Un lunes laboral en Cholón, y su puñado de dólares

Relato en primera persona sobre las dificultades a superar para el turismo en Cholón de Barú.

ANDRES CABRERA

26 de agosto de 2023 12:00 PM

Son las 6:30 de la mañana. Es lunes y se está terminando agosto. Vuelve la temporada baja. Menos turistas de lo habitual en Cartagena de Indias, pero no pocos. Sixto se prepara para empezar su jornada desde su casa en Isla Grande, la isla poblada más importante de Islas del Rosario.

Él es dueño de un restaurante en la isla de Cholón, perteneciente al corregimiento de Barú y destino fijo de las embarcaciones, los extranjeros que las abordan y, aún más importante, sus dólares.

A las 8:00 de la mañana ya está con todos sus insumos listos en su espacio de trabajo. Cocina detrás de una choza de paja con sus sobrinos, un horno de gas y un par de ollas gigante con aceite reutilizado. Según comenta, es para darle ‘más sabor al pescado’. Me permito dudar.

Desde temprano tiene sus productos listos para intentar como loco que los muchos dólares que llegan a su local se queden con él y los suyos. Me dice que desde las 9:00 de la mañana ya recibe embarcaciones, y le creo completamente.

Cholón está a solo 40 minutos en bote de la ciudad. Y muchas embarcaciones fondean allí desde temprano hasta la hora máxima de retorno, las 5:00 de la tarde. Un margen bastante amplio para vender y sobre-vender. Lee también: Los precios que debes saber antes de pagar una cuenta en Cholón.

Ya el reloj marca las 8:30 de la mañana. Es un lunes después de un domingo también trabajado en las islas. Estoy en el hotel Charleston de Santa Teresa esperando a los clientes. Trabajo para una agencia de alquiler de botes. Aunque no soy ni piloto ni administrador.

Mi función es servir de anfitrión bilingüe. Y más que hacer el recorrido sencillo y ameno al extranjero, al hablarle en su lengua materna, mi función se hace cada día más específica: evitar que a los clientes les cobren ‘de más’.

A las 9:10 ya estoy con los turistas en la Marina de Santa Cruz, en Manga. Empieza el recorrido hacia las Islas del Rosario. En el camino pasamos por la entrada de Bocachica, y me detengo a explicar la historia del fuerte de San Fernando y la batería de San José. No les mentiré, yo también quiero de propina un par de dólares.

El recorrido que ofrece mi agencia es un panorámico por Isla Grande y sus islas aledañas. Son 28 las islas que componen a las Islas del Rosario. Sinceramente, solo se alcanzan a visitar unas cinco. Varias son muy pequeñas o de instalaciones privadas, otras son más infraestructura de hotel que isla o playa, y algunas otras, sencillamente, están muy lejos.

“Queremos parar en Cholón”

Lastimosamente, la precaución por malas experiencias previas ha hecho que la agencia para la que trabajo ya ni siquiera ofrezca a Chólon dentro de su recorrido.

Menú de local en Cholón, actualizada y con el rango de precios más elevado de la isla en comidas. // Cortesía
Menú de local en Cholón, actualizada y con el rango de precios más elevado de la isla en comidas. // Cortesía

Lo que hoy se ofrece, en cambio, es pasar cerca de su playa y hacer un panorámico por esa zona de Barú. Algunos hacen el panorámico con miedo de que los turistas quieran quedarse, y así lo han manifestado.

“Nosotros podemos ponerle un guía al cliente; pero, en Cholón, este solo logrará que lo estafen menos; porque hasta estando nosotros ponen precios y cobros elevados”, afirmó el Jefe de Operaciones de una reconocida agencia de alquiler de botes de la ciudad.

Hoy día no promociono ni recomiendo como primera opción, para conocer las Islas, ir a Cholón. Pero tampoco es que considere que deba esquivarse el destino y ya; porque incluso sin promocionarse, o por más que se ofrezcan otros destinos, a voz personal, más cómodos, los clientes aún insisten en parar en Cholón. Ya tiene fama, y mucha.

