Ahora el mar es el recuerdo de un niño que se eterniza sobre las olas del tiempo. Ese niño está en el corazón de sus padres, sus abuelos y los niños de hoy que no llegaron a conocerlo, pero al nombrarlo, lo vivifican a un presente tangible y hermoso.
Es el raro encanto del niño que empieza a nadar como pez en el agua en una piscina o en el mar, y ve el cielo desde los espejos del agua. Ahora el mar de Cartagena es escenario de encuentro de niños y niñas de las diversas comunidades de la ciudad que habitan al pie de sus cuerpos de agua, y paradójicamente no saben nadar. La iniciativa de enseñar desde la primera infancia a niños en Cartagena tiene una historia conmovedora y dramática.
Y es que con ese propósito nació la Fundación Edu Saber Nadar, que se ha consagrado en enseñar a nadar a niños de las comunidades marginales de Cartagena. La fundación desarrolla una dinámica y ejemplar agenda de proyección social y cultural, promueve una pedagogía sobre la natación en los niños. Lea aquí: La curiosa historia de una costeña que, a sus 32 años, quiere aprender a nadar
La génesis de la fundación surgió después de un drama familiar, precisa Luis Fernando Londoño Capurro, quien integra el núcleo humano de esta fundación junto a su esposa María Elena Martínez y el médico Roberto Galván, entre otros.
Una tragedia familiar
“Mi nieto Eduardo Fernández Londoño, de un año y cuatro meses de edad, se ahogó en una piscina de su casa en Miami. Él sabía flotar en el agua porque le enseñaron a nadar.
La costumbre en los Estados Unidos es enseñar a nadar desde los 10 y 12 meses de edad. Sin embargo, temprano en la mañana todavía tenía su pijama enteriza puesta, que al mojarse pesa mucho para un niño a tan temprana edad. Le fascinaba el agua y se tiraba a la piscina tan pronto veía a su profesora de natación esperándolo para la clase. Sus padres estaban desayunando con él, su hermanita y la niñera que le cuidaba.
En un momento dado su mamá dijo: “Voy a subir a bañarme. Ahora bajo”. Al rato, Olga, su madre, gritó dirigiéndose a la hermanita de Edu, desde el segundo piso: Elena, ¿Edu? La niña respondió: “No sé, mami”. Inmediatamente después, en voz alta le preguntó a la empleada que estaba con el niño: “¿Dónde está Edu?”. Ella contestó: “No sé, señora, creo que salió con el señor”. La mamá gritó al papá por una ventana de su habitación en el segundo piso: “Eduardo, ¿Edu está contigo?”. Respondió: “No”.
Por su sexto sentido propio de las mujeres bajó en segundos y salió a la piscina en donde encontró a Edu flotando bocarriba. Por todos los medios de primeros auxilios se trataba de que volviera en sí. Mientras tanto su papá llamaba a Emergencias del Cuerpo de Bomberos que constituyen en ese país la entidad más indicada para resucitar o salvar a los seres que se ahogan. Lea además: Aprenda a actuar ante un ahogamiento infantil
En una ambulancia medicalizada de rescate de los bomberos, su papá se fue con él al Jackson Memorial Hospital. Con choques eléctricos, oxígeno inducido y todos los elementos de urgencias fueron activando o reviviendo sus órganos con excepción de los pulmones que no funcionaban por sí solos. Desde diferentes países viajaron familiares para acompañar a sus padres en ese dolor profundo del alma que se siente cuando una criatura llena de ganas de nadar en este mundo se encuentra en ese estado crítico.
Pasaban dos, tres y cuatro días, sin respirar por sí mismo. Al quinto día, los médicos después de una junta que realizaban todos los días, se reunieron con los padres de Edu y les manifestaron que ya no había nada qué hacer porque su cerebro estaba muerto y legalmente es la muerte de un ser humano en los Estados Unidos.
En medio de la tristeza, les contaron que acostumbraban a motivar a los padres de los niños sin posibilidad de vivir para donar órganos saludables de sus hijos a otros niños que esperan en ese u otro hospital un trasplante o trasplantes de órganos que necesitaban para vivir. Eduardo y Olga Lucía, los padres de Edu, decidieron donar los órganos de su niño, y con esos órganos salvaron la vida de seis niños. “Edu hizo ese milagro”.
Crear un sueño
“Unos meses después Eduardo Fernández y Olga Lucía Londoño crearon la Fundación Edu Saber Nadar, para enseñar a nadar a niños entre los 5 y 12 años en comunidades pobres y vulnerables. Enseñar a nadar a niños es el objeto social o sagrado de esta fundación. Y en un futuro a adultos para salvar vidas”.
Y no son solo los niños de barrios pobres y marginales, sino en general de toda la ciudad. Niños, jóvenes y adultos que viven al pie de los cuerpos de agua, caños y ciénagas, al pie de la bahía y el mar. En lo que va del año 2023, ha habido tres muertes por ahogamiento y 63 casos de niños y jóvenes rescatados. En 2021 hubo 53 casos de niños ahogados en Cartagena. Le puede interesar: 5 pasos para salvar la vida de alguien que se atragante
“Dios iluminó a los gestores de la Fundación Edu para cumplir con esta misión sagrada, y contar con aliados que han acompañado este proceso a través de donaciones. Es una tarea bella y humanística, que requiere responsabilidad, disciplina y profesionalismo, con una cobertura de seguros. Desde el momento en que los niños salen de su barrio hasta regresar a casa.
Los niños del programa van con su madre, con un conductor, una trabajadora social y unos instructores de natación que están pendientes de que no haya ningún riesgo dentro ni fuera del agua. Gracias al apoyo de los donantes y benefactores locales y del interior del país, hay un grupo de 35 niños asegurados que ya han terminado el primer ciclo de natación, y en octubre se inicia un nuevo ciclo con niños de los barrios marginados de Cartagena”.
El abuelo
El abuelo de Edu lleva las huellas de su nieto grabadas en una cadena de oro que palpita en su pecho. La foto de su nieto ahogado en una piscina lo estremece cada vez que lo contempla. Y se le salen las lágrimas cuando recuerda aquel día trágico. Pero se emociona cuando ve a los niños de Cartagena que se zambullen en el mar de la mano de los instructores y les enseñan a mirar y a respirar debajo del agua. Le puede interesar: Primeros auxilios en el hogar: seguridad y tranquilidad
La sonrisa y la alegría de los niños de Cartagena en estas jornadas de natación. Lo estremece la llamada de la madre del niño que recibió el corazón de Edu, que solo silabea: ¡Gracias! Un viento balsámico que viene del mar sacude su cadena junto a su corazón como si acabara de sentir una leve caricia de su nieto.
