Nico, como se le conocía cariñosamente, era uno de los tres grandes gaiteros sobrevivientes del auténtico grupo que recorrió cinco continentes y deslumbró al mundo con su música ancestral en 1954.
San Jacinto despidió ayer al gaitero Nicolás Hernández Pacheco (Nico), sobrino del legendario Toño Fernández. Tenía 79 años y era el último de los directores del célebre grupo Los Gaiteros de San Jacinto, cuando en 2007 ganó el Grammy Latino con el álbum Un fuego de sangre pura.
Falleció en la madrugada del sábado 4 de mayo, en el Hospital Universitario de Cartagena, debido a una falla cardíaca. Era un gran intérprete de todo el repertorio fundacional de Los Gaiteros de San Jacinto, y se le atribuye la autoría de la canción de gaitas La bogotana y la magistral interpretación de La mica prieta, de Toño Fernández. El gaitero se quedó esperando el homenaje nacional de una casa prometida.
Le sobreviven Juan Chuchita Fermández y Toño García, quienes le acompañaron en el cortejo fúnebre, con gaitas y tambores, rumbo al cementerio del barrio La Gloria, en donde están sepultados Toño Fernández, Juan y José Lara, entre otros.
No es fácil despedir a alguien como el gaitero Nicolás Hernández que tantos días y noches de felicidad deparó a su pueblo con su gaita macho, a lo largo de su vida. Allí en sus funerales estaban el decimero y compositor Rafael Pérez García, el compositor Adolfo Pacheco, sus amigos y familiares y grupos musicales de los Montes de María. Juan Chuchita Fernández estalló en décimas y lágrimas despidiendo a su amigo.
Una música ancestral
Tanta riqueza y prestigio ha dado a Colombia, el grupo Los Gaiteros de San Jacinto, pero paradójicamente sus artífices siguen muriendo en el desamparo y la orfandad social. La música de los gaiteros es la síntesis ancestral del mestizaje cultural: las gaitas indígenas y los tambores africanos. Creada en los años cuarenta, Los Gaiteros de San Jacinto, liderada por Toño Fernández, los hermanos Lara, Juan y José, Pedro Nolasco Mejía, Manuel de Jesús "Mañe" Serpa, recorrieron los cinco continentes desde los años cincuenta, de la mano de la folclorista y coreógrafa Delia Zapata Olivella y su hermano el escritor Manuel Zapata Olivella. Los dos recorrieron el país atesorando los sonidos ancestrales. Y acompañaron a los gaiteros de San Jacinto en su gira por China, Japón Unión Soviética, Alemania, Francia, Italia, España, Polonia, entre otros países.
Lo más destacado
Para el gaitero Nicolás Hernández lo mejor que le había ocurrido a Los Gaiteros de San Jacinto, luego de recorrer el mundo en los años cincuenta, fue ganar el Grammy en 2007.
Gracias a ese reconocimiento internacional, el aporte de la música de los gaiteros impactó en el panorama musical del país y del mundo.
Aquella música salida de su patio sanjacintero empezó a resonar con aceptación y admiración en las aldeas del mundo, como una revelación del ingenio ancestral y popular.
Epílogo
La música suena triste. La gaita suena como un pájaro desolado en el corazón enlutado de San Jacinto.



