintana, una escritora sin pelos en la lengua

Pilar Quintana, escritora colombiana.

EN LAS MANOS DE PILAR

Pilar Quintana está en estos momentos en la mirada de los lectores de Colombia y del mundo. Es la consagrada y premiada novelista colombiana, cuyas palabras resuenan con la honestidad y la vocación de quien descubrió en la literatura, el lugar sagrado para expresar las más terribles y tormentosas realidades. Al referirse a la escritura, confiesa que siempre deseó dedicarse con absoluta devoción a la escritura.

Al leer las 108 páginas vertiginosas de La perra (2017), publicada por Random House, me ha impactado su manera diáfana de contar las historias más tiernas y las más atroces.

A lo largo de sus brevísimos 28 capítulos sin numerar, vivimos el tambor sobresaltado del corazón de Damaris junto a su marido pescador, que viven en esa cabaña del acantilado donde el mar estrella sus espumas contra las piedras. Sobrecogida por su deseo imposible de ser madre, Damaris activa sus dones de madre en el cuidado amoroso de una perra que le regala su vecina Elodia, que anda repartiendo entre dos pueblos, una camada de once perros. (Lea también: Una charla sobre ‘Los abismos’, de Pilar Quintana)

“La cabaña donde vivían no quedaba en la playa sino en un acantilado selvático donde la gente blanca de la ciudad tenía casas de recreo grandes y bonitas con jardines, andenes empedrados y piscinas. Para llegar al pueblo se bajaba por unas escaleras largas y empinadas que, como llovía tanto, debían restregar a menudo para quitarles la lama y que no se pusieran resbalosas”, escribe Pilar en su novela.

Sobre esa cabaña caían rayos en noches tempestuosas y la perra dormía en una caja de cartón, mientras Damaris acariciaba el lomo a la perra en la oscuridad, muerta de susto bajo el resplandor de los relámpagos, “sintiéndose diminuta, más pequeña y menos importante en el mundo que un grano de la arena del mar, hasta que la perra dejaba de chillar”.

En este párrafo no solo nos describe a Damaris, sino que nos lleva al otro abismo de la frustración que siente ella al no poder madre, “el suplicio que era vivir ansiando un ser pequeñito para acunarlo en su pecho y que todos los meses le llegara la regla”, y esa sensación terrible de sentirse tan pequeña como un grano de arena en el mar.

La secreta violencia

Damaris prueba con todo, con hierbas ancestrales y bebedizos con tal de quedar embarazada, su sueño se vuelve imposible y siente la desazón en el alma al recordar a su tío que la martirizaba diciéndole que a los cuarenta años las mujeres se secaban. Y mientras recordaba eso, una mujer alta y sensual que meneaba sus nalgas al caminar dejaba en vilo a los pescadores y vecinos, y el tío volvía a repetir el prejuicio dañino y tóxico de que esa mujer “está muy buena, y eso que ya debe tener cuarenta años, la edad en que las mujeres se secan”. Nada seca a ninguna mujer, solo la conciencia humana es la que se seca. Y Pilar no solo desnuda la estupidez humana que arremete contra las mujeres, sino que confronta el drama solitario y abismal de las mujeres que padecen las formas inusitadas de la violencia verbal, física y emocional. Esa violencia aparece en la novela de distintas formas, y va agigantándose hasta llegar al límite del paroxismo y la locura, cuando Damaris coge la soga para amarrar lanchas y le hace un nudo corredizo y va apretándolo como si quisiera quitarse de encima su enorme sufrimiento, mientras la perra retuerce sus ojos y ve las tetas hinchadas de la perra que ha quedado preñada por segunda vez. Horrorizada ante lo que había hecho, como en un cuento o novela de terror de Patricia Hitgsmith, una de las autoras preferidas de Pilar, Damaris siente en medio del drama “una especie de satisfacción que era mejor no reconocer y enterrar detrás de las otras emociones”. El horror de este episodio en la novela es similar al de la mujer que mató a su marido a hachazos y le dio los pedazos a un jaguar que estaba enjaulado. La mujer solo dijo que no sabía qué hacer con el cadáver del marido “porque la tierra en esa selva era arcillosa, tan dura que habría sido imposible abrir un hueco del tamaño que necesitaba, y antes de tirarlo al mar o dejar que se lo comieran los gallinazos, prefirió dárselo al tigre que había sido capaz de picar el cuerpo de su marido y darle los pedazos a un tigre que estaba lleno de rabia”. (También le puede interesar: La colombiana Pilar Quintana gana el Premio Alfaguara de novela).

El final inesperado de Damaris no se los voy a contar, pero tiene el impacto de una historia de un profundo dramatismo que retrata los límites entre la inocencia y la crueldad en el ser humano.

Los abismos

Primero leí su quinta novela premiada, Los abismos, antes de entrar en La perra, que es, para mí, su más contundente novela hasta ahora. Pero Los abismos nos revela el pulso de una narradora que encuentra en lo cotidiano dramas monumentales dentro y fuera de nuestras familias. En Cartagena, Pilar contó que está estudiando la historia de la literatura colombiana escrita por mujeres, y se resiste a creer que las mujeres hayan sido tan pasivas, por el contrario, ha encontrado textos de conmovedora e iluminada resistencia. Confesó que era una niña cuando leyó Que viva la música, de su paisano Andrés Caicedo, quien se suicidó cuando Pilar tenía cinco años. Se impresionó al descubrir por primera vez en su novela el paisaje urbano de Cali, con sus avenidas y el río que divide la ciudad. Al descubrir que el Liceo Belalcázar, donde ella estudiaba, aparecía en la novela de Caicedo, se estremeció de felicidad. Al escribir Los abismos, no solo aparece Cali como escenario de la novela, sino también el contrapunto de los abismos del paisaje y de las pasiones humanas, el conflicto conyugal contado por una niña, y la soledad de la niña que mira la oscuridad de los abismos y siente que un imán sobrenatural puede arrastrarla hasta el fondo impenetrable. Pero prefiere que la que caiga en el abismo no sea ella, sino su muñeca.

Epílogo

Pilar vino a Cartagena a la Feria Latinoamericana del Libro y conversó con sus lectores. Es una mujer sin pelos en la lengua, aguerrida, obstinada en su vocación literaria, vital, viajera incansable y exploradora de las historias de las mujeres de este país que no cesa de vivir violencias. Al mirarle sus manos que soltaban palabras en el aire, pensé en el temple de su ternura para domesticar jaguares.

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