Secretos del tercer pegaso

26 de noviembre de 2017 07:00 AM

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El primer secreto de los caballos ahora elevan sus alas frente a la Bahía de la Ánimas, es que originalmente no eran tres sino dos.

La escultura monumental de Los Pegasos, donada por el escultor Héctor Lombana, en junio de 1992, en fibra de vidrio, mide 5,90 x 3,18x 4,80 m., y es una de la  obras del arte público en Cartagena, que más pasiones encontradas ha generado entre ciudadanos, artistas, familiares del escultor y responsables de la contratación, a lo largo de estos veinticinco años, y muy recientemente, por la nueva restauración del monumento Los pegasos.

La escultura en fibra de vidrio con sus hierros internos, sucumbieron en su estructura y fue necesario usar 350 kilos de resina de carbono y polvos minerales, 150 kilos de acero, recubiertos con capas de pátina. La tarea de mantenimiento y restauración fue encomendada por las autoridades a Óscar Noriega, quien trabajó durante muchos años con el escultor Lombana, y compartió la sugerencia del cronista de que solo si una obra se funde en bronce se logra que perdure, y no se expone al deterioro del sol y la lluvia, y a los vientos salados del mar.

“Fue un trabajo dispendioso, pegaso por pegaso, para garantizar que todo quedara bien, respetando los cánones del maestro Lombana”, dijo Óscar Noriega, quien tuvo que cambiar por completo el acero interno de Los Pegasos, que estaba oxidado, y lo protegió con pintura epóxica.

La inversión departamental para recuperar este monumento fue de $395 millones, contrato de la Gobernación de Bolívar y la Secretaría de Infraestructura departamental, con la Fundación Ciudad Museo Cartagena. La reparación en todo su proceso fue revisada por su esposa Luz Estela de Lombana y su hijo Perseo Lombana. Este trabajo solo incluyó restaurar Los Pegasos, pues la obra civil toda corrió por cuenta de la Alcaldía.

El segundo secreto es  que los primeros pegasos fueron ideados y fundidos por el artista cartagenero Miguel Caballero Leclerc, encomendado por el Concejo de Cartagena en 1950. Los caballos alados cruzaron el mar griego hasta el mar cartagenero. Se trataba de instaurar una obra que embelleciera el panorama del muelle. Leclerc hizo un par de pequeños pegasos de bronce, de alas livianas frente al espejo de las aguas de la bahía y el temblor de los mástiles dorados al sol. Los dos pequeños pegasos, que eran un aleteo entre los aleteos, desaparecieron una madrugada del paisaje del Centro amurallado. Su aleteo se detuvo en la memoria perdida de una vieja imagen de la Fototeca Histórica de Cartagena.

Desde 1900 hasta 1977, la Bahía de las Ánimas fue el muelle municipal. Con la creación del mercado a principios del siglo XX, el muelle fue un hervidero humano de viajeros, mercaderes y navegantes. El Concejo Municipal autorizó en los años veinte, reforzar con barandillas el muelle. El viejo muelle era el lugar donde atracaban los barcos de cabotaje, las barcazas que viajaban a los puertos cercanos y las islas.

El tercer secreto es que años después, el escultor Héctor Lombana (1930-2008), diseñó sus propios pegasos en dimensión monumental y adicionó un tercer pegaso joven, que consagró a su hijo Perseo Lombana, que acababa de nacer. En uno de los muslos del pequeño caballo alado grabó el nombre de su hijo Perseo, señal que dejó eternizada para él que acaba de redescubrirlo.

El cuarto secreto es que no hay una obra del escultor Lombana que no haya generado polémica, incluso entre sus propios familiares. Primero fue en 1974 cuando el escultor Eladio Gil hizo su escultura monumental de La India Catalina. Catorce años antes, Lombana había diseñado una estatuilla de sesenta centímetros poniendo de pie a la india que aparece sentada en una piedra bajo una palmera, en el escudo de Cartagena. Lombana reclamó la autoría intelectual de la obra, pero si se miran las dos obras, ninguna se parece: la estatuilla es un diseño distinto a la escultura monumental.

Quinto secreto: la India Catalina es una figura de la historia cartagenera, que cualquier artista puede recrear como lo han hecho historiadores y novelistas. Lombana es el autor de la estatuilla y Eladio Gil es el autor de su escultura. La india sigue suscitando materia prima para los pintores, diseñadores y creadores en general. Es un icono de Cartagena.

Sexto secreto: Además de la India Catalina, el escultor Lombana polemizó con su propio hermano Tito Lombana, quien en 1957 erigió en cemento sus célebres Las botas viejas, en homenaje al poeta Luis Carlos López. Midió cada bota y descubrió que una era más grande que la otra, y decidió demolerla y hacer una nueva y fundirla en bronce. También fueron polémicas las esculturas de Los cangrejos en el Parque de Crespo, y la creación del homenaje escultórico a Cervantes.

Séptimo secreto: la nueva  restauración de la obra generó polémica entre algunos escultores de la ciudad, que plantearon la democratización por convocatoria de restauraciones de monumentos artísticos en el arte público de Cartagena y Bolívar. Sin embago, tanto el alcalde (e) Sergio Londoño como el gobernador Dumek, respaldaron el trabajo de Noriega, al igual que la viuda del artista Luz Estela Lombana y su hijo.

Octavo: Óscar Noriega, el encargado de la restauración, también ha heredado las polémicas de Lombana y el conflicto encarnizado con las hijas del artista, ya que cada contratación suscita resquemores, suspicacias y malicias. Noriega dice que ha presentado sus propuestas de restaurar obras a las autoridades, y ha llenado los requisitos legales para continuar. Los escultores dicen que la fibra de vidrio no es un material noble y muy pronto los pegasos volverán a ser restaurados.

Por su parte, Luz Estela Lombana agradeció públicamente la restauración y reafirmó “la idoneidad para preservar el legado artístico” y la memoria del artista,
Sergio Londoño Zurek, alcalde (e) de Cartagena, privilegió “el trabajo unificado entre las partes por el bienestar de Cartagena”.
Hoy han vuelto los tres pegasos con sus alas enormes, a punto de morder las nubes.

 

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