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Cartagena

Educación especial y sin límites en Cartagena

Mariana Armao es una venezolana de 40 años que se especializó en la educación de niños y niñas con necesidades especiales que dificultan su aprendizaje.

Educación especial y sin límites en Cartagena
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La educación es un pilar en la vida de los niños y las niñas, por eso les es tan fácil recordar a los maestros que ejercieron la profesión desde el amor y la vocación. Una de esas personas es Mariana Armao, una mujer que creció con el profundo deseo de enseñar a aquellos niños a quienes el camino del aprendizaje les era más empinado; es por eso que estudió educación especial, una carrera enfocada en la enseñanza a niños con discapacidades cognitivas.

La historia de Mariana inició en Caracas, Venezuela; país en el que nació y donde estudió educación especial en la Universidad Pedagógica Libertador. En el último año de la carrera, conoció a Osmil Pájaro, un estudiante de posgrado y con quien trabajó integrando personas con necesidades especiales a nivel laboral; luego se conocieron más, se enamoraron y se casaron.

Mariana se unió al Ministerio de Educación de Venezuela y trabajó allí durante seis años, esforzándose por aportar a la reestructuración de la educación especial en el país. Su enfoque se alejaba de la teoría y los aportes de los grandes pedagogos, pues para ella, la mejor manera de enseñar se centra en la aplicación práctica de estrategias efectivas. Lea aquí: Juan Manuel Montes Farah, el médico cartagenero con un legado inmortal

Aprendió a entender a los niños, a leer su lenguaje y descubrir las incalculables maneras en las que aprenden ya que el conocimiento no reposa únicamente en un libro; sino en la vida diaria si somos capaces de aprender las lecciones.

Una de ellas, obligada pero aprendida, es que a veces las circunstancias cambian en un abrir y cerrar de ojos y toca adaptarse y encontrar nuevas maneras de salir adelante. Eso lo descubrió cuando emigró a Colombia con su esposo y una hija pequeña, empujados por la necesidad de encontrar un nuevo futuro en medio de la crisis de Venezuela. Al llegar, pudo sentir, después de mucho tiempo, el olor del pan; un instante que la marcó y a través del cual descubrió que aquí comenzaría una nueva vida. Lea aquí: Jhon Córdoba: el caleño que adorna el cielo de Cartagena en agosto

Comenzar desde cero

Al llegar a Cartagena comenzaron a vender deditos de queso de casa en casa por los diferentes barrios. En una de esas ocasiones, Osmil observó a un niño con características del espectro autista y se dio cuenta que las maestras no tenían las herramientas para enseñarle de la mejor manera. Él con una especialización en inclusión de personas con necesidades educativas especiales, se ofreció de manera voluntaria para capacitar a las docentes de la institución educativa y al final fue contratado para trabajar de manera permanente.

Por su parte, Mariana se dio a conocer entre la comunidad educativa gracias a su metodología basada en la didáctica: “La experiencia es la que te da ese filo para saber qué hacer con eso en función a las características del niño”, enfatiza. Lea aquí: Ella es Érika Heredia Arias, una mujer que pilotea en Transcaribe

Para ella los niños y niñas conocen el mundo de manera sensorial, es decir, a partir de lo que ven, tocan y sienten. Por eso, prepara sus clases con recursos didácticos enfocados hacia las necesidades especiales que tienen sus alumnos con discapacidades cognitivas.

“Cuando hay un déficit en lo visual tienes que saberlo manejar para que el desarrollo se potencie a nivel cognitivo, o sea, para que un déficit se convierta en una fortaleza. Cada quien se va especializando depende el área que te va tocando ejercer, pero la mía es como la más amplia, porque ahí entra lo que pudiera ser un retardo mental, una parálisis cerebral, y todos los síndromes que afectan el proceso neurológico y el neurodesarrollo del niño, eso lo abordamos nosotros.”

Un enfoque diferencial

Después de haber pasado un par de años trabajando en el sector educativo en la ciudad, Mariana y Osmil decidieron emprender un proyecto en el que se dedican a capacitar a docentes en la educación inclusiva y a enseñarles metodologías basadas en el juego: “les hablo un poco de creatividad”, afirma Mariana, destacando cómo su enfoque trasciende las teorías y se adentra en la aplicación real. Además, asegura que se esfuerza por trabajar la metacognición con sus estudiantes, una manera de fomentar el pensamiento crítico y la apropiación del conocimiento de los niños y niñas en las aulas. Lea aquí: ¿Qué tanto se lee en Cartagena? Tres historias, tres voces sobre la lectura

“Mariana es una persona que hace todo con amor, la mueve de verdad la vocación. No se trata de dinero, ella lo hace por ayudar y si es de quedarse más tiempo ella se queda con tal de poder hacer todo.”, dijo Madelein Martínez, la mamá de uno de los niños de quien Mariana ha sido acompañante pedagógica. Mencionó que Matías, su hijo, padece autismo y gracias a ella han visto pasos significativos en su proceso de aprendizaje y en la manera en la que se relaciona con su entorno. “La verdad no creo que sea la más buena en lo que hago, creo que hay muchas personas que pueden hacerlo mejor, en la universidad, por ejemplo, conocí a muchas chicas brillantes, sin embargo, lo hago desde el amor y la vocación”, dijo. Amor y vocación, dos palabras que engloban la labor de Mariana en la lucha por la educación inclusiva en Cartagena, una ciudad que cada vez más necesita más docentes que al igual que ella estén dispuestos a aprender las herramientas para guiar a los estudiantes que necesitan una atención especial.

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