El centenar de lenguas y dialectos nacidos en Colombia no fueron las únicas formas que encontraron nuestros ancestros para comunicarse. Lejos de lo que podemos calcular, buena parte de su vida transcurrió al calor de un telar, entregándose a la meditación propia de fabricar una mochila o en la recreación de cosmogonías coloridas, creadas para adornar cuellos y muñecas.No importa la técnica, el producto o su trasfondo, porque el afán de reproducir el oficio y la tradición de su legado está basado en una comunicación mayor, generacional. Afortunadamente, la relación con esos lenguajes sigue viva y es la base económica de muchas familias en el país. Pero más allá de esos asuntos prácticos y necesarios, el testimonio que parece florecer de esta diversidad étnica es la sobreviviente labor manual, el valor que adquiere una pieza ‘única’, construida con meses de dedicación.Y como vivimos un mundo cambiante, de conceptos fusionados, pensarlas como productos artísticos es más válido que nunca. Eso lo sabe Aida Furmanski, poseedora de una visión afinada por más de 25 años de trabajo. Según ella, es indispensable garantizar un acompañamiento a los artesanos para preservar sus técnicas y materiales legendarios, a la vez que imprimen un toque contemporáneo a sus diseños.Ese solo hecho puede garantizar la preservación de sus culturas –considera-, pues al lograr la continuidad en la comercialización de los productos, los jóvenes de estas comunidades no se ven en la necesidad de desplazarse a las ciudades.
Un destacado trabajoPero sus inquietudes como gerente de Artesanías de Colombia van mucho más allá. Durante más de dos décadas, estuvo al frente de un emprendimiento que logró incorporar a una línea de platería, elementos artesanales colombianos. Y con ese propósito comenzaron sus viajes por el país, para conocer las diferentes comunidades, sus técnicas y la relación sostenida con las materias primas.Gracias a ello, hoy puede decir que conoce muy bien al sector y sus necesidades. Seguro eso lo tenía claro el presidente Santos cuando la designó para el cargo hace dos años. “Mi oficio durante 25 años fue trabajar con las comunidades, dignificar y volver la artesanía un objeto de arte con un valor agregado: diseño contemporáneo. Y encontré un nicho fuera del país interesado en ese producto único y hecho a mano.No podría decir que conozco todo el sector artesanal, pero sí bastante bien –continúa-. Y precisamente eso lo he puesto en práctica estos dos años. Estoy convencida de que nuestra artesanía es única y la forma como se expone es definitiva, por eso diseñamos unos espacios tipo museo para ella. También reactivamos los laboratorios de diseño por todo el país y estamos creando las formas de garantizarles a los artesanos la propiedad intelectual de sus productos”.
Coordinando 1.600 manosClaramente, Expoartesanías es una de las oportunidades más preciadas para vender dentro y fuera del país. Por eso, más de 800 artesanos se prepararon durante todo el año para cumplir la cita del 6 al 19 de diciembre, que este año continuará apostándole al pabellón llamado “Diseño Colombia”.“En éste, diseñadores colombianos asesoran a diferentes comunidades para lograr productos contemporáneos. Y este año, el pabellón creció cuatro veces. Además, tendremos la línea que presentamos en artBO (Feria Internacional de Arte de Bogotá), con un concepto contemporáneo y fabricada en blanco y negro únicamente”.

Carolina Soto tiene una misión: promover la donación de órganos
REVISTA NUEVA


