“Cuando salga del cuarto tengo que apagar la luz y desconectar los aparatos tecnológicos”. Esa fue una de las enseñanzas que Valentina Conde, estudiante de quinto grado de la Institución Educativa Jesús Maestro, se llevó a casa después de participar en una jornada dedicada al ahorro de energía. Como ella, otros 49 niños de la institución, ubicada en el barrio Nelson Mandela, aprendieron que pequeñas decisiones cotidianas pueden contribuir al cuidado de los recursos y a la economía familiar.
La actividad hizo parte de la campaña ‘Cartagena sí se ilumina con su gente bacana’, una iniciativa de El Universal y Afinia que busca acercar a las comunidades recomendaciones prácticas para promover el consumo responsable de energía. A través de dinámicas participativas, los estudiantes conocieron acciones que pueden incorporar a sus rutinas y compartir con sus familias.
El encuentro también estuvo marcado por la conversación sobre el fenómeno de El Niño y sus efectos en el sistema energético. En este contexto, generar conciencia desde las nuevas generaciones cobra especial importancia, pues los hábitos de consumo que se construyen en casa tienen un papel en el uso eficiente de la energía. Lee también: Cartagena sí se ilumina cuando sus niños aprenden a ahorrar energía.
Luis Gabriel Narváez, gerente de proyectos de infraestructura de Afinia, explicó que llevar este tipo de mensajes a los niños permite sembrar conocimientos que pueden trascender el espacio escolar.
“Empezar desde temprana edad a enseñarles, desde nuestros valores, cómo podemos ahorrar energía o cómo podemos transformar las cosas nos va a permitir tener una mejor Cartagena en los próximos años. Por eso se vuelve importante enseñarles a ellos cómo transformar la vida de hoy para un nuevo futuro”, señaló.
Narváez también hizo referencia a la coyuntura ambiental y a la importancia de que cada usuario contribuya desde sus actividades diarias. Explicó que los niveles de los embalses son un factor relevante para la generación de energía y que, ante este panorama, el consumo consciente representa una forma de aportar desde los hogares.
Apagar las luces cuando no se necesitan, desconectar los equipos que permanecen conectados sin estar en uso y evitar el funcionamiento innecesario de los aires acondicionados son algunas de las prácticas que pueden marcar la diferencia.
Cinco hábitos para llevar a casa
Durante la jornada, los estudiantes conocieron cinco recomendaciones para convertirse en agentes del ahorro energético. La primera, ‘La última persona apaga la luz’, los invitó a aprovechar la iluminación natural y preferir bombillas LED. La segunda, ‘Si nadie lo usa, que no siga encendido’, les recordó que televisores, computadores y consolas también deben apagarse después de utilizarlos.
A estas se sumaron otras prácticas relacionadas con el uso de electrodomésticos: mantener el aire acondicionado entre 22 y 24 grados, ubicar la nevera en un espacio ventilado y alejado de fuentes de calor, y utilizar la lavadora con cargas adecuadas para aprovechar cada ciclo.
Los consejos se reforzaron con una sopa de letras, ejercicios para organizar palabras y dibujos, actividades que permitieron a los niños apropiarse de los mensajes de una manera cercana y divertida.
Para Helen Medrano, otra de las estudiantes participantes, aprender a cuidar la energía también significa reconocer los recursos que ofrece el entorno. “Aprendí a cuidar la energía y a utilizar la luz solar”, contó. Entre los hábitos que más recordó estuvo apagar las luces antes de salir de una habitación.
La importancia de estas prácticas también tuvo sentido para Aranza, quien relacionó el ahorro energético con el bienestar de su familia y el cuidado del medioambiente. “Si seguimos estas recomendaciones, la luz no vendría tan cara y también estaremos cuidando el medioambiente”.
Más allá de las respuestas aprendidas durante el encuentro, uno de los propósitos de la actividad era que los estudiantes llevarán las recomendaciones a sus casas y las compartieran con sus padres, hermanos y otros familiares. Así, la jornada en Nelson Mandela dejó una enseñanza que va más allá del salón de clases: el ahorro de energía no depende únicamente de grandes cambios, sino también de decisiones sencillas que se repiten todos los días.