El crecimiento urbano nunca suele ser silencioso y detrás quedan siempre preguntas regadas.
Cómo se expande, hacia dónde, y también los problemas que deja en el camino.
Algunos sueñan con ciudades apretadas hacia arriba; otros imaginan periferias ordenadas. Hay quienes simplemente priorizan el espacio público procurando que el ciudadano no se amontone y así evitar que se vuelva tan agresivo como cualquier otro animal, porque lo cierto es que no hay organismo que no se altere cuando carece de espacio. Lea: Transcaribe: Las acciones del Distrito ante las fallas mecánicas en los buses
Entonces ¿qué hace que una ciudad sea realmente una ciudad?, ¿y esta que habitamos es la que merecemos?
Los $500 que están moviendo (y varando) a Cartagena
Crecer, a veces, se confunde con amontonar. Por eso terminamos rodeados de carros y pantallas, pero con sistemas de transporte que cansan a la gente. Cartagena es un ejemplo de eso: Transcaribe mueve al usuario, sí, pero no necesariamente alivia el calor, ni regresa el tiempo perdido, ni evita esa pequeña fatiga que se acumula en el cuerpo cuando la movilidad se vuelve tan agotadora.
Los ejemplos latinoamericanos pueden servir como espejo. Lima, donde, según ENITRA, los ciudadanos pasan buena parte de su jornada atrapados en el tráfico. Bogotá, situada en el octavo puesto de peor congestión del mundo en 2021, preguntándose, como tituló la BBC, por qué es la ciudad con el peor tráfico de América Latina. Y en Colombia, el TomTom Traffic Index de 2024 ubicó a Barranquilla y Cartagena como las capitales con mayor tiempo de recorrido por cada 10 kilómetros: 31 minutos en Cartagena, sin tener en cuenta el tiempo de llegada del transporte.
Pero más allá de los estudios, están los cronómetros con los que cada quien calcula su día. En Cartagena, los usuarios de Transcaribe se quejan de la falta de puntos de recarga, del colapso en La Bodeguita, del caos en Madre Bernarda y de buses varados que bloquean Bocagrande.
Para quienes viven en la periferia o en zonas rurales, volver a casa significa casi dos horas entre empujones, sudor ajeno, malos olores y esa postura permanente de defensa. Incomodidades que muchos aceptaron cuando el pasaje costaba $3.400, sin imaginar que meses después subiría a $3.900. $500 pesos que pueden parecer insignificantes, pero que de ida y regreso se convierten en $1.000 diarios. Para un usuario frecuente, como un estudiante o un trabajador, eso equivale a $5.000 a la semana, cerca de $20.000 al mes solo por el incremento. Sumado al costo total del pasaje, el gasto mensual en transporte supera fácilmente los $200.000, ubicando a Cartagena entre las ciudades con el transporte masivo más costoso del país.
Según Cartagena Cómo Vamos, aunque la ciudad cerró el año con una inflación inferior al promedio nacional, el costo de vida sigue siendo una preocupación. Transcaribe explicó que la estructura tarifaria se compone de dos elementos: la tarifa técnica y la tarifa al usuario, esta última impactada por el aumento del salario mínimo.
El aire que no alivia el calor
Actualmente la operación de Transcaribe está a cargo de dos empresas privadas, además del Distrito a través de “TransCaribe Operador”.
Según el Distrito, las fallas recurrentes en el servicio y los conflictos contractuales con uno de los operadores han afectado la movilidad urbana y a miles de usuarios.
El calor es un factor crítico.
“Hay buses donde adelante se siente más fresco, pero atrás el calor es insoportable porque los extractores no funcionan, la verdad es esa”, contó a Facetas uno de los operadores. Dice que, en casos extremos, incluso se han visto buses terminar su recorrido con las puertas abiertas. “Eso es un riesgo, por eso toca ir despacio”, asegura.
Cuando un bus se daña en plena operación, el procedimiento es una odisea. “Hay que esperar a que pase otro bus para recoger a los pasajeros, luego esperar grúa o mecánico”, añade.

Según publicó en X el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, la flota de 99 vehículos que le corresponden a la Alcaldía de Cartagena está operativa al 100% y al día con su respectivo mantenimiento.