Y no es que la experiencia sea siempre mala o los isleños no ofrezcan un buen servicio. Tampoco quiero que se dramatice o me mal entiendan.

Lo que se ofrece es a veces muy bueno, y los isleños cobran según lo que consideran vale la experiencia para el turista. Por tanto, mientras tantas personas sigan dispuestas a pagar, la dinámica no es tan injusta como la venden. Ni los dólares tan ‘robados’ como los reportan. Lee también: “Se va a considerar decretar el cierre de Cholón”: Pedrito Pereira, 2019.

El lugar es visualmente llamativo. El agua es tan cristalina como el resto de las Islas. Además, siempre llega un gran número de botes, muchos lujosos. Gente joven, y muchas veces apuesta. Alcohol, en todos los envases, y todo lo que puedas consumir al alcance de un lanchero.

Recibo de cobro a clientes por un millón de pesos. // Cortesía
Recibo de cobro a clientes por un millón de pesos. // Cortesía

Y aun sabiendo que no en todos los casos hubo consensos justos cliente-vendedor, tampoco se le puede apuntar toda la responsabilidad de lo injusto a aquel isleño que decide vender sus productos y/o servicios ‘pasados de piña’.

Mientras no se eduque lo suficiente, desde la empatía, a crear una relación objetiva entre calidad de lo que se ofrece y el precio que se pide, la responsabilidad amerita ser compartida con el resto de actores del Distrito.

Un turismo desbordado

El turismo en el Distrito de Cartagena se mueve dentro de un sistema complejo, y son varios los entes que regulan las diversas actividades que se realizan dentro de la ciudad cada que es visitada.

Anato Noroccidente se encargan de promocionar los paquetes turísticos de las agencias, Corpoturismo y ProColombia promueven la imagen de Cartagena a nivel nacional y mundial, el Fondo Nacional de Turismo (FONTUR) regula los bienes turísticos y su uso, y la Secretaría del interior se encarga de intervenir y procurar el correcto desarrollo del comercio.

Por otra parte, la zona insular de Barú e Islas del Rosario hacen parte de los Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN), por lo que esta entidad se encarga de proteger la zona coralina cercana a la isla de Cholón.

Justo este último, en conjunto con Fontur, viene trabajando en un proyecto para señalizar mejor la entrada de botes y legalizar el fondeo de las embarcaciones en las cercanías de Cholón. Lee también: 27 de enero, día decisivo para la señalización en Cholón.

Pero aún ese proyecto sigue en trámites, y la realidad es que Cholón aparenta necesitar mayores intervenciones a las que están en vigencia. Intervenciones que, muchas veces, se ven mermadas por el ‘turismo desbordado’ que denuncia la ciudadanía y sus entes de control.

¿Cómo mejorar la situación?

Si bien entidades como la Secretaría del Interior o la Alcaldía Local han instaurado, en pasadas ocasiones, precios sugeridos al público sobre los productos que son ofrecidos en Cholón, tampoco es que puedan fijarlos o establecerlos a la medida que ellos quisieran.

La ley de la libre competencia rige en Colombia, y esta deja abierta la ventana para que los precios sean ofertados desde lo que considere el establecimiento.

Pero no todos son manos atadas. Desde la Superintendencia de Industria y Comercio ya se han realizado proyectos ahí mismo en Barú, más concretamente en Playa Blanca, para capacitar a todos los prestadores de servicios en mejores dinámicas de venta, y así la gente reconozca de buena manera las experiencias en los territorios insulares. Lee también: “Regresen a Playa Blanca”: nativos sacan canción para atraer a turistas.

Fue un trabajo en conjunto con la Secretaría del Interior, Policía Nacional, los Consejos Comunitarios y la comunidad. Trabajo que si se replica en Cholón podría ayudar a que se centre la atención en lo realmente importante de Cholón: su playa cristalina y su población nativa.

