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Cultural

Cheo Cruz: el artista cartagenero que conquistó París con su obra

Cheo Cruz, residente en París, ha creado una obra singular en donde deforma la realidad del paisaje natural y humano.

Cheo Cruz: el artista cartagenero que conquistó París con su obra

El artista cartagenero Cheo Cruz trabaja en un mural de gran formato que transforma su casa en un paisaje simbólico de aves y horizontes.

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Cheo Cruz (Cartagena, 1962) está pintando ahora un inmenso mural en el patio de su casa en el Pie de la Popa. Es una bandada de pájaros cuyos aleteos trazan una geografía y un horizonte.

Cheo es un artista integral, pintor, escultor, gestor cultural y uno de los pioneros del performance en Cartagena. Se destaca en Cartagena y en París, por sus innovadores diseños, creaciones artísticas, sus pinturas en las que deforma el paisaje y la figura humana creando una nueva forma de percibir la realidad.

Obra de Cheo Cruz. // Cortesía
Obra de Cheo Cruz. // Cortesía

Sus performances indagan sobre el ser humano y su relación con la naturaleza, las herencias artísticas de la cultura ancestral africana, europea y americana. Cheo junto a su familia logró convertir la casa de sus padres en un espacio artístico, interpelando cada rincón con su imaginación e ingenio creativo.

Conversación con Cheo Cruz

-¿Cuál fue tu primera relación con el arte en tu infancia?

Curiosamente, fue el tomo “El niño y El Arte”, de la colección de una enciclopedia para niños que se llama “El mundo de los niños”, de Salvat Editores. Una versión bastante ilustrativa de la historia del Arte, contada e ilustrada, con textos bastante accesibles para la mente a un virgen de la noción de arte de un niño de cuatro años.

-¿Cómo influyó el carácter de Cira, tu madre, y Carlos, tu padre, en tu vocación y formación?

Mis padres tuvieron una posición bastante relevante, especialmente mi madre, ya que ella venía de una familia bastante histriónica y de una libertad de espíritu muy emancipadora. Ella y su familia eran oriundos de Maracay, Venezuela, ciudad que fue residencia de un dictador eurocentrista, Juan Vicente Gómez, que hizo de la ciudad un modelo cultural republicano y vanguardista, se recreaban piezas de teatro, coreografías de danza. Maracay tiene uno de los teatros mas grandes de Venezuela. En ese periodo, mi madre, una mujer inquieta y emancipada, asistía a las representaciones en boga, ya que ese era la vitrina cultural para conseguir marido en ese ambiente provincial, esto desarrolló en ella una actitud liberal y abierta de espíritu.

Obra de Cheo Cruz. // Cortesía
Obra de Cheo Cruz. // Cortesía

Mi madre siempre me impulsó a realizar eventos que de niño ya eran mi pasión. Ella era una mujer súper expresiva y una contadora de historias fascinante, eso me influenció muchísimo en mi formación como artista, a diferencia de mi padre que venía de una familia rígida y cartesiana con la potestad de un abuelo dictador y exigente en obtener un rango profesional de alta especialización, para ascender en la pirámide social económica que a la época era más clasista-racista.

Mi padre a pesar de ese contexto rígido y atavista, era un hombre extravagante y dicharachero, con una actitud trasgresivamente anticlerical y de un humor sarcásticamente mamagallista, como todo buen Caribe. Debido a su educación clásica él tenía unos principios integrales en lo que fue la educación de sus hijos. A la edad de ocho años nos inscribió en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena, a mí, y a mis dos hermanos.

-¿En qué momento pasas de contemplador y testigo artístico a ser un creador?

Durante mi periodo de formación y viaje en Europa, pasé por los más grandes museos de las grandes capitales y me nutrí visualmente de toda la pintura histórica, hasta que llegué a Islandia y conocí un restaurador de arte Islandés Riki Hordal, que me guió y me puso en tela de juicio ante la densidad formal y conceptual de lo que debía expresar como artista universal. Allí sentí que la creación era una síntesis de lo que yo era como entidad mestiza. Y ahí empieza la búsqueda de esa génesis de lo que hoy es mi obra.

¿Cómo descubres el cuerpo como soporte de tu arte y qué maestros del performance fueron decisivos?

Fui muy precoz, en la casa de Marbella podía tener cinco años. Me encontraba solo en la casa en la noche y empezó en un trance de movimiento corporal e introspección. El desdoblamiento físico de mi cuerpo, una experiencia que me dio una conciencia del poder kinestésico de mi cuerpo. Después de esto sentía que mi experiencia física y perceptiva se movía en una dimensión fuera de la normalidad. De los guías en la disciplina del performance, fue algo intuitivo, ya que no existía un apartado disciplinario en el contexto artístico cartagenero. Fue más tarde con Rodolfo Valencia en su trabajo histriónico cuando se fue revelando la sustancialidad de esta expresión a través de nuestra experiencia con el teatro La Polilla con Alberto Llerena, donde empezó a manejar las capacidades del trance mediúmnico del performance. Rodolfo es uno de los pioneros del performance en Cartagena. Cuando vi el primer performance que realizó en coproducción con Álvaro Ayazo, un artista cartagenero que vivía en San Francisco. Su performance se llamaba Vulgaritas Imperiales.

- ¿Qué profesores de arte en Cartagena te impulsaron en tu paso por la Escuela de Bellas Artes?

Cuando estudié en la Escuela de Bellas Artes la Escuela se hallaba en ruinas y con una cátedra de Artes y oficios académicamente desfasada. Uno de los maestros que fue determinante en el aprendizaje técnico fueron los maestros Dalmiro Lora y Jean Pierre Accault. La Escuela, en ese entonces, fue un paso someramente banal, lo que me impulsó a cuestionar el método didáctico completamente estático y desfasado.

- ¿Por qué elegiste París como destino y residencia? ¿Qué te ha aportado como artista?

París siempre tuvo y tendrá el mito romántico del foco de la creación. Me tomó mucho tiempo llegar a establecerme en París ya que al llegar a Barcelona me sentía inmaduro y sin las herramientas suficientes para postularme a la experiencia de esa ciudad. Pasé por todas las capitales europeas. Mi periplo se inició en Barcelona, Londres Amsterdam y Roma. No fue sino hasta cuando sentí que tenía un bagaje de experiencia artística cuando todo se dio en La Haya (Amsterdam) donde se presentó mi nuevo avatar que me condujo a mi destino final París, capital del Arte.

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