Facetas


“Sí, acepto”, el amor no está en cuarentena

La historia que aquí les contaremos es un acto de fe, de esos que solo el amor verdadero puede hilar con genuina fortuna. ¡Felicidades, Dany y José!

ERICA OTERO BRITO

24 de mayo de 2020 12:00 AM

LIA MIRANDA BATISTA

24 de mayo de 2020 12:00 AM

ÉRICA OTERO BRITO

LÍA MIRANDA BATISTA

19 de mayo. 8:30 a. m. Notaría Sexta.

Las miradas de los hombres y mujeres que estaban afuera de la notaría con rostros de preocupación, quizás reflejando los pensamientos divagantes de los efectos de la pandemia y el confinamiento, se iluminaron. Por un momento sus cuerpos encorvados y algunos recostados a las paredes, en una clara señal de esa necesidad que suele sentir el humano de aliviar sus cargas, se enderezaron. Los ojos, todos, se posaron sobre ella, siguiendo su atractiva figura envuelta en un vestido blanco, semiajustado, de un tul suave, rematado con arandelas que le hicieron en ese momento el juego a una brisa fresca que acarició la mañana.

El ramo de rosas rojas y blancas no dio lugar a las dudas. Era una novia, una pareja de enamorados que venía a ratificar su amor legalmente ante las leyes de los hombres, cruzando esa línea que las adversidades pretenden imponer, pero ante la que los seres humanos nos hemos vueltos expertos, en nuestra historia, en derribar siempre con ingenio, dejándonos guiar por el poder de nuestros anhelos.

“Recuerdo que muchas noches lloré porque sentía que el amor no estaba hecho para mí y que se estaba demorando demasiado en llegar”, así empezó ella, delante de la notaria, a declararle su amor al hombre al que había decidido querer y entregarse sin reparos. “En parte se me hace injusto que hasta ahora tuve que esperar para encontrarte, en parte quizás fue mi culpa porque no quise verte y estuviste allí ante mis ojos desde hace muchos años. Pero aja, a veces el corazón es terco, como lo es ahora, que se ha inundado de tu amor en cada rincón y tiene el mejor ataque de terquedad que ha podido tener: unirse al tuyo para hacerse a un mismo latir, persiguiendo sueños como locos, sueños que nos ayuden a ser mejores personas, mejores profesionales, mejores hijos y en un futuro mejores padres”.

En este punto de los votos, en la sala de la notaría había un silencio absoluto, los pocos funcionarios presenciaban el acontecimiento conmovidos y algunos suspiraron, los amigos y familiares que los acompañaron a través de una videollamada no paraban de mandar bendiciones a través del chat; muchos lloraron. Yo -lo confieso-, entre este nuevo elemento que hace parte ahora del atuendo diario: el tapabocas, y el río de lágrimas que brotaba de mis ojos, casi me ahogó. Era yo quien sostenía el celular para que los otros, desde sus casas, pudieran vivir el matrimonio. Lía tomaba las fotos, en un instante nuestras miradas se cruzaron y ambas estábamos agitadas, felices, agradecidas de ser las únicas testigos presenciales del círculo de amigos, de este nuevo comienzo de nuestra amiga, de la chiquitica, loca, alegre y bella, nuestra Dany, la ocurrente y espontánea, con la que hemos enriquecido tantas veces con risas, bailes y conversaciones esperanzadoras el estante mental de los recuerdos.

José, feliz, la veía embelesado, y cuando llegó su turno esbozó, prendido del pasaje bíblico Corintios 13, todo lo que para él significa el amor: El amor es sufrido, es bondadoso, el amor no tiene envidia, no es jactancioso, ni orgulloso... “por eso hoy quiero decirte a ti, mi amada, que prometo luchar por tus sueños, cuidarte en la enfermedad, gozar a tu lado en la salud y en la alegría... Nunca me faltará una palabra de aliento y, sobre todo, seré el cómplice de tus locuras”.

***

Bonito, ¿verdad? Ahora te vamos a contar en qué punto de la historia Lía y yo nos unimos a esta aventura fantástica. Hace cinco años, producto de un amor fugaz de Dany, le dimos nombre a un grupo de WhatsApp en el que solo somos las tres: Genzoooo Brasil. Seguro que varios de nuestros amigos soltarán la carcajada al leer esto. Bueno, la cosa es que a ese chat, Dany nos envió una foto el 26 de abril a las 3:43 de la tarde. Era su mano, con uñas muy bien pintadas de color violeta, encima de una mano masculina morena. La novedad era que su anular lucía un anillo de esmeraldas. Ambas entendimos el mensaje sin necesidad de una palabra. Cada una saltó de la emoción. Mi corazón cabalgó a mil en ese instante y toda mi atención se centró en leer y escuchar el relato de Dany.