¿‘Mujeres’ en Cholón? Pues también

Hace un par de meses que guardé el contacto de Mía, quien vino con unos clientes estadounidenses que yo atendí. Estaba ella y un par de chicas más. Todas cartageneras. Mía era evidentemente mayor. En medio de todo y los clientes, yo pude conversar con ellas.

No con todas crucé palabras, pero con Mía hablé bastante hacia el final del recorrido. Me contó sobre su hija y, mientras me mostraba una foto de ella, me preguntó si podía darme su número, en caso de que algún cliente de la agencia para la que trabajo pregunte por damas de compañía. “En esta vida hay que saber y tener los contactos de todo”, me hizo saber antes de despedirse de mí al llegar a la Marina.

Antecedentes de la ‘mala fama’

En Cholón parece estar todo lo que se desea dentro del turismo salvaje que azota la ciudad y tanto reclaman hoy día los extranjeros que vienen. Y entonces, ¿por qué tantos guías siguen dudando en recomendar la Isla? ¿Moralismos ? Nada de eso. Los precios.

Menú de precios en Cholón para 2019, que se viralizó en redes y generó gran polémica.
Menú de precios en Cholón para 2019, que se viralizó en redes y generó gran polémica.

Las estafas han sido tema diario en las noticias locales. Hay relatos en los que se exponen cuentas de 10 millones de pesos para un puñado de clientes por tan solo una mesa, un par de mojarras y cócteles poco elaborados.

En 2019 el Distrito, con Pedrito Pereira en la Alcaldía, se pronunció al respecto de los precios ‘cholonianos’. Afirmó en su momento que no eran aprobados desde la Alcaldía y comunicó una tabla de precios sugeridos. Todo esto, ante el escándalo producido por la foto de un menú de la isla que se volvió tendencia.

“Me ofrecieron 300 mil pesos para que yo no dijera nada, aprovechándose de que los extranjeros no hablaban nada de español, pero yo me negué”, confesó Johana Herrera, guía turística, para El Universal en 2019. Lea también: “Me ofrecieron $300 mil por mi silencio”: joven sobre abuso a extranjeros.

Otras historias tienen que ver con sobornos y casos de tarjetas robadas y vaciadas con los pocos datáfonos (terminales de punto de venta para cobros electrónicos) que hoy quedan en la isla. Algunos turistas han documentado cómo han sido agredidos verbalmente solo por no querer pagar de más.

Ya han sido varios los testimonios en el pasado que permearon la imagen del lugar y siguen haciendo temer a aquellos que en alguna visita previa a la isla, vieron o fueron víctimas de estos actos.

“¿Y ahora cómo pago?”

Y es que el problema no son directamente los precios excesivos por los productos y servicios, que ya pueden verse mucho más aterrizados que en otras ocasiones, sino a los reducidos métodos de pago.

Solo hay dos datáfonos, y entre esos dos se hacen los cobros por tarjeta de todo Cholón. Uno de los portadores de esos aparatos cobra el 20% de lo consumido por su uso, el otro portador, a veces, lo deja en 15%.

Pagando en efectivo también se complica la cosa, específicamente, cuando es en dólares. Allá el dólar lo reciben a 3.500 pesos, cerrados. Aun cuando el dólar está por encima de los 4.000 y se ha mantenido en ese rango durante todo el último mes.

Claramente esto es una irregularidad, pero ya estando en el lugar y habiendo consumido, muy pocos clientes esperarán por policías llegando en botes de la Armada para un ‘heroico’ rescate.

El Distrito ya ha intervenido en la isla anteriormente, para conciliar con los isleños sobre la regulación de sus precios. Muchos siguen siendo altos, pero ya con tintes más justos. Lee también: Alcaldes locales, responsables de listas de precios según decreto.

Varios restauranteros más, hoy han regulado sus cartas; aunque bueno, a su manera. Sixto es de los más justos, casi el 90% de su carta rebajó los precios, acorde a las peticiones del gobierno. Pero, aún está ese 10%.

