Se encargó de ubicarse en el mejor horario de la televisión colombiana, sus personificaciones son tan veraces, que resulta imposible no confiar en ese personaje que además cuenta una historia real. Así ha sido el trabajo de la actriz bogotana Ana María Estupiñán, una joven llena de sueños que se ha preparado a pulso, con el apoyo de toda su familia.
Llegó a la actuación a la edad de 12 años por un cortometraje que hizo con su papá y unos amigos, le gustó y junto con sus hermanos entró a una academia a estudiar Artes Escénicas, antes había estado en un taller infantil organizado por el Canal Caracol en el cual se aprendía desde teatro, expresión corporal, pasando por el baile y el canto.
La vena artística y la inquietud por la actuación no son fortuitas en Ana María, su familia siempre ha estado involucrada en este medio. Juan Carlos Estupiñán, el papá, es director de efectos visuales y productor, mientras que su mamá Liliana García, ha sido asistente de dirección y productora, siempre con una labor detrás de cámaras.
Antes de actuar, los hermanos Estupiñán, incluyendo a Ana María, hicieron muchos comerciales para televisión, después vinieron los papeles que empezaron a marcar su rumbo en este bello oficio, al punto que ingresó a un colegio virtual porque las jornadas de grabación le impidieron volver a un salón de clases formal.
El rostro dulce y ese hablar juvenil, sitúan a Ana María en una edad perfecta para papeles de adolescente, aun cuando ya pasó esa época. Es la niña que tiene ternura, pero también fortaleza para encarar cualquier situación, lo que permite versatilidad, algo que se requiere a lo largo de esta carrera.
Los protagónicos
Después de interpretar a Chiquinquirá Maestre en la telenovela “Oye Bonita”, la carrera de Ana María Estupiñán despuntó con fuerza, Colombia conoció su riqueza actoral y no tardó en adorarla cuando interpretó la adolescencia rebelde de Policarpa Salavarrieta. “La Pola” fue un buen preámbulo para lo que siguió en el camino de la joven actriz. Como Mariana en “Mamá también” sigue demostrando su casta, en un personaje adolescente con el dilema de un embarazo.
Ahora la franja más apetecida de la noche vuelve a estar en sus manos, también en su voz, porque en “La Ronca de Oro”, Ana María no sólo se limita a interpretar los primeros años de la cantante de música popular Helenita Vargas, allí canta y encanta, con la elegancia y distinción que caracterizó a la artista en mención.
Considera un gran privilegio poder interpretar personajes que tienen importancia para los colombianos, con una historia que se conoce y que el público está atento a su realización, por eso también lo ve como un reto.
Preparar a Helenita Vargas no fue fácil para Ana María. Confiesa que no la conoció y que si bien había escuchado algunos temas de manera casual, pensó que quien los interpretaba era alguna cantante mexicana.
Al buscar referencia de su trabajo, se encontró con dos temas muy sonados, “Señor” y “María de los guardias”, eso le gustó, también se apoyó en videos y un trabajo muy particular que se hizo de Helenita en fiestas, con familia, amigos y otro tipo de reuniones donde era ella sin actuaciones y que le dieron el bagaje para crear el personaje en sus primeros años.
Ana María no tuvo contacto con detalles que la acercaran a la adolescencia de la cantante, más que unas fotografías, donde queda claro que era una mujer muy elegante y vanidosa, atenta de su imagen personal, por lo que se ayudó también en el contexto de esa bella época.
Con sesiones especiales e improvisación y un excelente trabajo grupal que incluyó a la Dirección de la producción, encontró el tono de voz apropiado para este papel, incluyendo el acento caleño, tratando ante todo de no caer en la caricatura.
Los libretos muy bien escritos y alternar con grandes actores, como Laura García y Luis Fernando Montoya, le permitió a Ana María Estupiñán ubicarse totalmente en los años 50, además de la escenografía perfecta que se remonta a Cali de entonces.
La preparación musical de Ana María estuvo a cargo de su papá, quien es músico y supo enseñarle los ejercicios necesarios para la interpretación de rancheras, de otra parte, ella estuvo en el coro de Bogotá y sabía perfectamente como afinar su voz.
La joven actriz siente que este personaje ha sido un aprendizaje grandioso para su profesión, estar al lado de grandes artistas y gente con trayectoria detrás de las cámaras, le enseñó que la disciplina es el principal ingrediente para continuar vigente.
Ana María no sabe que viene después de “La Ronca de Oro”, personajes le quedan muchos por hacer, pero quiere tener el reto de hacer de antagonista, como una forma de retar la imagen dulce que muchos le elogian.
Hace poco tuvo la oportunidad de participar en un proyecto cinematográfico, donde se toca la realidad colombiana, enmarcándose en la masacre de “El Salado”, pero al mismo tiempo deja un mensaje esperanzador. La define como una película “luchada”, aún no terminan el trabajo, pero sabe que van a lograr el objetivo.

