Facetas


Una historia por la que El Universal le dice gracias a sus lectores

Adriana Aranguren es la prueba fehaciente de que la solidaridad cambia vidas. Esta es una inspiradora lucha que aún no termina.

LAURA ANAYA GARRIDO

26 de septiembre de 2021 12:00 AM

Pocas cosas aterran tanto como sentirse cerca de morir y saberse con las manos atadas para luchar, pero Adriana Aranguren Piñango decidió usar ese miedo como impulso para aferrarse a vivir, así que escribió la carta que su hermano Efrén traería a El Universal y que cambiaría el rumbo de esta historia.

A la carta le siguió una entrevista. A la entrevista, una nota que se publicó el 18 de abril del 2021 y comenzaba: La venezolana que tiene cáncer y vive en un local de Bazurto. “Adriana Aranguren vive en un angosto local de Bazurto. Lucha contra un cáncer que amenaza su gran sueño: regresar a Venezuela para ver crecer a sus dos pequeños hijos. Pide ayuda”.

Y gracias a ustedes, señoras y señores, la ayuda llegó: gracias al médico que se ofreció anónimamente a operarla gratis para sacarle el tumor que sobresalía en su cuello; a la señora Carmen, que pagó y gestionó todos los exámenes que Adriana necesitaba antes de la cirugía (y sigue pendiente de los Aranguren). Gracias a la chica de Migración Colombia a la que tanto “molestamos” para agilizar sus papeles y que pudiese ser afiliada contrarreloj a una EPS (Coosalud). ¡Gracias a cada persona que donó aunque fuese una bolsa de arroz a esta familia!, y, cómo no, al señor que anónimamente pagó algunos meses de arriendo del apartamento donde ahora Adriana y los suyos viven cómodamente.

“Estamos infinitamente agradecidos con ustedes y con todos sus lectores. Nos han ayudado de todas las formas posibles”, me dice cinco meses y tres días después de aquella primera nota una Adriana esperanzada que sabe que esta batalla está lejos de terminar. Es la misma mujer que conocí aquella tarde lluviosa de noviembre en Bazurto, la que vivía en un local pequeño y subía al “segundo piso” con unas escaleras de madera a dormir en una suerte de cama... El entorno se ha transformado completamente, pero en ella solo han cambiado en ella dos cosas: su voz, que ahora un poco ronca por los efectos del cáncer en sus cuerdas vocales y su abdomen, crecido por la feroz inflamación que han sufrido sus órganos y por la que estuvo hospitalizada varios días en el Hospital Universitario del Caribe. Bueno, tres cosas: Adriana está más feliz, tiene menos miedo y más esperanza. (Vea aquí: Así va el caso de la venezolana que padece cáncer y vive en Bazurto)

Una historia por la que El Universal le dice gracias a sus lectores

Adriana, Luis y Efrén. Fotografía tomada en abril del 2021, cuando aún vivían en Bazurto.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

Quiere trabajar

A Adriana la operaron el 12 de junio y tras la cirugía debe seguir un estricto tratamiento para erradicar de su organismo este cáncer, que ya había hecho metástasis en algunos ganglios. No ha sido ni un poquito fácil y no es necesario que ella lo diga, lo sé porque apenas hace dos semanas salió del HUC tras sentir que la vida se le escapaba cada vez que vomitaba y defecaba sangre; cada vez que sentía aquel inenarrable dolor en los riñones del que no quisiera ni acordarse, pero que vuelve cada que se le da la gana.

“Mami, Adriana está mejor, con mucho dolor, pero ahí vamos”, me decía Efrén en su reporte matutino diario.

Efrén... Efrén, que sonríe siempre con sus labios y con sus ojos chinitos, pero que debe estar desesperado. Tuvo que entregar el local de Bazurto que alquiló para preparar y vender desayunos y almuerzos, ¿por qué? Alguien tenía que cuidar a Adriana mientras Luis, el esposo de ella, conseguía un taxi para hacer carreras y trabajar por cuantos pesos fuesen necesarios para mantener esta casa y la de Venezuela, donde estaban los papás de Adriana y los niños de ambos.

Efrén... Efrén, que se muere de ganas de trabajar y que intentó comprar un “carrito de perros”, pero a quien terminaron robándole $200.000 que tanto le había costado conseguir y que, ahora mismo, son toda la plata del mundo. Efrén, que se le mide a hacer oficios, que cocina lo que toque, que es repostero y que también hace deditos, empanadas y cualquier tipo de pasabocas de cumpleaños.

Mientras Adriana se las veía con el cáncer, Efrén con el desempleo y Luis con los trancones, los papás de Adriana malvendían sus cosas en Barquisimeto (estado Lara, Venezuela) para emprender otra travesía: venir a Cartagena para traer a los dos hijos de Adriana y Luis. Llegaron semanas después de la operación y cada una de las batallas que esta familia ha dado pareció cobrar sentido... y las que faltan.

Si usted quiere ofrecerle un empleo a Efrén Aranguren, comuníquese a este teléfono: 3226567969.

Todas las luchas que nos faltan

Efrén Antonio y Lucía Adela son los papás de Adriana y de Efrén. Habían pensado venir a traer a sus nietos y devolverse para Venezuela, a trabajar por el buen día en que la prosperidad regresara a su país, pero ha sido poco más que imposible.

Además de aquella difícil recaída de la que Adriana no se recupera aún, doña Lucía Adela se ha descompensado: ella padece cáncer de hígado, además de diabetes, hipertensión y problemas de la tiroides. Aprovechando su estadía en Cartagena, se fue a hacer un chequeo médico gracias a una fundación que atiende venezolanos y la mandaron para el HUC. Allá pasó varios días y consiguieron estabilizarla, así que ayer pudo volver a la casa.

Una historia por la que El Universal le dice gracias a sus lectores
Los niños y mi papá y mi mamá vinieron, vendieron muchas cosas para llegas hasta acá. Su compañía ha sido un regalo muy lindo”,

Adriana Aranguren.

***

“El único y gran deseo de Adriana Johana Aranguren Piñango es estar sana, pero no tanto por el hecho de saberse libre del cáncer de tiroides que le sobresale en el cuello, le quita el aliento a ratos, no la deja ya comer tranquila y le duele tanto. Lo desea con todas sus fuerzas porque solo así podrá estar viva para regresar un día a Venezuela, abrazar a sus dos hijos pequeños y a sus padres, y de una vez por todas volver a ser feliz”.

Ese es el párrafo inicial de aquella primera nota. Adriana sigue deseando estar sana, pero por lo menos ahora sí puede abrazar a sus hijos. Puede besarlos en la frente todas las noches y hablarles de todas sus batallas: las que ya ganó y las que todavía está dispuesta a pelear por ellos.

Necesita ser atendida

Adriana sigue luchando por desterrar el cáncer de su cuerpo, pero no ha sido fácil. No solo por el dolor, piel seca, una fatiga infinita, la falta de fuerza, la disfonía, las náuseas, los mareos, los vómitos y todo lo demás, sino por los atrasos en su tratamiento.

La venezolana, de 33 años, espera que le realicen las yodoterapias que necesita urgentemente y que su médico ordenó en julio, pero desde su EPS no han hecho efectivo el tratamiento

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