Hay personas que encuentran su camino profesional casi que por accidente, pero que terminan convirtiéndolo en una misión de vida. Algo así le ocurrió a Ana María Delgado Botero, la mujer que hoy dirige la Fundación BAT Colombia y lleva más de dos décadas dedicando su vida a impulsar el arte popular y a demostrar que la cultura también puede ser una forma de transformar el mundo.
Nació en Bogotá y estudió comunicación social con énfasis en publicidad y mercadeo. Su carrera comenzó en agencias de publicidad, un mundo dinámico, acelerado y creativo. Sin embargo, algo no terminaba de encajar. “No me sentía llena. Sentía que no estaba aportándole a la comunidad”, recuerda hoy al mirar hacia atrás.
Ese vacío tenía que ver con una pasión que siempre había estado latente en su vida: el arte. En su familia, la creatividad corre por la sangre; su hermano es artista, su hermana fotógrafa y su madre decoradora. Desde pequeña asistía a cursos de pintura y siempre estuvo inspirada en ese universo artístico.
Con humor suele decir que es “una artista frustrada”. De niña pintaba con entusiasmo, pero con el tiempo sintió que su imaginación ya no alcanzaba para seguir ese camino. La vida, sin embargo, le tenía reservado otro lugar dentro del mundo cultural y ese giro llegó cuando recibió una llamada inesperada de la Fundación BAT Colombia. Lea: Salón BAT de Arte Popular llega a Cartagena a promover el talento colombiano
Empezó desde abajo “chiquita”-como ella dice-, desde coordinar eventos hasta recopilar recortes de prensa sobre la fundación, lo que parecía un trabajo “chiquito” terminó siendo una gran puerta a un universo completamente nuevo.
“Ahí empecé a aprender de personas increíbles, conocí a gestores culturales, artistas, compositores, gente de las fiestas populares de Colombia”, cuenta. Sin darse cuenta, estaba construyendo el camino que marcaría su liderazgo.
Labor social a través del arte
Uno de los primeros proyectos en los que participó fue reconstruir la memoria de las fiestas populares de Colombia. En ese momento, muchas de estas celebraciones eran vistas con cierta distancia desde las grandes ciudades. La fundación decidió entonces acercarlas al público y visibilizar su importancia cultural.
La idea era llevar esas manifestaciones a Bogotá para que más personas se interesaran en conocerlas y, eventualmente, viajar a las regiones donde nacían.
Ese trabajo fue apenas el inicio de un recorrido que hoy suma 25 años dentro de la fundación, una trayectoria marcada por el contacto constante con artistas, comunidades y territorios vulnerables de todo el país.
Para Delgado, uno de los mayores privilegios de su trabajo ha sido precisamente ese: conocer a Colombia desde adentro a través del arte.
“Todos los días conozco artistas diferentes, historias de vida distintas. Hablar con la gente en los territorios es increíble porque uno termina conociendo a Colombia en toda su dimensión”.
Esa cercanía con las comunidades también ha significado enfrentarse a realidades difíciles: pobreza, violencia, exclusión. Pero también le ha permitido descubrir la resiliencia y la fuerza que muchas personas encuentran en el arte. “Siempre digo que nosotros no venimos a enseñar nada, al contrario, venimos a aprender”, explica.

Escuchar esas historias, mirar a las personas a los ojos y entender sus procesos de vida ha sido, dice, una de las enseñanzas más profundas de su carrera. “Muchas veces uno se da cuenta de que se queja de cosas pequeñas, mientras hay personas que enfrentan dificultades enormes y aún así siguen adelante”.
Liderar desde la empatía
Después de tantos años al frente de proyectos culturales, Delgado tiene clara su visión del liderazgo. Para ella, dirigir una organización no tiene que ver con imponer autoridad, sino con construir en colectivo. “Ser líder es trabajar en equipo, tener en cuenta los puntos de vista de los demás y reconocer que uno no lo sabe todo, es más, uno no sabe nada, si no fuera por lo que aporta su gente, un líder no sería nada”, afirma.
Su estilo de liderazgo se basa en tres pilares que considera fundamentales: empatía, capacidad de escucha y trabajo en equipo.
La empatía, dice, es clave para entender a las comunidades con las que trabaja la fundación. Escuchar permite comprender sus necesidades y construir proyectos que realmente tengan sentido para ellas.
Pero además, insiste en algo que considera esencial: empoderar a quienes hacen parte de los procesos culturales. “El liderazgo no es mandar. El liderazgo es trabajar en equipo y hacer que las personas se sientan dueñas de sus proyectos”.
Por eso, uno de sus principales objetivos como gerente ha sido crear espacios donde las personas puedan desarrollar sus ideas y crecer profesionalmente. “Como líder, el primer plan es el desarrollo de las personas que trabajan conmigo, para que tengan ideas maravillosas y puedan hacer realidad sus sueños a través de su trabajo”.
El arte como oportunidad
Entre los proyectos más importantes impulsados desde la fundación destaca el Salón BAT de Arte Popular, una iniciativa que se ha convertido en una de las plataformas más importantes para artistas empíricos en Colombia.
El proyecto busca reconocer a creadores que, aunque no siempre tienen formación académica en artes, poseen un talento profundamente ligado a sus territorios y a sus historias.
Otro de los proyectos que la llena de orgullo son los Premios Gloria Triana, creados para reconocer a personas y organizaciones que trabajan por las comunidades a través del arte y la cultura.
Para Delgado, iniciativas como estas demuestran que el arte puede ser mucho más que una expresión estética y que puede convertirse en una herramienta de inclusión, desarrollo y transformación social.
Después de 25 años de trabajo en la Fundación BAT, Delgado sigue hablando de su labor con el mismo entusiasmo de quien apenas comienza.

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, su respuesta no menciona cargos ni logros institucionales, prefiere pensar en algo más sencillo: “Quiero que me recuerden como una persona que todos los días se emocionaba con su trabajo, que valoró el talento de los artistas y que dejó trabajar a la gente con el corazón”. Lea: Premios Gloria Triana, una exaltación al arte y la cultura de Bolívar
Esa frase resume la esencia de su historia: una vida construida desde la empatía y el liderazgo, dedicada a abrir caminos para que el arte llegue a más personas y para recordar que, incluso en medio de las dificultades, la cultura puede convertirse en una forma de esperanza. Durante más de dos décadas, conocer estas historias le ha permitido entender al país desde otra perspectiva. Ese recorrido, tejido entre comunidades y proyectos culturales, es el que hoy sostiene su papel como una de las líderes que sigue impulsando el arte popular en Colombia.

