Cada mañana, a las 6 a.m., Carmen* se levanta para preparar el desayuno de María, su hija de 14 años, mientras la niña se prepara para ir al colegio. Luego de despedir a su hija, Carmen dedica unos instantes a los quehaceres del hogar antes de arreglarse para comenzar su jornada laboral. Antes de las 8 de la mañana, sale de su casa, en uno de los sectores del barrio Olaya Herrera que colindan con la ciénaga de La Virgen, donde también vive su sobrina Natalia, y la hija de ella, Leidy.
Olaya Herrera se sitúa en la comuna 6, en la zona suroriental de Cartagena de Indias, a 12 kilómetros del reconocido Centro Histórico de la ciudad. Lejos de la opulencia, los monumentos turísticos y las casas coloniales, este sector de la Localidad 2 es conocido por sus calles destapadas, caños taponados, difícil acceso al transporte público y un cúmulo de problemáticas sociales, tales como la pobreza y las altas tasas de homicidio, embarazo adolescente y mortalidad maternoinfantil; pero también, por su gente perseverante que lucha contra todas estas adversidades para salir adelante.
Estas condiciones ponen de relieve las marcadas disparidades sociales y económicas que experimentan los habitantes de los barrios cercanos a la Ciénaga de La Virgen, quienes han sido segregados y marginalizados del resto de la ciudad. Lea aquí: Inauguran nuevo colegio de Shakira en Villas de Aranjuez, en Barrios Unidos
Desde allí, Carmen comienza su ruta vendiendo chance: recorre Zarabanda, La Magdalena, Estela, San José
Obrero y Playa Blanca, todos sectores aledaños. Conoce este trayecto como la palma de su mano, ya que lo ha realizado de lunes a domingo durante más de treinta años.
Una gorra, una camiseta manga larga y a veces una sombrilla, son las únicas defensas de esta mujer de 47 años ante el sol inclemente de Cartagena de Indias. Cuando la sensación térmica llega a los más de 30 grados centígrados y el calor se torna sofocante, para en puntos estratégicos para refrescarse sin dejar de vender.
Sin embargo, no puede estar mucho tiempo en un solo lugar, porque el chance que vende es ilegal, y no quiere correr el riesgo de ser atrapada por la Policía porque, además de perder su única forma de sustento, puede enfrentarse a hasta ocho años de cárcel, de acuerdo con el Código Penal, ya que pagar la multa de más de 100 salarios mínimos mensuales legales vigentes (SMMLV) no es una opción para ella.
Ese día, alrededor de las 10 de la mañana, Carmen saca un poco del desayuno que se preparó en la mañana para aguantar hasta las 5 de la tarde, hora en la que podía volver a comer. Por lo general, suele regresar al mediodía a su casa para tener listo el almuerzo de su hija, una vez la niña sale del colegio. Ahí aprovechaba para comer y descansar un rato antes de salir nuevamente a las 5 p. m. y terminar la venta del día a eso de las 10 de la noche. Pero en esa ocasión no podía regresar temprano, pues se encontraba algo apretada con el trabajo: no había vendido mucho, así que se quedaría más tiempo en la calle para ganar un
poco más. En los días buenos, gana hasta $25.000, que al mes son unos $750.000. En los malos, como estaba pintando ese, de cosa alcanzaba a llegar a los $10.000 diarios, es decir, $300.000 al mes. Lea aquí: Baja la pobreza en Bolívar, pero aún hay retos que superar
Lleva días sin cenar, por eso, ese día prefiere desayunar tarde para poder comer en la noche. Ella y su sobrina, Natalia, las dos adultas de la casa, solo pueden tener dos comidas diarias por falta de alimentos y recursos. Los ingresos de Carmen son el pilar económico del hogar. Natalia no tiene un empleo estable y soloocasionalmente ofrece servicios de manicura y pedicura en casa.

Además, ya no cuenta con el subsidio de Familias en Acción que recibía su hija María desde los 2 años, ya que en diciembre de 2023 dejaron de otorgarlo debido a una actualización que la ubicó en una categoría más alta en el Sisbén. Como resultado, llevaba tres meses sin recibir esta ayuda.
Había días en los que Carmen y Natalia desayunaban y almorzaban, y otros en los que desayunaban y cenaban, pero nunca las tres opciones. En el hogar, las únicas con las tres comidas garantizadas son Leidy, quien recibe desayuno y almuerzo en la guardería del barrio; y María, su hija. Cuando Carmen prepara el almuerzo, siempre deja un poco para que María y Leidy puedan cenar. En los días en que solo podía hacer la cena, como ese, enviaba a María al comedor comunitario que está cerca de la casa y que ofrece almuerzos a los niños por una contribución de $2.000.
La inseguridad alimentaria que enfrenta el hogar de Carmen es compartida por el 43% de los hogares en
Cartagena, según revela la Encuesta de Percepción Ciudadana (EPC) de 2023, de Cartagena Cómo Vamos. Específicamente, las mujeres y los residentes de la Localidad 2, como Carmen, son quienes señalan los niveles más preocupantes de vulnerabilidad alimentaria en la ciudad. Lea aquí: Cartagena: mientras aumenta la pobreza, otros se hacen más ricos
Asimismo, las condiciones económicas de Carmen la suman a los 455 mil habitantes del Corralito de Piedra que viven en pobreza moderada, pues no siempre alcanza los ingresos mensuales mínimos de $427.667 para satisfacer sus necesidades básicas, ni las de su hogar.
Según la EPC de 2023, en Cartagena de Indias son más las mujeres que se perciben como pobres, en comparación con los hombres, lo que evidencia que son ellas quienes enfrentan mayores barreras para acceder a ingresos dignos. Día a día, Carmen desafía los riesgos de su trabajo y las barreras sociales y económicas para brindarle un futuro mejor a su hija, buscando ofrecerle las oportunidades que ella misma no pudo tener.
*Todos los nombres de esta crónica fueron modificados para proteger la identidad de la fuente.