“En mayo de este año serán 171 (buses), ya que el año pasado compramos 72 y actualmente están siendo ensamblados en China”. Turbay asegura que la deficiencia está es en uno de los operadores, cuya flota en su mayoría está averiada, y desde 2018 no compra un solo bus. “Hemos actuado jurídicamente para que cumpla con sus compromisos y le hemos dicho que si le queda grande, que dé un paso al costado, pues entorpece la operación y la calidad del servicio”, señaló Turbay.
El sistema ha tenido ajustes en los últimos años. En 2020 el pasaje pasó de $2.500 a $2.600. En noviembre de 2021 subió otros $100, ubicándose en $2.700. Durante 2022 no hubo modificaciones, pero en 2023 la tarifa aumentó a $3.000. Más adelante, en abril de 2025, se fijó en $3.400, valor que se mantuvo hasta el actual ajuste de 2026, en $3.900.
$500 lo son todo para Marlene
Bastó con que su hija leyera la noticia para que Marlene Farias creyera que lo bueno no dura para siempre. Semanas atrás, en medio del fervor de la pirotecnia de Fin de Año, cuando los fuegos artificiales sobre la Torre del Reloj prometían un provenir mejor, se imaginó un año nuevo con todas las de la ley.
Pensó hacer de todo con esos dos millones que anunciaron en el noticiero que le darían al mes. Se propuso pagar gimnasio, salir de datacrédito y ahorrar para visitar a sus hermanas en Cali.
Pero ahora estaba en una encrucijada: seguir con las opciones de transporte que la ciudad le brinda… o sacar fiada una moto, así fuera a 36 cuotas.
“Yo hago aseo en un AirBNB en Bocagrande. Gano el mínimo y soy madre cabeza de familia. Vivo en Nelson Mandela y cojo el alimentador en la madrugada. De regreso me toca coger Transcaribe. Salgo del trabajo a las cinco”, relató la cartagenera mientras hacía la fila en la ruta, mismo lugar al que regresaría a eso de las ocho, cuando la noche suele avisarle que encontrará la comida fría, o que tendrá que usar la última gota que le queda de energía para prepararla.

$500 son todo para un conductor que no dice su nombre
Dentro del sistema las cosas se ven distintas. Hay quienes dicen que rara vez se puede hablar.
Facetas intentó contactar a conductores del SITM, pero la mayoría solía colgar a la primera: “Mi hermanito, eso no es conmigo, no sé de eso”. A excepción de uno de ellos, que, aunque prefiere mantener su nombre en reserva, habló sobre las condiciones que atraviesa por estar al volante. Lea también:¿Por qué Transcaribe subió $500 el pasaje en Cartagena?
El operador, vinculado a una de las empresas concesionarias, explicó que la estabilidad laboral se mantiene bajo contratos a término fijo, con renovaciones periódicas. “A los que recién ingresan les renuevan cada seis meses; los que ya tienen más de un año firman otro tipo de contrato”, señala. Sin embargo, en materia salarial, sigue la incertidumbre. “Todavía no sabemos cuánto va a ser el aumento. Esta quincena nos pagaron con el sueldo del año pasado porque, supuestamente, el sistema no estaba actualizado”, explica.
Dice que ni siquiera el aumento del salario mínimo le alcanza para suplir todas las necesidades de su familia. “Eso no alcanza. Muchos compañeros cogen pagadiarios gota a gota, lo que vean que puede sacarlos del apuro. Otros se rebuscan ‘mototaxiando’ en las tardes”, señala.
La mayoría de sus compañeros vive en barrios populares como La Esperanza, Nelson Mandela, La María, y enfrentan problemas de inseguridad, sobre todo en los turnos de madrugada.
“Entrando al Patio Portal hay puntos donde atracan casi todos los días. Nos han quitado motos, bicicletas, celulares. La empresa en la que estoy lo sabe, pero no hay auxilios de transporte todavía”, denuncia.
Y agregó: “Todo aumenta, y con lo que la gente paga también se nos paga a nosotros, que somos trabajadores y usuarios del sistema. La gente critica el aumento del precio, pero lo pagan sin problema a los revendedores”, dice. Sin embargo, insiste en la promesa de nuevos buses: “Todos los años están llegando los buses. Ya muchos no creemos hasta no ver”.
