Cultural

¿Por qué Bogotá se está convirtiendo en la nueva capital de la moda en Latinoamérica?

Bogotá impulsa una nueva mirada sobre la moda: espacios donde las prendas crean comunidad, identidad y transformación cultural.

¿Por qué Bogotá se está convirtiendo en la nueva capital de la moda en Latinoamérica?

En Bogotá, la moda va más allá de las prendas: crea espacios de encuentro, identidad y transformación cultural. //Foto: collage/archivo (Cortesía)

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¿Por qué se está considerando a Bogotá como uno de los centros de moda más interesantes de Latinoamérica? La respuesta probablemente sea porque, además del consolidado Bogotá Fashion Week, existen otros espacios como el Antifashion en Kinder o el show de Trepesitos en Espacio Odeón. Ambos soportados en gran medida por talentosos diseñadores emergentes. Asistir a estos eventos devuelven cierta fe en la moda porque construyen un universo. No se trata simplemente de admirar ropa, sino de entrar en un mundo donde el goce, la música, la fiesta y la estética funcionan como un lenguaje común.

El pasado 14 de mayo, por ejemplo, surgió el Antifashion, la primera edición de ARTEFACTO001. La propuesta reunía una exhibición de moda, una exposición fotográfica, un pop-up store, performance y, por supuesto, música y fiesta. Recorrer los pasillos de Kinder, era como adentrarse en un universo paralelo compuesto por múltiples escenarios donde cada persona encontraba el lugar en el que quería permanecer. Como anuncia su marquesina teatral: “Bienvenidos al teatro de todo lo posible”.

Cuando comenzó el fashion show, el público rodeó un espacio vacío ocupado únicamente por varios cubos blancos. Poco a poco comenzaron a aparecer las modelos, portando diseños de más de veinte creativos. Una vez que cada cubo estuvo ocupado por su respectiva figura, los invitados caminaban entre ellas. Se podía observar, examinar materiales, detalles de confección, gestos corporales y actitudes. Incluso era posible establecer contacto visual con quienes portaban las piezas.

Fue un momento para detenerse y admirar

Uno de los momentos más interesantes de la noche fue un editorial shooting abierto al público. Los asistentes observaban cómo el fotógrafo dirigía a las modelos, cómo las modelos interpretaban los diseños y cómo la imagen final comenzaba a construirse frente a nuestros ojos. La moda dejaba de ser únicamente un resultado para convertirse en un proceso visible.

En una época donde consumimos imágenes de desfiles en cuestión de segundos mientras desplazamos el dedo por una pantalla. Como decía el vestido presentado en ARTEFACTO001 de la marca Bettina’s Closet junto a Diario de un Cuerpo Vestido “la epidemia actual de la inmediatez” pero en Kinder, esa epidemia parecía no existir. Las personas regresaban varias veces a observar la misma pieza. Volvían porque algo seguía capturando su atención.

La moda reclamaba el tiempo que merece

Si la construcción de una colección requiere tiempo de investigación, desarrollo creativo, trabajo manual y producción, ¿por qué no habría de exigir también tiempo de observación por parte de quienes la contemplan?

Algo similar ocurrió durante el show de Trepesitos en Espacio Odeón. Allí participaron más de diez marcas y fue evidente cómo cada una construía un universo propio. Cada salida parecía presentar un personaje diferente y cada colección se convertía en una pequeña narración visual. Más que observar ropa, el espectador era invitado a entrar temporalmente en el mundo creativo de cada diseñador.

Resulta llamativo que muchos de estos encuentros ocurran durante la noche. Mientras estaba en estos espacios, pensaba inevitablemente en las culturas underground y en la tradición de los drag balls y ballroom que comenzaron a consolidarse en Nueva York.

Aunque los contextos históricos son distintos, existe un punto de encuentro entre aquellas escenas y algunas de las propuestas que hoy aparecen en Bogotá. Ambas entienden la noche, la fiesta y la estética como lenguajes mediante los cuales los individuos negocian constantemente su relación con los demás y consigo mismos.

También hay quienes asisten movidos simplemente por la curiosidad y el deseo de experimentar mundos distintos a los que habitan cotidianamente. Permiten la construcción de nuevas formas de subjetividad a través de la música, la vestimenta, la performance y la comunidad.

Pero precisamente aquí, estos espacios permiten una lectura adicional. Más allá de la experiencia estética, también abren preguntas sobre la forma en que construimos nuestra identidad. Basándonos en el texto The Cambridge Companion to Lacan (2003), lugares como Antifashion o propuestas como Trepesitos no son simplemente espacios donde las personas expresan quiénes son. Jacques Lacan (1901-1981) propondría una interpretación más compleja: la identidad nunca está terminada. Lo que observamos en estos espacios son individuos construyéndose continuamente a través de símbolos, imágenes, cuerpos y estéticas. Aunque estos espacios en Bogotá parezcan desafiar las normas tradicionales de la moda, en realidad producen otros códigos. Aquí cobra sentido un planteamiento lacaniano: la ley y el deseo nacen juntos. El deseo no aparece porque desaparezcan las reglas, sino porque surgen otras nuevas.

Lo que atrae a las personas es la posibilidad de acercarse a algo que promete una forma de completud: un sentimiento de pertenencia, una estética deseada, una comunidad o una versión distinta de sí mismas. Y, sin embargo, esa totalidad nunca se alcanza por completo. Por eso la gente vuelve, por eso aparecen nuevas fiestas, nuevos eventos, nuevos looks y nuevas micro escenas.

Porque el deseo siempre se desplaza

Para Lacan, la identidad es una construcción que intenta dar coherencia a algo que en realidad es mucho más fragmentario y contradictorio. Cuando alguien afirma “yo soy esto” o “yo soy aquello”, está organizando una narrativa sobre sí mismo, una defensa del yo que le permite sentirse estable.

Tal vez ahí radique una de las razones por las cuales Bogotá comienza a consolidarse como un centro cultural de moda en Latinoamérica. No únicamente porque produce diseñadores, marcas o prendas, sino porque está generando e integrando espacios donde la moda puede experimentarse como un acontecimiento estético, social y performativo.

Espacios que permiten contemplación, crean comunidad y participan activamente en la construcción de nuevas formas de identidad. En una época dominada por la inmediatez, lugares como Antifashion o Trepesitos recuerdan que la moda también puede ser un espacio para detenerse, observar y descubrir quiénes somos a través de los otros.

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