Pablo Escobar es el nombre de su cóctel insignia. Es básicamente una Piña Colada con mucho Aguardiente extra. Por ese extra, lo cobran tres veces más caro. 185.000 pesos vale, cuando el precio de los demás cócteles de la carta es de 60.000.

Y muchos clientes caen y lo piden, aun cuando en hoteles como Aura, que está al frente de Cholón, e incluso en otros sitios cercanos a Isla Grande, como el bar de ‘La Piscinita’, casi todos los cócteles cuestan 30.000 pesos.

Regresando de la isla

En Cholón, uno como anfitrión queda agotado. El acoso al cliente es real, y para uno, que lo conocen por traer a los clientes, se hace peor.

Muchos lancheros, vendedores, prestadores de motos de agua y ‘gusanitos’, e incluso los capitanes de los botes en los que voy con los clientes, aún me miran con recelo, y no los culpo. Yo nunca he comisionado con ellos. Lee también: Guardacostas habla sobre hombre y mujer accidentados en jet ski en Cholón.

No sé si soy malo para los negocios “cholonianos”, o esta vez la respuesta sí son los moralismos. Sea lo que sea, tampoco culpo de más a aquellos que sí comisionan con ellos.

Las comisiones pueden ser hasta del 50% de lo que venda el comerciante, y esto solo porque el guía les sirva de facilitador.

Una ‘cultura colectiva’

La cadena es fácil: ellos ofrecen una serie de productos, yo como guía se los ofrezco al cliente, el cliente pregunta si está bien de precio o no y, dependiendo de mi respuesta, ya que soy en quien depositó su confianza, el cliente consume o no. Y dependiendo si el producto es un Pablo Escobar o no, la comisión puede mantenerse en niveles de ‘miti-miti’.

A Sixto solo le pedí que pusiera precios justos a cambio de no cobrarle la comisión. Y accedió. Me sacó otra carta con precios de hasta 50.000 pesos menos por plato. En algunos casos, casi la mitad del precio que pedían en la primera carta.

Menú de almuerzos de un local en Cholón, con un rango de precios reducido. // Cortesía
Menú de almuerzos de un local en Cholón, con un rango de precios reducido. // Cortesía

Pero tampoco pasa siempre así, muchas veces los vendedores se ofenden si pides rebajas, y te dejan de atender. Lo sienten como un desprecio a su trabajo, porque ya normalizaron que eso es lo que ‘cuesta’.

Más allá del ‘turismo salvaje’

Al final, volvimos a la Marina de Manga sobre las 4:40 de la tarde. Dieron propina incluso. Unos 100.000 pesos colombianos que me repartí con el capitán y su asistente. Los clientes estuvieron más que satisfechos. No se engañen, en Cholón tienen gran carisma para atender. Lee también: Semana Santa en Cartagena: estas son las reglas para disfrutar del mar.

Aunque, cabe confesar que era el billete que les sobró luego de montar en jetskíes y pagar la comida de Sixto. Fue una buena propina, claro está. Pero a veces, incluso con el billete de mayor denominación del país, puede sentirse como las sobras.

Y sí, capaz ni les hubiese alcanzado y hubiesen tenido que pagar con tarjeta al 20% donde Sixto. Y sí, a lo mejor sin que yo interviniera tanto, o interviniendo diferente, Sixto me hubiese dado hasta un 50% de los muchos dólares que le entregaron. Y sí, y sí.

Pero, insisto, no me culpen ni culpen a los clientes. Les aseguro que la buena imagen que se llevan de Cartagena ya dignifica lo suficiente, la propia debe ser el extra solamente.

Cholón es más que solo un ‘turismo salvaje’. La Isla también representa el esfuerzo silencioso detrás aquellos que se niega a cobros de más y siguen trabajando por ese puñado de dólares honestos.

Cholón representa a todo aquel que se sigue levantando para trabajar, en pleno retorno de la temporada baja y bajo el sol inclemente, un lunes cualquiera de un mes de agosto más.

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