$600 son todo para los revendedores
Hay un fenómeno que crece alrededor de las fallas del SITM y es la reventa de pasajes. Ciudadanos que se ubican en las paradas y estaciones para vender pasajes en $4.000. Por supuesto, esto era el año pasado, cuando el pasaje costaba $3.400. Hoy los usuarios se preguntan en cuánto lo revenderán costando $3.900.
Muchos usuarios deciden comprarles a los revendedores porque no hay taquillas suficientes. Por ejemplo “en La Bodeguita, Castellana y Madre Bernarda solo hay una y la otra abre a veces en la tarde”, relató una usuaria.
“Llegan revendedores a rebuscarse pero hay vigilantes que los quitan porque temen a que los despidan si los ven por las cámaras”, contó otro ciudadano.
María* es una de las revendedoras, muy popular en una parada por fiarle pasajes a su clientela. Se levanta a las cuatro de la madrugada para estar a las y cuarenta y cinco en el punto. Antes se exponía a atracos, pero hace poco le vendieron una moto de segunda. Tiene cinco años revendiendo pasajes y descubrió ese negocio casi que por casualidad. En 2021 llegó a Cartagena tras la situación compleja de su país. Un señor que vendía fritos le pagaba $18 mil por ayudarle, y $7 mil sacaba de ahí para pagar una pieza. Pero un día el señor decidió no vender más y quedó a la deriva.
Esa mañana se tiró a llorar en la parada de buses. Y en medio del desconsuelo notó que la gente estaba preguntando por pasajes de Transcaribe. Junto a otros amigos venezolanos desempleados armó un comité y acordaron horarios para turnarse. “Soy la única mujer y la que decidió venir por la madrugada”, contó todavía soñolienta.
Por la tarde quien revende es Mario*. Tiene tres tarjetas recargadas. Cuando un bus se acerca a la parada corre para acomodarse detrás del torniquete. Ya conoce a los conductores. Ha desarrollado una gran destreza para entregar vuelto en cuestión de segundos. Pero siente que lo que gana no le alcanza, pues asegura que al mes no se hace más de $1.200.000. La temporada más crítica es diciembre, cuando la gente sale de vacaciones.
Hoy se encuentran preocupados por la reacciones de los usuarios ante el incremento del pasaje, pues establecieron que también tendrán que subir el precio en la reventa.
Facetas estuvo ahí, a plenas cinco de la madrugada, cuando comenzaba a regir el decreto, se acercaba el primer bus y la gente bombardeaba con preguntas a María. Corría de un lado a otro. Saludaba a la gente al mismo tiempo que rebuscaba las monedas en la oscuridad para dar el vuelto.
“¿$4.500? ¿cómo así?”, “Bella, el pasaje subió”.
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Desde Transcaribe indicaron a Facetas que actualmente cuentan con 23 puntos de venta y recarga, que concentran aproximadamente el 65 % de las recargas realizadas. También disponen de la App Supergiros y Megared, que tienen como propósito minimizar las prácticas informales como la compra de pasajes para su reventa.
Activistas exigen respuestas al Distrito
Los activistas Sebastián Blanco y Jesús Romero anunciaron una manifestación en Cartagena para rechazar el incremento de la tarifa de Transcaribe.
Según explican, el alza pudo haberse evitado si el Distrito hubiese robustecido el Fondo de Estabilización Tarifaria, el mecanismo con el que la Alcaldía subsidia parte del transporte público.

“Para mantener la tarifa sin incrementos en 2026 se requerían cerca de 109.000 millones de pesos; sin embargo, la administración destinó solo 33.000 millones. El resto del déficit no lo asumió el Distrito, lo asumimos nosotros, pagando 500 pesos más por cada viaje”, afirmaron los activistas.
Facetas contactó al Distrito de Cartagena para conocer una respuesta frente a la postura de los activistas. Desde la administración indicaron que se encuentran trabajando en una respuesta.
Recientemente se conoció que se estaría contemplando un tarifa diferencial para estudiantes.