Como cuenta Érica, no cabíamos de la emoción. Me llegó al corazón que cuando nos entregó detalles de su compromiso expresó: “No le he dicho a nadie en la casa, ni a ningún otro amigo”. Nuestra Dany nos confiaba una de las decisiones más valiosa de su vida, un hecho que marcará por siempre nuestra amistad. El anillo era el de los 15 años de la madre de José. “En medio de la cuarentena no encontré un joyero que estuviera dispuesto a hacer la joya, así que mi mamá me regaló el suyo, preparé una cena y las palabras con las que le pediría matrimonio”, nos contó el esposo un día después de la boda. “Él tiene varias caras (risas)... y después de conversar largo rato y escuchar música se puso serio y empezó a decirme lo mucho que me amaba hasta que metió su mano al bolsillo, ahí comprendí que se venía la pedida de mano de la que ya habíamos hablado que ocurriría en unas vacaciones que teníamos planeadas a Santander y que quedaron aplazadas por la pandemia. Fue muy intenso cuando sacó el anillo y lo puso en mi dedo. Ni en medio de esta crisis sanitaria encontramos motivos para suspender nuestros planes de casarnos. Nuestro amor lo vale, vale la apuesta y el riesgo”, le escuchamos recontar a una Dany muy segura de la decisión.

Pero regresemos a la historia de amor...

Daniela Buelvas Ballestas y José Beleño Alcázar se conocieron en noviembre de 2017 en una competencia de amantes del Crossfit. Sí, son de ese grupo de personas que ama esta disciplina y que sí cumplen juiciosos las promesas de mantenerse en forma.

“Yo fui el compañero de competencia de un gran amigo de Daniela. Ella siempre me pareció muy linda, pero como no me volteaba a ver, yo también hacia lo mismo. Después coincidimos en un grupo de corredores y allí empezamos a hablar, curiosamente hubo otra competencia de crossfit y la señorita era la fotógrafa y se dedicó a tomarme fotos durante toda la competencia”, cuenta José.

“¡Ay!, es que él era mi amiguito”, lo interrumpe Dany en tono pícaro, y así tras varios encuentros en el gimnasio y salidas a correr... No, nunca se “cuadraron”.

“No nos cuadramos. Yo le dije que no quería ser su novia porque él quiso esperar para hacerme la pregunta en un lugar especial... y yo esperé ilusionada ese momento, pero no llegó. Un día en Barranquilla, estábamos en un centro comercial con el resto de los compañeros del gimnasio y mientras pagaba un helado del que me antojé, me preguntó si yo quería ser su novia y mi respuesta fue ‘no’”, recuerda Dany.

Y remata: “¡Falta de respeto esa! Tanto aplazar porque tenía que ser en un lugar especial, una ocasión especial... Yo que me pintaba la cosa más top de este mundo y me sale con esa; entonces se lo dije así en su cara: no”.

Y aunque las cosas podían haber sucedido de otra manera, el amor hizo de las suyas y este par de enamorados hoy se estrenan como recién casados con una gran lista de sueños por cumplir.

A José y a Daniela los rodea una vibra bonita. Son amigos, cómplices, mamadores de gallo y eso se refleja en su relación. “El éxito de nosotros como pareja es que somos muy transparentes el uno con el otro: marica, estoy bravo contigo por tal vaina, oye me gustó esto que hiciste, estás muy linda, te ves muy feo... siempre nos decimos las cosas como son, lo que nos ha dado mucha complicidad y cierta tranquilidad en el trato que tenemos”, expresa José.

***

De vuelta a la notaría... Dany y José sellaron su pacto de amor con un beso, tras firmar el contrato nupcial. Fueron unos segundos en que todos los acompañantes ‘virtuales’ se desbordaron en aplausos, vivas y mensajes de felicitaciones. Ese tris de tiempo fue la cosecha de todo el esfuerzo que juntos hicieron para hacerlo posible. “No fue fácil. Debido a la norma del pico, cédula y género tuvimos que sortear varios inconvenientes para hacer los trámites y cumplir con el papeleo, pero contamos con la colaboración de los funcionarios de la notaría que se dejaron contagiar de nuestro entusiasmo, ¡ah! y además esta vez sí conseguimos un joyero que nos hiciera los anillos”, ríe Dany.

La celebración se extendió el resto del día. Lía retomó sus acciones laborales y yo los acompañé un rato a la casa de Dany, donde los esperaron con gran algarabía, con lluvia de arroz, desayuno, brindis, el tradicional vals y la tirada del ramo, que por cierto me lo gané. ¡Ups! Hubo felicidad hasta para bailar, fue todo un respiro en medio de estas circunstancias actuales. La mami de Dany, de visita donde su hija mayor en Venezuela, donde la sorprendió todo el ‘maremoto’ de la pandemia, estuvo conectada siempre por video llamada. “Hija, te amo y siempre estaré ahí para ti”, le dijo. La madre de José, también brindó desde su casa. “Deseo que esta unión sea para toda la vida, que sean muy felices”, les recalcó, y así cada familiar fue expresando su sentir.

La boda de Dany y José fue para nosotras un destello esperanzador. Mientras Érica tuvo la oportunidad de compartir con ellos el recibimiento de todo ese amor manifestado por sus seres queridos, mi ajetreo periodístico ese día lo alterné con la lectura de las docenas de mensajes que llegaron a mi cuenta de Instagram en respuesta a la historia que publiqué; todos coincidían en una cosa: que este matrimonio era motivador. “Amiga, qué bellos. Tú sabes que la pandemia paralizó mis planes de boda, pero a veces quiero hacerlo ya porque uno no sabe qué va a pasar”, me escribió una amiga.

¡...Y vaya qué planes, Lía! Nosotras seguimos festejando el poderoso mensaje que nos ratifica nuestra pareja amiga: la magia de la vida está en el amor que hace alcanzable lo inimaginable, y real las ideas concebidas en la pureza de este sentimiento.