Largas filas de automóviles parqueados en las plazas y calles del Centro Histórico, se ha convertido en un paisaje común durante las noches cartageneras; lo curioso es la apariencia de los vehículos, pues todos son del mismo color: amarillo.
Muy cerca de los coches estacionados, se reúne un grupo de hombres uniformados e identificados con carnés y logotipos en sus camisas, éstos no son músicos ni trabajadores de algún restaurante o club de entretenimiento; son conductores de taxis y esperan ansiosos por una carrera.
De esta forma se ganan la vida cientos de taxistas durante todas las madrugadas, haciendo cola mientras llegan los clientes que esperan salir rápido del recinto amurallado.
Entre las plazas de la Aduana y de Los Coches, existe una asociación llamada ‘El Portal’, compuesta por 22 taxistas quienes se encargan de transportar principalmente a los turistas y nativos que disfrutan en los sitios de rumba más cercanos.
Germán Cueto, tesorero de esta estación, asegura que están organizados desde hace más de 13 años en este sector y desde la aprobación del Decreto 1450 de 2007 por parte del Concejo Distrital sobre las zonas de acopio de taxis, mejor conocidas como “zonas amarillas” se han establecido definitivamente.
“Nosotros ya nos acostumbramos a trabajar en este lugar, incluso cuando cierran las plazas por eventos de la Alcaldía, nosotros nos las ingeniamos para entrar hasta acá” relató Cueto.
La jornada comienza a las 9 de la noche, que es la hora autorizada para el ingreso de los taxis al Centro y termina a las 5 a.m. cuando han cerrado los establecimientos nocturnos y se ha despejado casi por completo el sector.
Durante la semana – a excepción de los viernes, sábados y domingos- los “zapaticos” se parquean uno tras otro en la Plaza de Los Coches o en la Plaza Pareja, pero cuando llega el fin de semana, solo deben permanecer como máximo dos vehículos estacionados. En cada extremo se ubican dos jóvenes quienes se encargan de avisar por radio el requerimiento del servicio.
La clave está en la organización
Del otro lado de la Boca del Puente, exactamente frente a la Plaza de la Paz, se ubica otra estación de taxis llamada ‘Torre del Reloj’ conformada por casi 30 conductores, debidamente uniformados e identificados, uno de ellos es Victor Pérez, Jefe de Prensa del Sindicato de Conductores de Taxis de Cartagena (Sincontaxcar).
“Aquí todos los conductores estamos uniformados y cada uno de los carros tiene una calcomanía donde se identifica al conductor como perteneciente a esta estación, eso le da confianza al usuario y en caso de algún problema con el servicio, puede volver y seguramente le ayudaremos a solucionarlo” explica Pérez.
Aparte de éstas dos estaciones, existen otras cuatro organizadas dentro de las zonas amarillas del Corralito de Piedra, éstas son: Restaurante Nautilus, Hotel Santa Teresa, Calle Cochera del Gobernador y Hotel Santa Clara; otras estaciones también están en proceso de ser incluidas.
Y es que la función del taxista durante las noches va más allá de recoger y llevar pasajeros a sus destinos, también son vigilantes y hasta salvavidas, eso lo convierte en un trabajo satisfactorio, pero a la vez muy riesgoso.
“Los taxistas somos los primeros en llegar cuando ocurre un accidente o un emergencia, ayudamos a la gente, nos comunicamos con la Policía cuando vemos algo sospechoso. Nosotros cumplimos una labor social, que a veces no es reconocida por la sociedad”. afirma Víctor.
Pérez, enfatiza en la importancia que el gremio tiene para la ciudad, especialmente en horas de la noche ya que la constante colaboración con la Policía Nacional, ha contribuido a la disminución de la inseguridad en algunas zonas de Cartagena.
“Este sector de la Torre del Reloj, antes era más peligroso que ir a cualquiera de los barrios marginales en horas de la noche, aquí no había policías y nosotros los taxistas éramos los que denunciábamos todo lo que ocurría en este lugar” agregó.
Actualmente las condiciones de seguridad han cambiado, ahora se nota una mayor presencia policial y los visitantes caminan tranquilamente por las calles de la ciudad vieja.
Entre tanto los viejos taxistas noctámbulos cumplen su sagrada costumbre de transportar sus clientes hacia los extramuros y regresar hasta sus zonas amarillas, esas que se han ganado a pulso cada madrugada.


