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Cultural

Chambacú: las historias que guarda este rincón de Cartagena

Memorias del barrio Chambacú desde la mirada de Manuel Zapata Olivella y Juan Gutiérrez Magallanes: crónica de sueños postergados.

Chambacú: las historias  que guarda este rincón de Cartagena

El antiguo puente de Chambacú, una imagen que permanece viva en la memoria de Cartagena. //Foto generada con IA.

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Manuel Zapata Olivella (1920-2004), quien escribió la primera novela urbana de Cartagena en 1962, recuperó la historia del nacimiento de la barriada de Chambacú, desde antes de la década del cincuenta hasta los años setenta del siglo XX, en su breve novela Chambacú, corral de negros, obra que recibió Mención Especial del Premio Casa de las Américas en 1963.

El antiguo puente de Chambacú, una imagen que permanece viva en la memoria de Cartagena. //Foto generada con IA.
El antiguo puente de Chambacú, una imagen que permanece viva en la memoria de Cartagena. //Foto generada con IA.

Ángela Vásquez de Zapata, abuela de Zapata Olivella, vivía muy cerca, doblando a la derecha, en el Callejón del Esfuerzo, en Chambacú. Tíos y tías del escritor también vivían en esa barriada, luego de salir del puerto de Lorica a principios de la década del treinta y establecerse, junto a sus padres, en Cartagena, entre Getsemaní y Chambacú.

Los personajes de la novela son recreaciones de los seres humanos de la barriada y del resto de Cartagena: La Cotena, Máximo, Críspulo, Clotilde, Medialuna, entre otros.

La isla de Elba, o Chambacú, precisan los cronistas de la época, fue propiedad de Soledad Román de Núñez, quien cedió esos terrenos a un cochero por sus muchos años de trabajo.

El nombre de Chambacú figuraba en las encomiendas de 1610 de la Villa de María, actual Marialabaja, según el rastreo del cronista e investigador Juan Gutiérrez Magallanes, autor del libro de memorias recuperadas y vividas Chambacú: ¡A la tiña, puño y patá!, cuya primera edición fue publicada en junio de 2001, y la segunda, en octubre de 2009. La portada de ese libro muestra una imagen del barrio con su puente de madera en 1955.

Imagen de archivo de Chambacú
Imagen de archivo de Chambacú
Imagen de archivo de Chambacú
Imagen de archivo de Chambacú

Cuando el libro apareció, celebré la recuperación de personajes chambaculeros como Juana, la Turbanera; el latonero Nemesito; Martín Magallanes; Lola Pea; Burro Ciego; el General; Juanchorizo; Loncha; la viuda Brieva; el campeón Caraballo; la Seño Diosa; Arcelio; la Seño Carmen Pérez; los Montero; Emeterio Torres; Boyero; la Niña Prada y Kid Hielo. También celebré la evocación de lugares entrañables como El Puente, la Loma del Vidrio, los tendales, las peluquerías, las accesorias, las escuelitas del barrio, la calle del Mondongo, el barrio de los Paticos y El Rincón Guapo, entre otros.

En este relato de memorias, Gutiérrez Magallanes señala que la isla de Elba, donde se erigía Chambacú, era vecina del lago del Cabrero, el Puente del Tren, Papayal, el caño de Juan Angola y Espinal. Sus habitantes habían llegado en 1939 desde los barrios extramuros Boquetillo, Pueblonuevo y Pekín. Otros vinieron de Palenque, Pasacaballos, Cañosalao, Rocha, Correa, entre otros lugares.

Uno de los invasores del barrio Chambacú fue Máximo Gómez, quien además vendía terrenos por sumas irrisorias y citaba de memoria discursos del líder Jorge Eliécer Gaitán y versos de Jorge Artel. Fue él quien promovió el uso del alízer entre los chambaculeros para alisarles los cabellos cuscús.

A Zapata Olivella le indignaba que las mujeres y los hombres nativos de origen afro se alisaran el cabello. Les pegaba semejante regaño cuando detectaba ese menjurje en la cabellera. Eso cuenta Gutiérrez Magallanes, entre las incontables sorpresas de su vida en Chambacú.

Chambacú. // Imagen recreada con IA
Chambacú. // Imagen recreada con IA

Un barrio sobre la ciénaga

Entrar allí era conocer un mundo aparte, la invasión más pobre y más humana de Cartagena de Indias, como diría el autor de Cien años de soledad, la que él recordaba como Barrio Esponja, un barrio rellenado con cascarillas de arroz y aserrín y escombros, cuyas pisadas nos hacían presentir la ciénaga debajo de nuestros zapatos. Un barrio de boxeadores, beisbolistas, cantantes, zapateros, pescadores, artesanos, músicos, cantadores de pretiles, bolleras y fritangueras.

De Chambacú saldrían boxeadores como Antonio Cervantes “Kid” Pambelé, natural de Palenque, y la historia del barrio con su frágil puente de madera, sería el embrión de canciones como Chambacú, de Antonio María Peñalosa (1916-2005), y Tambores de Chambacú, de Lucho Bermúdez, en 1966.

Allí nacería “El Rincón Guapo”, reunión de esquina entre sus habitantes que suscitaba controversias y vivencias colectivas, en donde la memoria y la cotidianidad se entrelazaban. Nombre que haría suyo Gabo para activar su memoria y la de su estirpe. Por el barrio rondó muchos años la sombra inolvidable del sargento Aguirre, abuelo del poeta Rómulo Bustos, quien iba personalmente con un bolillo en mano a apresar a los bandidos. Llegaba a cualquier hora del día, la noche y la madrugada, con su uniforme verde oliva y sus botas, y detenía cualquier pelea o conflicto en la comunidad. Y su sola presencia paralizaba a Chambacú.

En Chambacú se filmarían escenas de ‘Quemada’, de Gillo Pontecorvo. El fotógrafo Leo Matiz haría algunas de sus fotos en esta barriada a su paso por Cartagena.

El territorio chambaculero aparecería en crónicas, novelas, canciones, pinturas y documentos de historiadores.

Chambacú vive en la memoria de Cartagena, en el sueño postergado del artista Enrique Grau, quien deseó tener allí su museo, con más de mil obras donadas por él a la ciudad.

Manuel Zapata Olivella también soñó con erigir en Chambacú el Monumento a los Ancestros, para exaltar el aporte africano en América. Una mañana llegó al periódico y nos mostró un diseño del monumento, que abarcaba desde mucho antes de la partida de los africanos esclavizados hasta un tiempo posterior al asesinato de Benkos Biohó. Murió sin ver realizado su sueño.

Por la memoria de Juan Gutiérrez Magallanes pasan garzas, tangas, chorlitos, mariamulatas, guabinos, medusas, pipones, cangrejos y jaibas. También tiembla en su recuerdo la madera fina de aquel puente de sus historias.

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